- Tengo hambre. - Dijo Alexandra, una chica Tauro.
- ¿Tú? - Se burló Fransisco, el Sagitariano-Ay pero qué raro.
Estuvieron bromeando un rato y Jenny, una muchacha Aquariana, sonrió llena de alegría y apretó ambos puños en un gesto triunfante, feliz, pues su mejor amiga estaba finalmente hablando con el chico que le gustaba.
El Centauro y la...¿La Toro? Estaban avando por el enorme jardín que dividía las academias de Piscis y Aquario, a sabiendas de que si les pillaban pasando por ahí a la hora en la que debían estar cenando, se llevarían un buen planchazo los dos; a lo que Jenny se encargaba personalmente de distraer a los líderes con temas de conversación interesantes, variados y controversiales.
El cielo, que hacia rato ya estaba naranja empezó a tornarse azul oscuro, Alexandra juntó ambas manos y se las llevó a los labios, intentando entrar en calor con su propio aliento. Francisco la abrazó y siguieron andando.
- ¿Sabes? - Dijo él, en un intento de hacerla enfadar - Hoy para cenar había pollo.
- ¿¿De verdad?? - Protestó ella. - ¡El pollo es mi comida favorita!
Francisco se echó a reir por su reacción.
- Vamos, vamos, ¿Qué es más importante? ¿El pollo o yo?
Silencio por parte de Alexandra.
- El pollo, obviamente.
Francisco se hizo el ofendido, la chica Tauro le picó la nariz con un dedo y se fue corriendo. Francisco sabía que en tierra ella llevaba ventaja, pero él podía usar su fuego como motor, ¿No?
De sus manos salieron dos enormes flamas rojas que lo mandaron como un cohete hacia Alexandra, y lo peor fue que chocó contra ella, quien por lo menos había podido protegerse invocando la energía de su casa, pero claro, de todos modos había terminado en el suelo, con Francisco casi encima.
- ¿Te lastimé? - Preguntó el Centauro de diecisiete años. Alexandra lo miró y sonrió en lo que negaba con la cabeza.
Él sonrió también y acercó sus labios a los suyos, pero ella se apartó,de pronto enfocando la vista en algo que parecía preocuparle.
Alexandra se quitó de encima a Francisco y tras ponerse de pie, se puso tensa.
- ¿Sientes eso? - Susurró a su acompañante.
- Tú eres la tierra, yo fuego. - Contestó él, un poco fastidiado pues su intento de beso había sido un rotundo fracaso. - Creo que la respuesta es obvia...
Ella frunció el ceño y palpó la tierra con ambas manos, su gesto se volvió uno de terror genuino y gritó "¡CUIDADO!" A la vez que empujaba a Francisco fuera del camino.
El Sagitariano se las arregló para aterrizar de pie y junto a Alexandra, contemplò como de la tierra emergía un ser de forma antropomorfa en cuyo cuerpo reinaba el fuego, pero a la vez, hacía bailar árboles con el soplo de su agitada respiración, mientras que dejaba huellas de agua al andar.
Sin embargo, pronto se volvió un hombre fórnido, de barba casi rala en el rostro, que vestía solamente una toga.
La chica Tauro y el muchacho Sagitariano terminaron de rodillas en el suelo. Esa energía era demasiado perturbadora.
- ¿Quién eres? - Exigió saber Francisco. - ¡SERÁ MEJOR QUE TE LARGUES O LOS CÚSPIDES TE HARÁN PEDAZOS!
- Oh, a callar, mocoso. - Le dijo el extraño hombre. - Y con respecto a tu pregunta, yo soy...el que moja el fuego, quema el agua, sacude el aire y sopla la tierra.
- ¡Ja! Ni idea de quien eres. - Lo desafió Alexandra.
El sujeto la ignoró, de su mano salió un destello de agua que sopló y lo impulsó hacia arriba, desapareciendo en el cielo.
La energía se dispersó.
- ¿¡Qué mierda a sido eso!? - Gritó Francisco, estaba aterrado y la energía esa, aunque ya dispersa, lo hacía temblar de pánico.
- No tengo ni la menor idea, - Dijo ella con voz temblorosa, también aterrorizada. - Lo mejor será que se lo comentemos a las cúspides.
- ¡No creo! A lo mejor solo nos quiere meter miedo...
- Francisco, - Dijo ella con firmeza. - Ese tipo tenía los cuatro elementos. Ni siquiera las cúspides son capaces de tal cosa.
- Carajo, - Murmuró él. - Vale, tú ganas. Vamos a avisarl...-
- ¡Hey, ustedes dos!- Los dos voltearon al mismo tiempo para ver a Rodrigo, el líder de los Capricornianos, trotando hacia ellos.- ¡Los hemos buscado por todos lados! ¡Si les hará gracia! ¡Saben que no deben de salir de las torres después de las seis! ¡Está prohibido, PROHI-BI-DO!
Una luz de alerta se encendió en la mente de Francisco.
- Ah, ¿Sí? ¿Y por qué?
- No es asunto suyo. - Dijo Rodrigo. - Ahora, andando. Sus instructores han de estar en verdad preocupados por ustedes.
- No. - Dijo Alexandra, sentándose en el suelo. - No nos vamos a mover hasta que nos diga por qué está prohibido salir luego de las seis.
Rodrigo se frotó el rostro.
- Venga ya, chicos. No me obliguen a llevarlos a rastras a sus academias.
Francisco de encogió de hombros y se sentó junto a Alexandra.
- Actuan como bebés. -Regañó el jefe Capricorniano, en un tono que sonaba más como advertencia que como gruñido. Al ver que los muchachos no entendían, golpeó el cielo y la tierra se alzó, aprisionando a ambos muchachos. Alexandra intentó usar ese mismo elemento para safarse, pero no pudo. - Es inútil, solo un Capricorniano experimentado podría deshacer esta técnica.
Echó a andar, con los dos cofres de tierra que tenían adentro a Francisco y Alexandra trás él.
Preocupante de verdad. Pensó Rodrigo. Este ambiente está tan pesado que me pone los pelos de punta...No vaya a ser que Ofiuco haya detectado la energía de estos chicos...o todos estaremos en peligro.
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Academia Escorpiana
Science FictionDentro del enorme instituto de los doce signos zodiacales, Sam es un muchacho de 15 años bastante débil y quien por la fuerza deberá adaptarse a su nueva academia, la de los Escorpianos tras haber dejado ls de los Libra, y en donde donde mostrar sen...
