Parte 24: El problema no es un problema

6.1K 365 15
                                        

POV CHRISTIAN

Ver dormir a Anastasia, debería considerarse como una de las maravillas del mundo. A base de una sesión de besos, caricias en las zonas correctas y un poco de golpes de su parte, terminamos haciendo el amor nuevamente. Sabía que ella no había olvidado lo molesto que había estado cuando la esperé fuera de SIP, y de mi parte había sido un completo descuidado y cobarde al no querer enfrentar lo que me preocupaba como un hombre.

Al final, los dolores de cabeza no habían cesado, pero si mermado luego de aquel relajante baño. No estaba listo para contarle mis problemas, y simplemente esperaba que llegara el fin de semana para volar el Charlie Tango y escapar por un par de horas de las pilas de contratos y las quejas de los idiotas que no aceptaban mis ofertas.

En otras palabras necesitaba estabilidad emocional y personal para avanzar y conquistar las nuevas metas que había construido estos meses. Una casa grande y familiar en las afueras de Seattle, una mascota digna de nuestras locuras, mi hermosa prometida convertida en mi esposa, mis negocios en orden y lo que mas anhelaba, hijos. Tal vez uno o dos como mucho, pero ahora mismo, estaba seguro de querer un pequeño pedacito de mí y de Ana en nuestras vidas.

Mi prometida se removió aún enredada en las sábanas y se acurrucó más en mí envolviendo sus brazos en mi cintura y descansando su mejilla en el hueco de mi hombro. No me pude contener y acaricié su espalda desnuda, apenas cubierta con algunos mechones de cabello castaño, ese que de alguna forma me había enamorado en el hospital. Olisqueé su cabello, su perfume tan dulce y suave, justo como ella, era una combinación perfecta entre flores y algo cítrico, me atraía a miles de kilómetros de distancia, y comprendí que era eso lo que había estado buscando todo este tiempo.

Me abracé a ella todo lo que pude sin aplastarla y me dejé llevar por el sueño, pensando en todo lo que me había ocurrido desde que Ana había llegado a mi vida, los primeros momentos, nuestro primer beso, cuando bailamos en el hospital, las risas, las peleas, nuestra primera vez haciendo el amor, nuestras manos unidas, todo.

Desperté por el sonido insistente de la alarma de mi teléfono, y resoplé frustrado al apagar ese aparato del demonio. Pero no era la alarma, era una llamada entrante de Andrea. ¿Qué carajos quería ahora?

- Grey. - contesté sin una pizca de humor.

- Señor Grey quería saber si va a asistir a la reunión con los ingenieros del nuevo astillero. Estaría empezando en diez minutos y usted no ha llegado aún. - ¿Pero qué? Alejé el celular de mi oído para fijarme la hora.

-¡Mierda!- Grité un poco fuerte provocando que Ana se despertara a mi lado. Eran casi las once de la mañana, me había dormido por primera vez. Bueno soy el jefe, puedo dormir lo que quiera cuando quiera, pero negocios eran negocios.

- Andrea en media hora llego, tuve un problema, que esperen lo que tengan que esperar, avisa a Ross que si ellos se van no hay trato, que tome las carpetas hasta que llegue y hable con uno de los abogados para que las revise, quiero llegar y tener el trabajo facilitado. - Sin esperar respuesta alguna corté y me dejé caer en las almohadas.

- ¿Qué sucede? ¡Es tardísimo! - Dijo Ana moviéndose para desenredar la sabana de su cuerpo y alistarse para una mañana perdida de trabajo.

Sonreí al verla apresurada mientras preparaba su ropa y luego como se perdía en el baño para darse una sospechosa ducha de tres minutos. Ella tardaría años en estar lista y era mejor que se reportase descompuesta antes de que llegara por lo menos una hora tarde al trabajo, a fin de cuentas, ya habían pasado por lo menos tres horas desde que ella debería haberse presentado.

Me levanté tranquilo y me duché en cinco minutos, lo suficiente. Me puse el primer traje que vi en el guardarropa y cuando estuve listo, vi a través del espejo del baño su mirada incrédula por haberle ganado. Supe que estaba luchando con su cabello y luego pelearía con el maquillaje para disimular el chupetón que le había dejado durante lo de la bañera. Aún tenía tiempo, así que decidí dar el golpe de gracia antes de retirarme.

Nuestra locura.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora