Parte 17: Tensión

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POV CHRISTIAN

Diablos! ¿Es que no podía tener un maldito momento tranquilo con mi novia?

La aparición de Liliana me había dejado totalmente enojado. Ella era una de la mujeres del circulo de amigas de Mía que me acosaban casi constantemente en las reuniones o eventos a los que asistía, seguramente estaban enamoradas del concepto chico malo hermano de una amiga, pero si a eso le sumas una empresa exitosa y varios millones en la cuenta bancaria, probablemente sea la fórmula perfecta hasta para un perro.

Me molestaba por sobre manera aquella forma de invadir mi privacidad cada vez que cotilleaban entre ellas, pero me enfurecía que se entrometieran en mi vida sin invitación.

No quería perder el control, no frente a Ana, quien aún permanecía shockeada al lado de mi escritorio. Suspiré con los ojos cerrados y llevé mis manos a mis sienes para tratar de mermar la migraña que me había atacado ante este momento de estrés. Cada vez eran más fuertes pero trataba de controlarlas sin ir a un médico, no necesitaba eso ahora, y por supuesto que no iba a andar llorando a Ana o a mi madre por una pastilla, el orgullo primero.

- ¿Christian? - La voz de Ana me llamaba suavemente.

Sus manos estaban en las mías y luego bajaron a mi rostro. Era una caricia suave y cálida, muy reconfortante, me hacia desear que sus manos me recorrieran completamente, destilaba cariño al cien por cien.

- ¿Cariño te encuentras bien? - volvió a susurrar sin dejar de masajear mi frente. El dolor estaba remitiendo ante la medicina de sus manos.

-Si, es solo que me trato de contener para no explotar de rabia.- Dije mientras abría mis ojos y me encontraba con mi hermosa novia. Su mirada era preocupada, y no quería que la alegría que me transmitían siempre sus ojos se viera opacada por preocupación por mí.

- Bueno, luces como si estuvieras a punto de desmayarte. Le voy a pedir a tu asistente que te traiga agua.- dijo segura mientras me empujaba a una de las sillas de mi escritorio y luego se alejaba a la puerta de mi oficina y se perdía en ella.

Esta mujer me cuidaba. No era como Ella en muchos sentidos, para empezar, era una mujer dulce, que me quiere a pesar de mis sombras y mi pasado, y que es capaz de cuidarme y escucharme. Vale, llevamos muy poco tiempo juntos, y menos tiempo desde que somos novios, pero me ha demostrado que vale más que la mayoría de las mujeres que me rodean a diario.

Anastasia vuelve con una bandeja que contiene un vaso de agua fresca y un pequeño maletín de primeros auxilios. Apenas me sonríe antes de acercarse y depositar todo cuidadosamente en mi escritorio.

- Bueno Christian veamos si hay paracetamol para tu dolor de cabeza. - dice mientras se concentra en buscar la maldita pastilla. Detesto las medicinas en general, me recuerdan demasiado a mi estadía en el hospital.

- No importa nena, ya estoy bien. - Trato de asegurarle para que abandone su tarea y deje de preocuparse por mí, aunque me encanta que lo haga.

- ¡Bingo! - dice ignorando mis suplicas y dando un pequeño saltito de la emoción al encontrar la condenada pastilla. - Vamos cariño, tienes que tomarla para estar bien. Que te duela la cabeza al estresarte es una advertencia de que puede pasar algo más.- Me mira poniendo esos ojos que tanto me gustan en modo suplica. Esta mujer algún día va a matarme.

- Vale, pero no me gustan las medicinas. - Sin embargo, me alegro de ver su sonrisa triunfante y su rostro iluminado por haber ganado esta batalla. - Bien, listo. - digo dejando el vaso en la mesa y tirando de su mano para acercarla.

- Ese es mi chico obediente.- dice en tono orgulloso mientras acaricia con su finos dedos mi cabello.

- Merezco un premio por ser obediente ¿No crees? - digo satisfecho de ver como su rostro cambia y sus ojos se encienden por el deseo. Pronto nena, pronto serás mía.

Nuestra locura.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora