17. Irrevocable.

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Era un vaivén, era apacible y relajante. El olor a sal y el aire golpeando mi cara suavemente me encantaba. 

¿Hacía cuanto no iba a la playa? ¿Hacía cuánto no volvía a mi ciudad de origen? ¿Al menos 10 años? 

No me sentaba en la arena fría ni enterraba mis pies en ella desde que tenía 17 años. 

Hace exactamente diez años estuve a punto de casarme con el actual hombre más rico del noreste del país, en aquél entonces el chico al que yo creía que era mi mejor amigo, mi pañuelo de lágrimas, mi salvación. Que terminó por ser un monstruo manipulador y destructor. Cuando me enteré hace unos años que se había casado con una modelo oré por ella, a pesar de no ser una persona religiosa. No sé mucho de sus vidas sin embargo Aurora, su esposa, parece ser nada más que una esposa florero con una bonita sonrisa y una buena anfitriona para las mejores fiestas de sociedad que había en la región. 

No se que hubiera sido de mi si fuera yo esa mujer.

Recuerdo la conmoción que se generó cuando dejé el anillo encima del altar y me fui del lugar con la cabeza muy en alto, también recuerdo lo poco que me duró la valentía al enfrentarme a los gritos de mamá afuera de la iglesia obligándome a regresar mientras convencía a los demás que yo sólo estaba nerviosa por el nuevo cambio. 

"Todavía es joven pero está enamorada, si habrá boda muchachos". 

Recuerdo su transformación de su cara y la bofetada que me dio cuando grité a todo pulmón que odiaba a Percy y que odiaba la idea de casarme con él. No me importó, la verdad. 

La iglesia era una de las iglesias más icónicas de la ciudad por lo tanto había mucho tráfico y taxis. No tardé mucho en tomar uno y pedirle al amable chófer que me llevara justo a donde debía ir. A donde pertenecía. 

Dicen que algunas personas están predestinadas para estar para siempre en tu vida y hay otras que simplemente son de paso pero igual dejan enseñanza. 

Sebastián no estaba predestinado para estar para siempre en mi vida, al menos no como yo quería. 

Hace 10 años, cuando toqué la puerta de su apartamento vestida de novia con mis emociones a flor de piel y no recibí respuesta, sentí como mi corazón se rompía por segunda vez. Toqué esa puerta todos los días durante un mes hasta que un amable vecino me informó que las personas que habitaban ese apartamento se habían mudado. 

Fue fatal. 

Tremendamente fatal. 

En aquel momento decidí irme yo también, irme lejos, comenzar de nuevo, realizar mis metas y cumplir mis sueños. Papá fue una pieza importante en este escalón de mi vida ya que él me apoyó y me dio todos los recursos para hacer mi vida en otro lugar, lejos de la mira de mamá y del ojo público que me criticaba por haber dejado al enamorado Percy en el altar. Aparentemente yo era la mala de la historia. 

Y así fue como comencé de nuevo en otro país en donde nadie me conocía y en dónde yo no conocía a nadie. No fue fácil y mi progreso como persona era lento, sólo me sumergía en mi miseria pensando en como las cosas pudieron haber sido mejor si no hubiera hecho tal o cual cosa, con el tiempo aprendí que las cosas son como son y por algo fueron. 

Cuatro años después me gradué de artes plásticas con honores y con un grandioso puesto de trabajo en uno de los museos más importantes del país. Mi vida comenzaba a tomar sentido, estaba sobresaliendo por mi cuenta y gracias a lo que a mi me gustaba hacer.

    ― ¡Mira lo que me he encontrado! ― me gritó a lo lejos sacándome de mis pensamientos. 

Sonreí y observé como venía corriendo hacia a mi con una caracola en sus manos. Cuando llegó a mi se subió a mi regazo y la puso justo enfrente de mis ojos. 

It's complicatedHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora