Capítulo 21.

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Entorno los ojos en dirección al despertador, que cómoda es mi cama, pienso quedarme un rato más...

Despierto de golpe al escuchar repicar el teléfono, veo la pantalla y es Maximiliano «Ay tan temprano»

-Hola.

-Voy para tu casa.

-¿Qué? Y no se escucha nada más, me colgó y viene para acá, rayos. Me levanto y voy al baño como cohete.

Diez minutos para estar lista creo es mi récord, pantaloncillos cortos, una franela, algo casual. Me ruge el estómago por el hambre, ya será medio día y no he probado bocado.

Suena el timbre y me dirijo a la puerta.

-Hola. Le saludo cortes.

-Hola. -¿Puedo pasar?

Con mi mano le indico que puede hacerlo, entra y cierro.

-¿Por qué has llamado con tanta prisa?

-Porque la tenía. -Además solo quería saber si estabas aquí.

-¿Cómo ibas a saberlo? -Si apenas me dejaste hablar.

-Fue suficiente para darme cuenta que estabas dormida y te desperté. Una sonrisa aparece en su rostro.

Alzo ambas cejas, creé que se las sabe todas. Ya está sentado en mi sofá y se ve diferente, algo le pasa.

-¿Por qué estás aquí?

-Vine hablar contigo. -Ven, toma asiento. Esa expresión seria me asusta un poco.

-¿De qué quieres hablar?

-Necesito que me hagáis un favor. -Y te pido que no me digáis que no. Sus ojos se ven suplicantes y hermosos. «Concentrada»

-¿De qué se trata?

-Quiero que asistáis a una reunión de mis padres conmigo. -Esta noche. Dice con cautela.

¿Reunión de padres? ¿Ir con él? ¿Por qué yo? No entiendo.

-¿Y entonces, que decís?

-Yo, yo no se. -No me has dicho. -¿Por qué tengo que ir?

-Porque quiero y necesito que vayáis. -Si no fuera realmente importante no te molestaría.

-¿Los demás chicos van a ir? Pregunto tratando de ignorar el «Necesito que vayáis »

-No podrán, se reunirán en casa de Mario que ya le dieron de alta. -Y le prometí a mi madre no faltar.

-Me dices que olvide la apuesta, que regrese a casa y luego me buscas porque quieres que vaya contigo a una reunión. -Lo siento pero no entiendo bien.

-Tuve mis razones en cuanto a la apuesta y que dejarás el apartamento. -Ahora solo te pido un favor, vamos, estamos un rato y regresamos.

Suena fácil, pero que voy hacer yo si no conozco a su familia, ¿Por qué vino a mi? Yo pensé que no me soportaba cerca. Ahora tengo que dejar un día más sin ir al casino, desde que conozco a este hombre mis planes no han hecho más que retrasarse.

Aunque si la apuesta hubiese seguido hoy sería el último día.

-Esta bien, voy a ir. -Espero tengan pasteles.

-Si y fuentes de chocolate. Abro la boca y el se ríe divertido.

-Ahora si podemos irnos. Se pone de pie, me le quedo viendo confundida.

-Vamos al centro comercial que compraré algo. Me explica.

-Voy a cambiarme y podemos ir.

-No, ya mismo. Revisa su reloj. -Estamos retrasados.

Voy por mi cartera y celular, luzco sencilla pero no desarreglada así que acepto andar con esta pinta.

-Dirás que si a todo lo que te proponga hoy.

-Tendrás que esforzarte. Le digo con arrogancia.

Aparcados en el sótano, me bajo del jeep y empiezan a aparecer pequeñas luces que nublan mi vista, llevo una mano a mi cabeza y con la otra me agarro de la puerta.

-¿Qué tenéis?

-Estoy mareada.

-Que fría estáis. -¿Que habéis comido? Me toca los brazos y el cuello.

Joderme la vida tío, me quedo en silencio.

-Debí suponerlo, apenas despertaste y no habéis preparado nada. Su tono es seco. ¿Me esta sermoneando?

-No me diste mucho tiempo. Siento tanta hambre que comería una pizza entera.

-Comerás antes de hacer lo demás. -Y algo saludable, no hamburguesa, ni pizza.

Volteo los ojos ¿Me lee la mente o qué? Me hace sujetar de su brazo y vamos adentro.

**

Volví a estar en perfectas condiciones, comí todo y Maxy se veía complacido, buscamos el traje que usará esta noche y estoy pensando cual vestido usaré.

-¿Ya estáis bien del todo?

-Muy bien.

-Me alegro. -Tenéis que ir a escoger un vestido e ir a la cita en la peluquería.

¿Perdón?

-¿Estas bromeando?

-Para nada. -He visto que las mujeres se alteran mucho por esas chorradas de cosas. -Los dos locales están cerca.

Me señala al frente, la tienda de vestidos esta solitaria y como no, se gasta un dineral.

-¿Vas conmigo, cierto?

-¿Y esperar a qué te decidas por un vestido? -No.
Un rotundo no.

Y en parte tiene razón, entramos a la tienda y es hermoso, la vendedora se levanta rápidamente para saludar muy amable al hombre a mi lado. Después de presentarnos, se va hablar con ella y ambos ríen, no entiendo que es tan gracioso.

-Ya me voy, quedas en buenas manos. -Cuando estéis lista llámame.

-Debo decir ¿Si? Levanto una ceja.

-Ya me encanta este día pequeña. -Nos vemos más tarde. Me da un beso en la mejilla y me quedo sonriendo hasta que sale. «No estás sola»

-Bueno Alison, dime que buscáis.

Después de casi dos horas he terminado y Paul a venido por mi junto a una mujer que Maximiliano asignó para que me ayudase con el maquillaje y peinado. Es lo que ella a dicho.

«No debiste mandar a nadie para que me maquillará o peinara, suficiente hiciste con dejarme escoger un vestido»

«Es necesario, confía en mi peque»

Apretó los dientes para no sonreír. Ya hemos llegado y le agradezco a Paul.

Saco el móvil del bolsillo para revisar un mensaje nuevo.

«Paso por ti a las 8:00pm. Ya estoy impaciente, no te arrepentirás de ser mi compañía está noche»

Como me duele el estómago cuando sus mensajes son prometedores.

Juegos peligrosos.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora