Shots y Pastelazos

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Creo que he llegado al punto de mi vida en el que me doy cuenta que nunca voy a volver a dormir una noche entera. Si juntamos los minutos que dormí de ayer para hoy antes de despertarme con alguna pesadilla, creo que pueden sumar dos horas. Si Finnick no hubiese estado a mi lado probablemente no hubiese dormido nada. Además, cuando me desmayé, estuve inconciente por tres horas, así que son cinco. No tan mal, creo.

-¿Dormiste algo?- le susurro a Finnick en la mañana.

Cada vez que me despertaba, él estaba ahí para calmarme. Nunca lo vi con los ojos cerrados. Siempre estaba mirándome, como si estuviese vigilando que nada malo me pase.

-Sabes que yo no duermo de noche.

-Sí, me lo dijiste hace unos meses. Las noches son muy tranquilas. Tampoco me gustan.

-Dormir solía ser uno de mis pasatiempos favoritos ¿Sabes? Pero las pesadillas lo arruinaron para todos.

-Antes me encantaba despertarme tarde y quedarme en mi cama con los ojos cerrados, solo para sentir que dormía. Ahora, mientras antes me despierte, mejor.

-Igual no dormiste mucho.

Escuchamos gritos de sorpresa desde la calle. Seguro es por los Juegos ¡Demonios! ¡Los Juegos! Finnick y yo nos miramos y salimos por la ventana al instante.

En las pantallas gigantes de afuera se ve a una tributo peleando, pero no se ve con quién. La chica es aguerrida. Su cabello enmarañado tapa la cara del tributo masculino con quién pelea. Ambos están a todo dar.

-Es Dylan- dice Finnick.

Su cara aparece en pantalla. Tiene un corte en el cachete y su lado derecho está lleno de sangre. Luego se un poco de forcejeo, Dylan logra tirarla contra un árbol. En otra situación, seguro se habría hecho el fuerte y hubiese intentado torturar a la chica un poco, pero sabe que su rival es fuerte, así que la mata lo más rápido que puede. El cañonazo se oye al instante.

-Hermosa manera de empezar el día- susurro.

-Tal vez no sea tan temprano.

-Noc, noc, noc- escuchamos una voz aguda en la puerta.

-Pasa- contesta Finnick.

Zea entra con los ojos cerrados.

-Todo está bien, puedes abrir los ojos- le dice Finnick.

-Bien- le hace caso- Tenemos que bajar a hablar con los patrocinadores. Vine a dejar tu traje, Finnick.

-Gracias- le contesta él.

-El tuyo lo dejé en tu cuarto, Annie.

-Gracias, Zea.

-Los veo abajo en veinte minutos.

Cierra la puerta y se va.

-No tienes que ir si no quieres- me dice Finnick.

-Tampoco podría estar sola.

-Es más fácil que las reuniones privadas. Solo tienes que ser amable con todos. Su emoción por los Juegos hace el resto del trabajo.

-Bueno, me imagino que tú puedes conquistar a cualquier patrocinador.

Él me sonríe y besa la mejilla. Voy a mi cuarto por mi vestido y esta vez sí que se emocionó Luberry.

 Voy a mi cuarto por mi vestido y esta vez sí que se emocionó Luberry

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Annie Cresta: Vida después de VencedoraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora