Cuadragésimo punto

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Nunca se me dió bien improvisar. Lo sabes. Marcaba siempre lo que me esperaba, siempre tenía un plan. Y cuando tú llegaste te incluí en ellos; en mi plan A, B y C.
Supuse que te quedarías por siempre. Tú lo prometiste. Aun que ese no fue el problema. Fue el que yo te creyera. Fue el adelantarme a los hechos.
El suponer, ese fue el problema.
Me dí el privilegio de jugar con tu intacto corazón con la certeza de que el amor que sentías por mí nunca terminaría de marchitarse. Me equivoqué. Marchitó, marchitamos, los dos.
Jugué mis cartas apostando a lo más alto, y terminaste ganando la partida. Me ganaste en mi propio juego. Que cliché.

11.09.16

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