18. El principio del final.

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"Cuánto tiempo dura en curar un corazón roto" escribí en la barra de búsquedas de Google. Era estúpido, pero sentía que eso que sentía dentro de mi no lo podría aguantar por mucho tiempo.

Negué con la cabeza y borré la búsqueda.

"¿Puedes morir de corazón roto?" Ojalá.

Di enter y cerca de 10,000,000 resultados en menos de un segundo aparecieron.

Leí varios artículos que decían que efectivamente, me podía morir por tener el corazón roto. Pero no tenía ninguno de los síntomas: ni vómito ocasional, ni falta de respiración, sudor frío o debilidad. Quizá me dolía la cabeza pero creo que primero me moría por un tumor en el cerebro que por mal de amores.

-Estás siendo estúpido Sebastián-dijo Miranda cuando vio lo que estaba leyendo.

-Ya sé-suspiré-, pero al menos así mantengo mi cabeza ocupada.

Miranda me miró como si estuviera loco. Bueno, quizá ya lo estaba.

-¿Ocupada en qué, Marica? Tienes que estudiar para finales y lo único que estás haciendo es buscar si te puedes morir por... Ay, por Dios.

Lo sabía, estaba actuando como estúpido, pero era porque era un estúpido... Un estúpido triste y lleno de amor por una chica que se casaría en un par de días.

Recuerdo aquél día en el que discutimos porque ella no me quería decir que fue lo que le pasó en la mandíbula, el hecho de que ella parecía siempre ocultar algo, su resistencia a hablar del futuro... De un futuro conmigo. También recuerdo que justo después de que había tomado un taxi para ir a casa me había arrepentido por lo estúpido que había sido, ¿quién era yo, después de todo, para exigirle que me contara algo que no quería contarme? Si ella no me quería contar, entonces yo no debía querer saberlo y podría vivir con ello, pero no sin mi Val.

Regresé casi corriendo al estacionamiento de Albertson's, pero ella ya no estaba ahí. Quise mandarle un mensaje pero no tenía mi teléfono. Ya era muy tarde y no podía presentarme en su casa, esperé a la mañana siguiente, yo necesitaba verla cuanto antes. Me sentía miserable. 

Recuerdo haber ido a comprar café por petición de Miranda, ya que había dicho que no soportaba verme triste. Y más recuerdo mi shock inicial al ver a mi novia en la portada de una revista junto a otro hombre. No sé si pagué esa revista o no, pero yo no podía dejar de leerla, de ver a Val feliz con el tal Percy Williams, su prometido. SU PROMETIDO.

Del sólo recordar mis ojos se llenan de lágrimas.

Necesitaba verla, necesitaba que me dijera que era falso, que era sólo un juego de la revista. Estaba tan triste pero tan enojado, que quería golpear al primero que se me pusiera en mi camino.

Cité a Valedithya con la escusa de que me diera mi teléfono, quería que me encarara y me dijera lo que estaba sucediendo, pero cada vez que se acercaba la hora para verla, cada vez me enojaba más y más y creía más y más la nota de la revista. Una sonrisa así no se podía fingir, ella se veía feliz con su compromiso con ese... Ese cara de pez.

¿Qué acaso estaba buscando una aventura antes de estar por siempre con una persona? Porque si es así lo había conseguido, me había conseguido a mí persona, mi corazón y mi alma.

Y cuánto más creía la historia, más lo odiaba.

Y cuándo la vi sentada en la banca del parqué fingiendo escribir en el móvil sólo para verse más interesante, mi amor sobrepasó mi odio. Por mucho. Pero en un momento de lucidez recordé que traía la revista en la mano.

Su cara cuando escuchó lo que yo estaba leyendo la delató. Y me partió el corazón. Y la odié de verdad, la odié porque había sido un juego para ella, la odié porque nada de lo que tuvimos fue real, la odié porque... La odié porque sabía que nunca dejaría de amarla.

Pero cuando me explicó todo lo que había sucedido yo ya no podía aguantar más, no sabía que sentir, no sabía como reaccionar, pero al ver sus ojos tan tristes y perdidos, le creí.

Y tenía toda la intención de luchar por ella, pero sabía que era una batalla que ya estaba perdida, era mejor dejarla ir.

Cuándo deslicé el anillo sobre su dedo anular me permití por un segundo imaginar cómo hubiera sido si realmente ese fuera nuestro anillo de compromiso, pero de nada servía imaginar si era algo que nunca sucedería.

Ese día la abracé por última vez y me fui sin mirar atrás, porque sabía que si lo hacía, no podría irme de su lado jamás.

Cerré mi búsqueda de Google y decidí enfrentarme a los libros que esperaban ser estudiados pero antes de que hiciera eso alguien tocó a la puerta y Miranda estaba muy ocupada en el baño.

-Ya voy-medio grité.

Abrí la puerta y me encontré con la última persona que me hubiera gustado ver. Sentí como mis manos empezaban a hormiguear, necesitaba golpearlo.

-Hola-dijo sonriendo.

-¿Te conozco?-pregunté buscando mi voz.

Mi estupidez estaba ayudando a Valedithya a niveles extraordinarios. Era mejor para ella si él no sabía de mi existencia. Yo lo podía negar todo.

Pero, ¿y si él lo sabía todo?

Bueno, era evidente que algo sabía porque él estaba enfrente de mi. Justo afuera de mi casa.

Maldición, como quería golpearlo.

-Sé que si-me contestó calmado-. Soy Percy Williams, prometido de Valedithya Host... Por si lo habías olvidado.

Hubiera sido mejor que me hubiera dado una patada en los bajos.

-Debido a qué se que ustedes formaron tan gran... Vínculo, vine aquí a invitarte a nuestra boda-me tendió tres invitaciones-. También hay para tus amiguitos ya que supongo que tanto tiempo pasar aquí hizo que se hicieran amigos.

Yo estaba sin palabras.

-Contamos con tu presencia, sólo espero que tengas la decencia de no acostarte con mi en ese entonces esposa, sería de muy mal gusto.

Tiré las invitaciones al piso y sin pensarlo mucho le pegué un puñetazo justo en la mandíbula.

-Hazte un favor y vete a la mierda de aquí-le grité enfurecido y cerré la puerta.

Miranda salió corriendo del baño y me abrazó con fuerza cuando vio que comenzaba a desmoronarme.

¿Tan difícil es amar a alguien?




It's complicatedHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora