Cuando nos vimos en la playa estuvimos estáticos durante un par de segundos hasta que mi adorable Lou rompió el hielo y nos mantuvo en una plática superficial acerca de perros y caracolas de mar en lo que caminábamos hacia el estacionamiento.
Ya había acomodado a Loureina en su sillita cuando Sebastián dio el primer paso:
-¿Quieres ir a tomar algo? Yo... Bueno... Mierda, hace 10 años que no nos veíamos y me gustaría saber qué ha sido de ti, cómo estás, por qué...
-...tengo una hija de 5 años?-interrumpí riéndome a medias.
-No era a lo que iba, pero me gustaría saber la historia-sonrió y me desarmé.
-De acuerdo, vayamos a tomar algo-dije pretendiendo sonar desinteresada aún cuando mis latidos iban a mil por hora-, pero primero debo dejar a Lou en casa, ha sido un día largo.
El concordó conmigo diciendo que también tenía que dejar a la pequeña perrita a su apartamento.
-¿Nos vemos en media hora en el café de la cuarta y Springfield?
-Nos vemos.
Suspiré.
-Vamos Val, no seas marica-escuché por los parlantes del carro.
-¿Pero qué tal si en realidad era algo así como venganza y me deja plantada?
Estaba apoyada contra el volante tratando de controlar mi respiración, estaba demasiado nerviosa e insegura.
-No creo que eso vaya a suceder-replicó Kristoff-. Además, esto es justo lo que necesitas para cerrar un capítulo muy grande de tu vida. Quizá el destino fue el que acomodó todas las piezas del juego para que esto sucediera, para que vinieras desde Irlanda a presentar tus obras...
-Ay, mierda-dije por milésima vez.
-Si no te bajas de ese carro serás la mujer más patética de la historia de las mujeres patéticas.
Gemí pero igual levanté mi cabeza, me puse derecha y respiré hondo.
-No quiero ser más patética de lo que ya soy-admití
Me despedí de Kristoff con rapidez y me bajé del carro antes de que me arrepintiera y llevara mi patético trasero de vuelta a casa de mi papá.
Sonreí con nostalgia al darme cuenta que era el mismo café en el que habíamos estado cuando nos conocimos.
Entré al lugar y Sebastián ya estaba esperándome sentado en una mesa, bastante sumergido en su teléfono.
Me limpié el sudor de las manos en mis pantalones y caminé a la mesa con el corazón cada vez latiéndome más rápido.
Una cosa era hablar de perritos en la playa con mi hija de moderadora y otra totalmente diferente estar solos en una cafetería hablando de quién sabe qué.
-Hola-saludé con timidez
Él levantó la vista, sonrió y se levantó de su asiento.
-Hey, Val
"Hey, Val" Mierda, todo sonaba tan familiar. Me regresaba a diez años atrás cuando todo era más fácil, más natural, más orgánico.
-Siéntate en lo que yo voy por nuestras bebidas-ofreció sin darse cuenta lo mucho que me había afectado su saludo.
Obedecí a su oferta y enredé mis dedos en el mantel de la mesa tratando de enfocar mis pensamientos en eso y no en la idea de que estaba reunida con el quizá gran amor de mi vida.
ESTÁS LEYENDO
It's complicated
Teen Fiction―Ésta no era la manera en la que quería ponerte un anillo...―dijo mientras lo deslizaba en mi dedo anular.
