No llegaba a acostumbrarme al anillo, porque, además de que sólo lo traía puesto cuando estaba mamá presente, simplemente ése anillo no era para mi.
Mientras más pasaba el tiempo, más me preguntaba si era correcto casarme con Percy, pues ya no había necesidad. ¿Lo hacía porque quería complacer a mamá?
Me llevé un pedazo de tortita de chocolate. Mamá no dejó de hacerlas y se quedaban en la mesa, después se tiraban a la basura. Un día me puse a pensar en cuantas personas se están muriendo de hambre, así que decidí hacer un esfuerzo sobrehumano y comencé a comérmelas. Ahora ya me he acostumbrado a ellas.
—Por fin he conseguido el número de Jaime y le llamé hace rato.—dijo mamá en cuanto entró al comedor. El sonar de sus tacones contra el piso hacía que me diera dolor de cabeza.—Me ha dicho que estarían contentos de volver, así que empiezan mañana.—finalizó mamá aplaudiendo suavemente.
—No puedo creer que realmente quieren volver a verte la cara.—dijo papá como si nada.
Últimamente ellos dos se llevaban muy mal.
—Con ésto de los preparativos y no tengo tiempo para ocuparme con las cosas de la casa.—dijo mamá mirándome, ignorando olímpicamente a papá.
Asentí, fingiendo que importaba.
—Y hablando de la boda, hoy tenemos una cita con Maddame Firush.
—Y...—le animé a que continuara hablando.
Mamá abrió mucho los ojos y se cruzó de brazos.
—¡El vestido, Valedithya, el vestido!
—No tienes porque ir.—dijo papá.—Puedo tomar el día libre e ir contigo al parque de diversiones.
Sonreí ante la idea de papá, pero después miré a mamá que estaba encolerizada.
—Estoy harta que le metas ideas a Valedithya.—gritó mamá dirigiéndose por primera vez a papá.—Por supuesto que va a ir.
—No la puedes obligar a hacer algo que no quiere.
Suspiré, dejé mi servilleta de tela encima de mi plato y me paré de la silla, haciendo mutis antes de que comenzara otra de sus ya habituales peleas en las que yo terminaba perdiendo.
Subí las escaleras con pesar, ya que mis piernas dolían gracias a que mamá me había obligado a comenzar a hacer ejercicio. Cuando llegué al pasillo, escuché el ruidoso tono de llamada de mi teléfono. Corrí a velocidad supersónica hacia mi habitación ignorando el dolor de mis piernas, cuando llegué ahí busqué desesperadamente el aparato y contesté jadeante.
—¿Hola?
—Vaya, creo que he llamado en un mal momento.—dijo Sebastián
Primero fruncí el ceño, pero después me relajé poniendo los ojos en banco mientras comprendía su doble sentido.
—No seas tonto, corrí por todo el pasillo para contestarte.
—Oh, que dulce.—dijo y juro que escuché una sonrisa
—¿Yo?—dije señalándome.—Siempre...
—¿Ya empiezas tan temprano con tu egocentrismo, Val?
Me reí entre dientes.
—Supongo.. ¿Por qué la llamada?
—¿No quieres que te llame?—preguntó ofendido y después se rió.—Hace mucho que no hablo contigo.
—Oh por Dios, Sebas, salimos hace dos días y ayer hablamos casi toda la tarde por textos.
En las últimas 5 semanas, salíamos bastante, hablábamos casi todos los días y ya había una evidente confianza entre nosotros.
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It's complicated
Novela Juvenil―Ésta no era la manera en la que quería ponerte un anillo...―dijo mientras lo deslizaba en mi dedo anular.
