El día que los volcanes erupcionen,
El día que los terremotos sacudan el mundo,
El día que los tornados lleven todo a su paso,
El día que las mareas ocasionen inundaciones,
Ese será el día en el que las nuevas catorce cúspides han de nacer.
El día en que las cadenas se hayan roto,
Será marcada la nueva era de paz,
En cambio de romperse los lazos,
La era de la tiranía comenzará.
De los catorce ni uno solo puro será,
Solo su poder y su manera de ejercer el bien demostrará si son o no dignos portadores del título de cúspide.
Los enfrentamientos han de acabar,
La paz se ha de encontrar,
O si no el enemigo
Sabrá por donde atacar.
¡Fuego y agua! ¡No se extingan! ¡No evaporen!
¡Agua y tierra! ¡No hagan barro! ¡No hagan mugre!
¡Tierra y fuego! ¡No a las sequías! ¡No al daño!
¡Fuego y aire! ¡No al desastre! ¡No destruyan por favor!
¡Aire y tierra! ¡No a los tornados!
¡Aire y agua! ¡No se lastimen!
¡Solo forjando el cinturón de los cuatro elementos traerán paz a las doce casas!
- ¿Cómo? - Preguntó Bruno, el Leonino. - ¿No hay más?
- Lamentablemente no. - Dijo George, con aire frustrado. - Es como si alguien hubiese arrancado la otra mitad del pergamino.
Sam aprovechó la conmoción del momento para ponerse de pie y marcharse a su habitación. Ya había sido demasiado por un día y no quería saber más, pero sin embargo, Francisco no le permitió marcharse, puesto que cuando el LibrianoEscorpio abría la puerta, el Sagitariano ya la había vuelto a cerrar.
- ¿A dónde crees que vas? ¡Esto es importante! ¡Tú podrías ser uno de los catorce!
- No me interesa. - Murmuró Sam, haciendo el segundo ademán de retirarse.
- ¡Pero que eres terco, joder! - Le dijo Ramón, el Ariano. - ¡Tienes que quedarte!
- He dicho que no quiero.
- Escúcha, - Le dijo Paolo. - Está bien que todo este asunto te tome por sorpresa, pero es que tienes que entender que...
- ¡Déjenme marchar! - Casi gritó quedamente Sam, moviendo un brazo con el cual produjo tal ráfaga de aire que de no ser por la agilidad de sus compañeros, estos hubieran salido volando. - ¿¡Qué no me entendieron!? ¡No quiero saber nada más de esto!
Y se fue dando un portazo.
- Hasta que su mitad escorpiana empieza a aflorar en él. - Bromeó Paolo de manera sombría.
- Yo diría que ha reaccionado como uno de nosotros. - Dijo Ramón, con sorna.
- Dejen de hablar de él de esa manera. - Protestó Ángela, la Libriana.
- Pero no hemos...
- Sam no es así. - Dijo Thalía. - Yo lo he conocido en la academia Libra. Ustedes son los que lo han forzado a reaccionar de esa manera tan violenta.
- Las mujeres son muy complicadas. - Dijo Sean, el Aquariano.
Eva rodó los ojos.
- Y ustedes son demasiado simples.
.....................
Sam cruzó los pasillos. Estaba furioso, o más que eso, estaba muy confundido, o mejor dicho, muy indignado...
La verdad ni él mismo estaba seguro de qué sentía.
Estaba tan metido en sus pensamientos que no vio el amplio pecho frente a él y chocó, golpeándose la nariz.
Miró hacia arriba y se topó con Sergio, quien le miraba entre burlón y enojado.
Sam se forzó a sostenerle la mirada, aunque la de Sergio era mil veces más fuerte y daba ganas de salir corriendo.
- Sam, - Dijo este de manera queda. - ¿No deberías estar en tu habitación?
- Iba para allá, señor.
Sergio pensó unos instantes.
- ¿Y tus camaradas? - Preguntó. - ¿Les has visto?
Sonaba preocupado, a lo mejor tenía algo qué decirles...
O eso pensaba Sam, hasta que captó la trampa en sus preguntas.
- No sé de ellos. - Contestó.
Sergio suspiró.
- Dime en dónde están, o ellos y tú serán castigados severamente.
Sam no dijo nada.
- ¡Habla! - Le ordenó Sergio.
- Primero muerto. - Gruñó Sam, sin quitarle la mirada de encima, luego añadió, expulsando una muy poderosa energía de su cuerpo. - ¡Déjeme pasar!
Por muy sorprendido y hasta asustado que Sergio estuvo, se hizo a un lado con semblante imperturbable como buen escorpiano que era. Sam agradeció y echó a andar.
- Bien aprendido. - Dijo Sergio antes de que Sam se hubiera marchado más lejos. - Una de las grandes reglas de nuestra academia: No dejar caer a un compañero aunque eso nos cueste la vida.
Sam miró a los lados. Nadie más aparte de él había oído lo que Sergio dijo. El líder pasó a su lado y le dio una palmada en la espalda con la cual casi lo tira al suelo.
- Ve a tu cuarto, muchacho. - Dijo. - Mañana es un día muy largo.
Sam miró al líder. Sí, si se le veía con atención, parecía un auntentico escorpión.
- Gracias, señor.
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Academia Escorpiana
Ficção CientíficaDentro del enorme instituto de los doce signos zodiacales, Sam es un muchacho de 15 años bastante débil y quien por la fuerza deberá adaptarse a su nueva academia, la de los Escorpianos tras haber dejado ls de los Libra, y en donde donde mostrar sen...
