¿Quién necesita un despertador cuando tu papá tiene unas pisadas tan fuertes que terminan despertándote?
Como todas las mañanas, ésas pisadas me despertaron, pero ahora no siguieron de largo como siempre lo hacías. Esa vez se detuvieron en mi puerta, después unos leves golpecitos sonaron.
Esperé, para ver si entraba, pero no fué así. Hubieron más golpes un poco mas fuertes.
—Pase.—dije con la voz ronca producto de mi anterior sueño. Me llevé las manos a la cara, para verificar que no tuviera saliva seca o suciedad en los ojos, hoy, por fortuna, no había nada de éso.
Papá abrió la puerta y se asomó, regalándome una sonrisa.
—Buenos días, mi niña.
Sonreí, él nunca me había dicho "mi niña", era extraño escucharlo venir de su boca, pero era lindo, se sentía bien.
No recuerdo alguna vez que mis papás me hayan dicho una palabra cariñosa sin tener público. Nunca nuestra relación ha sido de cariño, ellos no me han dado el cariño suficiente. Sólo se trata de exigencias y deberes. Recuerdo mi emoción al sacarme un 10 en matemáticas o ciencias, recuerdo que quería que me dijeran algo, una palabra de aliento, que por lo menos me felicitaran, pero no lo hacían, decían que era mi obligación sacarme buenas notas. Conforme fui creciendo, me fue importando poco y nada mis buenas calificaciones, ya estaba tan acostumbrada a salir bien, que no esperaba una felicitación de nada ni de nadie. Recuerdo también las veces que me sentaba junto a ellos, deseando que hablaran conmigo sobre algo trivial, que se interesaran un poco en mis intereses y mis gustos, pero siempre me ignoraban. Podía asegurar que no sabían cual era mi color favorito o que comida era la que más me gustaba.
Había aprendido a vivir así, pues tenía algo que muchos no tenían, a mis papás y juntos; podía decir que me sentía afortunada de tenerlos, aunque ellos no se quisieran, pero había veces que simplemente quería que me dijeran que me querían, que me abrazaran sin razón o me besaran.
—Buenos dias, papá. ¿No es muy temprano?—le pregunté mientras miraba la pantalla bloqueada de mi teléfono, que me mostraba amablemente la hora. Usualmente, papá me despertaba a éso de las 8:00, ahora eran las 6:00.
Sentí el bostezo venir, así que cubrí mi boca y bostecé.
Papá, que me estaba mirando, también bostezó y yo me reí.
Él no estaba vestido en su usual ropa de trabajo—traje, camisa de lino y corbata—, sino que estaba en sus pantalones cuadrados de piyama y una camiseta blanca, de esas que los hombres llevan debajo de las camisas.
—Si.—asintió.—Pero necesitaba hablar contigo sin que tu mamá anduviera usmiando. Ella está dormida como una roca en éste momento.
Sí, el sueño de mamá era todo menos ligero.
—De acuerdo.—dije simplemente, esperando que él dijera lo que tenía que decir.
Le hice un espacio en mi cama, papá se sentó a mi lado y ambos miramos al frente.
Esperé a que dijera algo, y esperé y esperé, hasta que por fin comenzó a hablar.
—Recuerdo cuando naciste, eras tan pequeñita que me negué a cargarte por temor a romperte. Tu mamá me dijo que no fuera ridículo y me tenía que cargarte, que no te rompería, así que lo hice. Las enfermeras me decían que relajara los músculos de la espalda y de los hombros, pues estaba tenso, ya que no sabía como cargarte y lo único que quería era no lastimarte. Lloraste a los pocos segundos de estar en mis brazos.—se rió.—Yo me asusté muchísimo, pero te mecí hasta que te callaste.
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It's complicated
Ficção Adolescente―Ésta no era la manera en la que quería ponerte un anillo...―dijo mientras lo deslizaba en mi dedo anular.
