- ¡Qué lata! - Se quejó Ramón, en lo que él y Milagros, una chica Aries también, caminaban por los pasillos que unían las academias astrales para llegar a su clase de teoría astrológica.
- ¿Tú de qué vas? - Preguntó ella. - ¡Si todos los días hay clases de teoría!
- Lo sé, tontaina, pero dime, ¿Acaso eso no es una lata?
- Si te acostumbras, no. ¿Y a quién le has llamado tontaina, zoquete?
Ramón rodó los ojos con fastidio e iba a decir algo más cuando llegó corriendo hacia ellos George, el Capricornio.
- ¡¿Han oído?! - Exclamó. - ¡Vengan, muchachos, están presentando a un integrante nuevo en las torres astrales!
- ¿Y a qué academia postula? - Preguntó Milagros. - Ojalá sea a cualquiera menos a la de los Escorpianos. Ya tenemos bastante con ciento veinte de ellos.
- Ciento veintiuno contando a Sam. - Le corrigió George.
- Nah, ese es un lerdo.
El Capricorniano frunció el ceño, preguntándose por qué en la academia de los Escorpiones y la de los Carneros jamás serían capaces de llevarse bien entre ellos.
- ¿Han visto ya al nuevo? - Preguntó Jaco, un muchacho Tauro que no tardó en unirse a la conversación. - En cualquier caso, deberían verlo ya, están reuniendo a todos para poder presentarlo.
- Jo, pero qué lata. - Protestó Ramón.
Sam estaba pasando en ese momento al lado de ellos, cuando la gran mano de Jaco, quien por cierto, tenía dieciocho años, le dió un manazo en la espalda con el cual casi le hizo caer. Posteriormente el chico toro le sujetó del cuello, lo abrazó por los hombros y lo sacudió amistosamente.
- ¡Hey, Sam! - Le dijo. - ¿Tú has visto ya al chico nuevo?
Sam refunfuñó en lo que se quitaba de encima a Jaco y se puso a recoger sus lapiceros, que se le habían caído por culpa de tan tosco saludo.
- No, ni tengo intención de verlo.
George miró a Ramón, quien se encogió de hombros, como respuesta de que desconocía el porqué del inusual comportamiento de Sam.
- Bueno, pues ahora mismo nosotros vamos a saludarlo, - Le dijo el Capricorniano. - ¿Te vienes con nosotros?
Sam los miró primero a ellos y luego al reloj.
- Bueno, creo que no tengo nada que perder si voy con ustedes.
Los cinco chicos caminaron por los pasillos, y pronto vieron un cúmulo de gente arremolinada en torno a un muchacho que estaba entre los quince y dieciséis años. El muchacho tenía cabello color rubio oscuro que además estaba peinado (si es que se podía decir que estaba peinado) hacia arriba y un gesto de inescrutable aburrimiento en el rostro que pondría a cualquiera a pensar que estaba contando las patatas de algún huerto.
- ¿Y cómo te llamas? - Preguntó Nicole, una muchacha Leonina que estaba entre el tumulto de gente a su alrededor.
El chico suspiró cansado.
- Caleb. - Dijo.
- ¿Y a qué academia vas a ingresar?
Caleb bostezó.
- A la de las ovejas. ¿Cómo se llamaba? Aires o algo así...No sé.
- ¡Eh, tú, pelmazo! - Le dijo Ramón, acercándose y sujetándole por la camiseta.-¡Para tu información, no somos ovejas, somos carneros, y tampoco es "Aires" es Aries!
- Sí, bueno, es parecido.
- ¡Serás bocazas! - Gritó el Ariano, rojo por la indignación, jaloneando más a Caleb y alzando el puño.
- Suéltame, estúpido. - Le amenazó Caleb.
- ¡Repite eso último si eres hombre!
En un movimiento lento, pero fuerte y decidido, Caleb sujetó con fuerta a Ramón, y embistió con fuerza, tomando al Ariano por sorpresa, y tras haberlo atontado, le dio un buen cabezaso en el pecho y luego, tras alzarlo, lo levantó sobre su cabeza para arrojarlo contra los casilleros.
Ramón, más que furioso, se quedó estúpido. ¿Acaso este "Ariano" lo había embestido como lo haría un Tauro?
- ¡Vas a ver como te rompo la cara, hijo de puta!
Y se le hubiera lanzado con un puñetazo envuelto en llamas de no ser porque Kiara, una muchacha Escorpiana, le sujetó la muñeca con un puño hecho de agua.
- ¡Suéltame! - Exigió Ramón.
- Si Caleb te ha atacado, - Le dijo ella. - es porque tú le has provocado primero.
Los ojos de Ariano se agrandaron por la ira y la sorpresa.
- ¡Serás...! - Gritó. - ¡No te metas en esto, alacrán estúpido!
La chica se le plantó en frente y habló mirándole a los ojos.
- Número uno, no pertenezco a la casta de los alacranes, sino a la de escorpiones, estúpido. Y número dos, si me meto es porque no quiero conflictos en el primer día de clases de mi primo. Métete de nuevo con él y te romperé la boca.
Ramón la miró con asombro, pasmado por la propia tan poderosa energía de la muchacha. Si bien había rivalidad entre las academias Escorpio y Aries, sus niveles de fuerza estaban casi iguales...Pero la energía de esta chica...Era algo fuera de lo usual.
Kiara soltó a Ramón y se alejó con Caleb.
Sam les miró interesado. ¿Qué acababa de ocurrir?
- Qué pelmas. - Dijo George. - Su primer día y ya se creen los reyes del mundo.
El muchacho Librano-Escorpiano iba a decir algo cuando los ojos de Caleb cayeron sobre él. El recién llegado le saludó con una sonrisa sombría y luego se alejó.
-Yo... - Dijo Sam, atemorizado por el poder de aquel tipo. - Iré avanzando. Nos vemos, George.
- Cuidate.
Sam se fue casi dando tropezones.
No había que ser un genio para darse cuenta.
Ese tal Caleb era también una cúspide.
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Academia Escorpiana
Science FictionDentro del enorme instituto de los doce signos zodiacales, Sam es un muchacho de 15 años bastante débil y quien por la fuerza deberá adaptarse a su nueva academia, la de los Escorpianos tras haber dejado ls de los Libra, y en donde donde mostrar sen...
