Puedo ser femenina todo el tiempo, menos a la hora de dormir. Tenía un gran defecto y era que roncaba mucho, por lo que usaba unas horribles tiras nasales de color blanco que desaparecen los ronquidos.
Ésa mañana, cuando me quité una de las tiras, observé que ya no tenía más, tenía que ir a comprar más cajas cuanto antes, porque si lo dejaba para después, luego no me acordaría y sería peor.
Vestí unos pantalones cortos y una blusa amarilla sin mangas, ya que hacía calor. Me hice una coleta y salí de mi cuarto para buscar a mamá. Ella estaba como de costumbre, en el jardín, cortando rosas.
Mamá me miró y me tendió una de las rosas que tenía en la mano, pero cuando la tomé una de las espinas pinchó mi dedo. Hice una mueca de dolor y me llevé el dedo a la boca.
—Cuidado, tiene espinas.—dijo mamá con su atención centrada de sus preciados rosales.
Gracias por avisarme pensé, un poco molesta.
—Iré a Wal-Mart a comprar mis tiras para la nariz y quizá curitas. ¿Quiere que traiga algo?—pregunté mientras miraba mi herida.
—Pues sí. Ahora que la empresa de tu papá ha caído tanto no podemos permitirnos un mayordomo que nos haga las compras y luego con tu boda...—mamá suspiró.—Toma la lista que está en el refrigerador y usa la tarjeta de crédito que está en la encimera.
No podía creer que aunque estuviéramos prácticamente sobreviviendo con dinero que papá había ahorrado toda su vida, mamá todavía se empeñaba en vivir como si el dinero le saliera por los poros. Ella seguía visitando las tiendas Gucci, Prada y Chanel comprando todo lo que se le antojaba, mientras papá se ahogaba en deudas. Mamá quería su brillante tarjeta de crédito más de lo que me quería a mí.
Entré de nuevo a la casa sin decir nada y sin ver la lista, la tomé del refrigerador doblándola y metiéndola en mi bolsillo trasero de mi pantalón. Miré la tarjeta de crédito y suspiré metiéndola en el otro bolsillo.
La verdad era que amaba las compras y gastar a mis expensas, pero tenía noción de lo que costaban las cosas y sabía que ahora más que nunca teníamos que cuidar muy bien el dinero, ahora ésa dicha tarjeta era como veneno para papá y sus cuentas a fin de mes. Me preocupaba por él, porque veía lo cansado que llegaba por las tardes, con ésa vena que se le resaltaba cuando estaba estresado y como se rascaba la nuca continuamente, preocupado por el estado actual de su empresa.
Ahora comprendía el porqué el apuro de que me casara cuanto antes. Tendría una nueva familia adinerada y como consecuente podría invertir dinero en la empresa de papá para levantarla de nuevo. La vida se centra sólo en el dinero, porque el dinero mueve el mundo y nadie lo niega.
Como Wal-mart se encontraba a pocas manzanas de mi casa, preferí irme caminando para hacer un poco de ejercicio y así consumir un poco menos de dióxido de carbono. No es como si fuera a hacer la diferencia, pero siempre había tenido ese rollo ecologista, ya sabes, en el bote azul el vidrio y plástico; y en el verde lo orgánico. Siempre elegía papel en vez de bolsa y siempre que podía compraba productos con empaque biodegradable.
Estaba nublado, por fortuna. Odiaba salir a la calle cuando hacía mucho sol, tenía muchos complejos a cerca de mi piel, no me gustaba su color.
Cuando llegué a la tienda, tomé un carrito y lo empujé hacia adentro, caminando hacia el área de la farmacia buscando primero que nada mis banditas, éso era lo importante, lo demás podía esperar.
Cuando la caja de bandas estuvo dentro del carrito, pude respirar en paz. Como mi herida del dedo ya había coagulado, no necesitaba curitas, así que no me molesté en ir a buscarlas.
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It's complicated
Novela Juvenil―Ésta no era la manera en la que quería ponerte un anillo...―dijo mientras lo deslizaba en mi dedo anular.
