16. El día.

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Jaime, quien se encontraba sentado en un pequeño banco, se levantó inmediatamente cuando me vio entrar a la cocina.

― ¿En qué te puedo ayudar, pequeña cumpleañera? ―me sonrió paternalmente.

Mordí mi mejilla y miré al piso mientras me aferraba a la pequeña piedra que tenía en mi mano.

―El paquete... El paquete que hace rato me diste, ¿fue entregado por...? ―pregunté bajito.

―Ah, un chico. No dijo su nombre, sólo que era un amigo tuyo y que era para ti.

― ¿Era alto con mirada penetrante y linda sonrisa?

Jaime frunció el ceño y se puso incómodo.

―Si Jaime, cuéntanos si era el de la linda sonrisa―escuché detrás de mí.

Santo cielo.

Por supuesto que Percy iba a salir y seguirme como el maniático que era.

―No lo recuerdo―dijo Jaime rápidamente y caminó hacia la salida―. Con permiso.

Yo asentí y él salió de la habitación, dejándonos a Percy y a mí solos. Cuando me aseguré que la puerta de la cocina estuvo bien cerrada me enfrenté a mi futuro esposo, poniendo una de mis manos en la cintura.

― ¿Qué diablos te pasa? ―murmuré enojada.

― ¿Qué diablos te pasa a ti? ―me contestó elevando la voz en cada palabra que decía―. Creí que lo de tu amante ya había quedado atrás, pero ése cabrón se sigue apareciendo, carajo.

―Yo no lo llamé―dije rápidamente―, yo no había sabido nada de él en mucho tiempo―suspiré con pesar, mientras bajaba la mano que tenía en mi cintura―. Créeme que no sabía que vendría.

Percy entrecerró los ojos y se llevó una de sus manos a su cabello, revolviéndolo.

―Pues claro―dijo después de un rato―, si hubieras sabido ya no estarías aquí.

Levanté mi cabeza y asentí.

―Tienes razón.

Entonces Percy se acercó a mí y yo caminé hacia atrás, hasta que quedé con la espalda contra una pared. Él me acorraló y me miró a los ojos, tratando de intimidarme.

― ¿Y por qué no te has ido? ¿Qué no es lo que tanto deseas?

Fruncí el ceño y lo miré a los ojos.

―Me pude haber ido hace mucho tiempo y no lo hice. No tiene caso irme ahora, así que por favor deja que vuelva al comedor con tu familia y la mía.

Percy soltó un gruñido y frunció el ceño.

―Ambas familias ya están unidas, Val―comentó y me dio un beso en la boca.

Me quedé estática mientras él bajaba una de sus manos a mi cintura, fruncí el ceño y llevé una de mis manos a sus hombros para empujarlo, pero cuando me disponía a alejarme de él alguien entró a la cocina y nos descubrió en una posición que, según su punto de vista, podía ser un arrumaco.

Percy dejó de besarme y se volteó para enfrentar a quien había entrado, sin embargo, siguió abrazándome de la cintura.

―Ya veo...―dijo la mamá de Percy con una risita mientras dejaba un plato en el lavabo.

Era evidente que lo que ella quería era saber qué era lo que estábamos haciendo su hijo y yo, ya que no era necesario que trajera el plato.

―Sólo necesitábamos un momento a solas―dijo Percy sonriendo.

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