CINCO

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Habíamos caminado tres días

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Habíamos caminado tres días. Y las únicas interrupciones que habíamos tenido habían sido para descansar y comer. Pero aún así, se suponía que entre cuatro días más, a galope de caballo llegáramos a Nórtica. Nos habíamos atrasado por el encuentro con los niños, y al desviarnos por el camino más largo por no cruzar por mi aldea. No quería ver mi pueblo en cenizas y los cuerpos de mi ejército siendo comido por los cuervos. Así que con discreción, nos guié lejos de Etrana.

Para no andar de noche por lo incierto, porque cayó el sol, Wylden y Marku decidieron que era hora de buscar leña y hacer una fogata para cocinar la cena. Marku pondría una trampa para cazar algo que comer, en lo que Wylden y yo buscábamos leña para el fuego. Evajana se sentó en el suelo y se rehusaba a ser útil; tal vez alimentaría los caballos u organizaría las mantas para el campamento, o tal vez se quedaría sentada todo el rato. Quién sabía. Luego de desmontar mi caballo me dirigí a hacer mi tarea así que me alejé un poco del campamento, me adentré al bosque y comencé a buscar madera seca. Escuché pasos a mi espalda y supe que se trataba de Wylden.

Me doblé a recoger la leña.

—Nunca hubiera pensado que la misma mujer que atraviesa a un hombre con su espada sin piedad, tendría un lado sensible en el que le gusten los niños—fue lo primero que dijo al acercarse y cuando lo miré, ví que sonreía con sorna.

—Mírame bien, tengo varias cabezas y lengua de serpiente. ¡Ah! Y si me cortas una de esas cabezas, la regenero en lo que limpias mi sangre de tu espada—contesté.

Alzó las manos a modo de disculpa sin que la sonrisa abandonara su rostro.

—No quise decir que eras un monstruo.

—Sin embargo, aquí estás. Sorprendido de que tenga un lado "sensible"— hice comillas con mis dedos y puse los ojos en blanco.

Idiota.

—¿Quiénes eran?

—No creo que esa información sea necesaria para dar este viaje, Wyldensito...

—Preciosa, si todo lo que venga de ti es importante.

Náuseas, eso es lo que me causó su respuesta.

—Pues tú también tendrás que darme información.

Alzó las cejas sorprendido y divertido.

—No creo que te pueda dar información importante para ti.

—Bueno, pues tú decides—y encogí mis hombros con indiferencia—. Que yo recuerde, no soy la única que gana algún beneficio de esta unión.

La dama de la noche Donde viven las historias. Descúbrelo ahora