Compromiso

224 11 0
                                        

-Isabella Marie Swan, estoy muy seguro, ya no hay nada que me pueda hacer cambiar de idea. Te amo tanto como para darte todo lo que necesites de mí, por siempre y para siempre, sólo si tú me lo permites, como te lo dije unas semanas atrás. –Metió su mano en el bolsillo y sacó la típica pequeña caja que deja a las prometidas sin aliento, pero que a mi me dejaba más que eso -¿Existe la posibilidad de que me permites estar con la única razón de vivir que tengo? ¿Quieres casarte conmigo?

Sin pensar, ya sabía la respuesta, me arriesgué ante todo y ante todos.

-Si, acepto. Por siempre y para siempre –Acepté de nuevo con emoción, sabiendo que mis palabras poseían un doble sentido.

A pesar de toda la tensión, todos gritaron de emoción y empezaron a aplaudir.

Edward abrió la caja y sacó el voluminoso, hermoso y elegante anillo. Bañado en oro blanco, el anillo brillaba de manera excesiva, su diamante era rosa y tenía incrustado otro muy pequeño en el centro, trasparente. Lo introdujo con delicadeza y entrelazó su mano con la mía, con la otra me acercó hacia él y me besó dulcemente. Definitivamente, me había tomado fuera de base y yo había arriesgado mucho.

Mis padres ya habían recibido ésta sorpresa cuando Edward admitió que quería casarse conmigo, semanas atrás como él mismo lo había dicho, así que no tenían objeción alguna... o eso espero.

Seguidamente Alice saltó a mi lado a abrazarme y a gritar cosas inentendibles, estaba como loca, y hablaba de preparativos, de lo cual no quise prestar atención para no echarme atrás. Después se me acercaron los demás Cullen, hasta lo hizo Rosalie. Todos me daban la bienvenida a la familia a su manera. Mi padre tenía una mano sobre el hombro de mi prometido, y la otra la tenía estrechada junto a la de él, parecía muy serio pero no molesto, seguramente le estaría amenazando de muerte, pero Edward no hacía más que sonreír. Después mi madre lo vio un poco desolada, pero el parecía ser educado, quería interrumpir, pero Christine me sorprendió en medio del camino.

-Prima, no lo puedo creer. Eres la persona más... No sé que decir. Me has agarrado de sorpresa. Primero, tu ropa cambió de estilo drásticamente, Segundo, tu novio y su familia, son los seres más hermosos que había conocido en mi vida –Se me acercó al oído y susurró –Menos la Rosalie esa.

Puse cara de pocos amigos y le di un golpecito en el brazo indicándole respeto a mi futura cuñada.

-Espera, aún no dejas de sorprenderme. Tercero, eres la persona más desquiciada en lanzarte al matrimonio de ésta forma. ¿Estás loca? –Preguntó indignada.

-No, no estoy loca, simplemente estoy enamorada. –Respondí con orgullo y ella pareció sorprendida de la complejidad que implicaba el uso de la palabra.

Eché un vistazo rápido detrás de ella, pero ya no había nadie. Por supuesto, inesperadamente me abrazó la cintura con su pétreo brazo.

-Pues si para Christine, estar enamorado significa estar loco, necesito que me metan a un manicomio urgente, por que estoy locamente más enamorado de ti. Gracias –Susurró dulcemente a mi oído.

No sabía que decirle. Si respondía un simple "De nada", sonaría como si le hubiera hecho un favor al aceptar, y es que éste compromiso nos favorecía a los dos, de modos distintos, por más que el miedo inundara mi mente, mi corazón sentía que había hecho la decisión correcta.

Y es que estaba empezando a creer... a creer en muchas cosas que no sabía que existían antes de conocer la realidad de mi mundo, donde si vivimos entre vampiros y licántropos, en un mundo donde las esperanzas de vida se agotan y aún así, hay que seguir adelante, sin dejar atrás nada, pero lo más importante, lo recuerdo muy bien en mi libro, ese que había abandonado porque Edward me enseñaba a diario lo que el decía:

Mi Última VoluntadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora