CAPÍTULO 13

232 17 4
                                        

Sergio miró a su pupilo, quien estaba recostado en una cama de enfermería. Caleb estaba a unas camas más lejos, en el mismo estado, pero a diferencia de Sam, su maestro, Arián, no estaba con él. Sergio cerró los ojos con algo de fuerza y bajó el rostro, posicionando sus manos frente a su rostro y jugando con su labio inferior con uno de sus dedos. No culpaba al muchacho, sino al idiota de su líder de academia por permitirle ser tan abusivo con Sam...

No. No, no era culpa de Arián. Si este le dejaba a Caleb ser tan malo pues era también culpa de sí mismo por no haber amaestrado a Sam como era debido para que no fuera aplastado como cucaracha. Diablos, su pupilo pudo haber quedado en peor estado.

Era débil. Muy débil para ser escorpiano.

Eres débil, Sam. Pensó. Pero no es tu culpa, sino mía. Pude haber creído más en ti en vez de presionarte, humillarte y despreciarte. Mira como estás, mocoso baboso. Además, mi mejor amigo está muerto... y es mi culpa. Yo también pude haber detenido este combate.

- Sergio. - Una voz lo hizo voltear. Era Anna, líder de la academia Sagitario. - Ven, los cúspides están convocando a todos los líderes de academias.

Sergio la miró un momento, y cuando Anna cedió primero la mirada, él desvió la vista hacia Sam y habló.

- No puedo dejar a mi alumno.- Murmuró de manera firme. - Annabelle, discúlpame pero no puedo ir. No dejaré a Sam solo.

Anna sonrió.

- Odio cuando me llamas Annabelle.- Comentó y se sentó junto a sergio. - Veo que sí te preocupas por Sam. Creí que ustedes los Escorpio eran piedras sin emociones.

Sergió frunció el ceño y casi sonrió.

- Soy un tipo firme. - Dijo tranquilamente. - Es todo.

Anna sonrió y para cierto disgusto de Sergio, posó una mano sobre la negra, espesa e indomable cabellera del Escorpiano líder y lo despeinó, provocando que Sergio frunciera los labios y el ceño, ruborizándose ligeramente y desviando la vista hacia otro lado, lejos del rostro de la líder Sagitariana.

- Eres un buen tipo, Sergio.- Dijo. El hombre de treinta y tres años bufó.

- Quita la mano. - Ordenó. - No te incumbe mi manera de ser. Además deberías saber un poco más de anatomía animal, Annabelle. Los escorpiones tenemos una coraza dura de romper pero también tenemos carne blanda por dentr... - Cerró la boca. Mira nada mas lo que me hace decir esta tonta. Me tiene así desde los dieciséis años. Maldita. - Vámonos.- Dijo, poniéndose de pie. Su metro ochenta y siete de altura más su cuerpo delgado pero musculoso, su cabellera negra, la cicatriz encima de su ceja derecha y su mirada verde invencible le daban el aspecto de un auténtico Escorpión. Anna sonrió, poniéndose de pie. Sergio era más alto que ella por una cabeza al menos. Era un hombre apuesto, no se podía negar. La líder Sagitario se sonrojó cuando él volteó a verla. - Vamos, Annabelle. Que nos matan los cúspides.

Antes de irse, Sergio dio una última ojeada a Sam y junto con su compañera, salió de la enfermería.

...................

Tanto Sergio como Anabelle hicieron una reverencia al entrar a la enorme sala de los cúspides. Solo faltaban ellos. Arián miró a Sergio. No se le veía enojado, solo serio.

- Tomen asiento, por favor. - Dijo Sikamor, cúspide Sagitario- Capricornio. - Esto es muy serio. Nos concierne a todos.

Sergio jaló una silla para Anna y cuando esta se sentó, él tomó asiento a su lado.

- El asunto aquí es, - Dijo Milo, cúspide Piscis-Aries. - Que Ofiuco ha vuelto.

La sala se llenó de exclamaciones de desconcierto, miedo e indignación.

- ¡Eso es imposible! - Gritó Jeff, líder de los Leoninos, indignado.- ¡No puede ser! ¡Ofiuco lleva miles de años dormido! ¡Nada lo haría actuar ahora!

Maurice, líder de los Virgo, alzó la mano calmadamente.

- Fíjate, cabeza de mechero, - Dijo sarcásticamente. - que ni Ofiuco es tan estúpido. Puedo apostarte lo que quieras a que el muy depravado ni siquiera ha estado dormido, ha estado esperando. Algo me dice que piensa atacar ahora porque con la distracción del campeonato Zodiacal será más fácil someter a las doce casas.

-No tiene sentido. - Fue la respuesta de Arián. - Cada tres años es el combate, ¿Por qué atacar ahora? Estoy seguro que es una falsa alarma, señores cúspides, y se los digo con el debido respeto.

Kimi, cúspide Virgo-Libra, frunció los labios.

- Hay tres testigos de su ataque.- Dijo. - Rodrigo lo comentó a su padre antes de morir.- Miró a la silla de Fugán, la cual ya estaba vacía, luego desvió la vista hacia la puerta.- Francisco, Jenny, Alexandra, pasen.

El Sagitariano, la Acuariana y la Taura entraron, un poco nerviosos, a la sala en donde estaban once de los maestros y trece de las cúspides.

- Estos jóvenes - Dijo Kimi. - Han visto a Ofiuco con sus propios ojos. Ellos son testigos perfectos.

- E-es cierto. - Dijo Francisco, pálido.- Ese sujeto era anormal, mojaba fuego, usaba tierra para crear huracánes... No tenía ningún elemento pero los poseía todos a la vez...

- Era espeluznante. - Dijo Alexandra. - Se presentó con una clase de discurso... Ya no lo recuerdo bien.

- El que moja el fuego, quema el agua, sacude el aire y sopla la tierra. - Completó Jenny. - Lo recuerdo bien porque estaba tan muerta del pánico por su energía que no me moví y sus palabras me dieron tanto miedo que... Vomité.

- Es Ofiuco, sin duda. - Dijo Jael, el enorme y fórnido líder Tauro. - Ha llegado.

- Creo saber porqué.

Todos voltearon ante el repentino comentario de Sergio.

- Los cúspides están viejos y decrépitos, sin ofender. - Comentó.- Pero hace tres años estaban muy bien, de modo que la distracción del Campeonato de academia no le bastaría a Ofiuco para atacar. Pero ahora están débiles y ancianos. Y es ahora cuando deberían... - Tragó saliva.- Cuando deberían nacer las nuevas cúspides. Pero como estarían en pañales, Ofiuco no dudaría en hacerlos polvo.

- Está en lo cierto. - Dijo Yenna, cúspide Leo-Virgo.- Pero al menos tenemos el pergamino de la profecía de los nuevos cúspides, ese que dejaron nuestros antepasados hace miles de años.

- ¡Es cierto! - Dijo Milo.- Con ese pergamino podremos descubrir a los nuevos cúspides y prepararlos. De nosotros aprenderán todo lo que sabem...

- Con todo respeto y perdón por ls interrupción. - Dijo Sergio.- Yo ya tengo a un Cúspide bajo mi tutela.

El lugar se quedó en silencio.

- ¿Y quién es? - Preguntó el anciano Sikamor, muy interesado en ello.

- Sam. - Dijo Sergio. - Y quiero que lo dejen en mis manos. Yo voy a entrenarlo. Me concierne como su maestro entrenar a ese polluelo emplumado.

- En ese caso, - Dijo Arián. - Yo también tengo a un Cúspide y es Caleb. Lo tendré bajo mi tutela, ese chico es ahora mi responsabilidad.

Los dos líderes se miraron desafiantes.

- Si va a ser así, - Dijo Yenna.- Cada maestro encontrará a su muchacho o muchacha Cúspide y lo entrenará duramente. Tienen el permiso de hacer excepciones con ellos. Acabó la reunión, pueden retirarse todos. Jenny, Francisco, Alexandra, gracias por su cooperación.

Sergió salió del lugar pensativo. Tenía que entrenar bien a Sam. No no bien, ¡Excelente!¡Iba a sacar todo su potencial! Porque sí que Sam lo tenía. Que fuese un lerdo era diferente.

Muy bien, Sam, mi muchacho, te espera un duro camino y yo, gu maestro... ¡Seré quien te guie por él y si no... No me hago llamar Sergio, líder Escorpiano!

Academia EscorpianaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora