Parte 26: Por el cielo

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POV CHRISTIAN

Las cosas estaban saliendo a la perfección, desde el helipuerto me confirmaban que Charlie Tango estaba listo para mi viaje con Ana. Estaba un poco nervioso y apenas si había podido descansar como corresponde, esta semana había sido llena de novedades, y siendo al fin sábado, estaba todo listo para nuestro primer viaje en familia. Ya quería que el bebé naciera para llenarlo de regalos y mostrarle el mundo, siempre que su madre estuviera a nuestro lado, nada podría ser más perfecto.

Desperté con el primer sonido del despertador y no pude evitar sonreír al verla dormir con su hermoso cabello extendido por la almohada, la luz que entraba por la ventana le daba una especie de brillo especial, un toque mágico al momento. La apreté más en mi abrazo solo para sentir su piel con la mía, me dejaba una serie de corriente eléctrica recorriéndolo todo a cada roce, y quería sentirlo todo el tiempo.

No pude evitar desviar la vista a los muñecos que reposaban en el sillón donde habitualmente dejábamos nuestros bolsos o la ropa para el día siguiente. Realmente me gustaban, y para que mentir, eran adorables. Sonreí al recordar la comparación de Ana ¿Un oso? Algo tan adorable como un oso no podía ser yo, era fuerte, era un líder, era el macho alfa de esta casa, definitivamente era un león y no un torpe oso, le conseguiría a mi hijo un león de peluche para que se olvidara de aquella conversación y me viera como el hombre que era.

Todo se descontrolaría si alguna vez mis hermanos se enteraban que Ana me tenía por un oso apapachable. Todo mi honor y la imagen del Christian duro se vendría abajo, suficiente había perdido el día que mis empleados más leales me habían visto cubierto de purpurina dorada.

Eso me recordaba que tendría que informar a la familia, en algún punto todos enloquecerían y me preocupaba que mi hermana tuviera un colapso por tener que posponer la boda y preparar las cosa para el bebé. Por lo pronto, lo mejor sería resolver lo que quedaba pendiente y de ahí seguiríamos.

- Humm... - Ana se revolvió en mis brazos y cuando aflojé mi agarre, casi corrió al baño.

Si había algo que detestaba de este embarazo, eran las nauseas matutinas que escapaban del efecto de los medicamentos que tomaba para reducirlas. De manera diligente, me encaminé para sostenerla en lo que devolvía lo que supongo era la cena, no tarde nada en recoger su cabello y acariciar su espalda, que se removía por los espasmos que le provocaba esto.

- Lo siento por que tengas que ver esto, no tienes que hacerlo Christian. - Dijo con la voz ronca mientras dejaba correr el agua y se levantaba para enjuagarse la boca.

- Olvídalo, realmente no me importaría estar así toda la vida, solo quiero saber que ahora estás bien ¿Todo en orden con el bebé? - Pregunté haciendo que recargara su menudo y cansado cuerpo en mi pecho. Habitamos descubierto que eso la calmaba hasta que tomara el medicamento.

- Está bien, solo es lo de siempre. - Por suerte había tenido la brillante idea que ahora me salvaba de no recordar donde estaban las pastillas.

- Creo que tengo la solución para las nauseas. - Dije mientras sacaba de uno de los cajones que había en el baño un frasco pequeño de perfume de bebés. En la tienda la había estado observando y realmente parecía gustarle ese perfume. Solo rogaba que no me obligara a usarlo o tendríamos mucho que explicar.

- Huele de maravilla ¿Cómo lo conseguiste? - Preguntó con sus ojos siempre curiosos puestos en los míos.

- Ayer te vi que te gustaban y le dije a Taylor que comprara un frasco de ese con el que habías bromeado de ponerme. - Ambos volvimos a la habitación, y ella simplemente se llevó el frasco abierto a la nariz para oler el suave perfume. Nunca le confesaría que me gustaba demasiado.

Nuestra locura.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora