Volviendo a mí ser, a mi todo, me sentía llena de nueva, pero incompleta al mismo tiempo. Lo tenía cerca, pero el sueño profundo no dejaba que saliera a abrazarlo, tocarlo, ni siquiera verlo. Sentía la oscuridad tan pegada a mi cuerpo, intentaba zafarme de ella, pero simplemente no me dejaba y no tenía fuerzas para ello. Estaba atada al efecto de el líquido trasparente que entró por mis venas, haciéndome caer totalmente dormida. Sin embargo llegó un momento que sentía despierta mi mente, pero mis brazos y mis piernas se sentían flojas y cansadas.
No podía averiguar si aún seguía en la habitación. Escuchaba unos susurros, pero no llegaba a escuchar lo que decían. Cada vez se hacían más claras las palabras, ya podía reconocer las voces, Carlisle, Alice, pero la que me daba más ansias de abrir mis ojos era la de Edward. Quizás habrían pasado un par de horas, pero ya no soportaba más. Hubo unos minutos en silencio, Edward le agradecía a alguien, o a varias personas, escuchaba cosas de vidrio encima de las mesas. No tenía ni la menor idea de que eran. Escuché unos pasos hacia mi camilla, sus manos frías rodearon mi mano derecha. La besó con delicadez y la cruzó con la suya. En ese momento estaba recobrando todas mis fuerzas, el me daba ánimos de seguir, de luchar, de abrir mis ojos.
Sonó fuertemente un sonido de despertador o algo por el estilo, retumbaron mis oídos pues había agudizado todos mis sentidos, ya que carecía de la vista, y además Edward se movía silenciosamente por la habitación, así que fue un sonido que me tomó por sorpresa.
-Feliz San Valentín... Te quiero-Susurró a mi oído, colocando su cara sobre mí cabello. Su respiración recorría cada terminación y cada rincón de mi cuello. Fría... Gélida cómo siempre.
Esa frase hizo que mi sangre hirviera, mi corazón se acelerara. Lo necesitaba demasiado para ser verdad. Pero aún así me debía una explicación de su repentino y absurdo viaje. Me dejó sola, sin previo aviso.
Dormí el resto de la noche sin dificultad. Ya me había rendido de luchar.
Si... Te quiero hoy, mañana y siempre.-Repetía una y otra vez en mis sueños.
Como cada día de mi vida, los rayos claros que entraban por la ventana despertaban todos mis sentidos. Suspiré profundamente y al fin abrí mis ojos con lentitud, pero con impaciencia de encontrarme con su perfecta silueta.
Pero él no fue lo primero que llamó mi atención, seguramente aún estaría sumida en mis sueños y estaría alucinando, porque a mi vista se encontraban grandes y vistosos... Ramos de flores, de todos estilos y colores, podría reconocer algunas, pero las otras eran simplemente únicas, hermosas. Toda la habitación estaba repleta de globos rosa y blanco. Un gran peluche estaba colocado en el centro de los ramos que me rodeaban.
-Bella, al fin despiertas-Gritó mi madre exaltada.
-Si... estaba realmente cansada.-Murmuré con desconcierto, aún viendo las flores. Mi madre volteó y me dio una sonrisa.
-¿Qué...?-Pregunté pero mi madre no me dejó terminar.
-Edward está increíblemente arrepentido. Ese chico de verdad que está enamorado de ti. No ha dormido en toda la noche.-Mi madre articulaba las frases cómo si estuviera definiendo a una divinidad, y en realidad, era cómo un dios.
-¿Y donde está?-Pregunté con impaciencia.
-Fue a buscarte el desayuno.
-Ah...-Contesté con desgana. Con ganas de verlo ya. Y aunque hubiera preferido verlo a él, antes de hacer cualquier cosa, mi hambre era anormal.
-Vine a ver si habías despertado, para decirte que en unas horas ya vas a poder salir.-Dijo mi madre en un intento de animarme, pero hasta que yo no viera a Edward Cullen, nada me haría feliz.
ESTÁS LEYENDO
Mi Última Voluntad
Teen FictionEsta historia podrán encontrarla en Robward and Krisella y en Fanfiction.net Bella está enferma del corazón y sigue a sus instintos al enamorarse de Edward, pero, ¿él estará de acuerdo en transformarla? ¿o buscará la cura de su enfermedad? ¿Será tar...
