Quincuagésimo segundo punto

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Sonó el timbre e immediatamente una gran avalancha de alumnos entró en clase. Nos separamos enseguida y el libro se cayó al suelo. Mal presagio.
Te lavantaste incómodo y yo me fui a mi pupitre. Daniel nos miró con cierto asombro de vernos juntos y a solas en clase. Leire también lo hizo. Se acercó a ti mientras preguntaba algo, tú solo negaste con la cabeza mientras sonreías y abrías tu mochila. José empezó a hablarte sobre algún tema que poco te importaba. No prestaste atención a tu buen amigo.
Yo observaba todo desde el otro extremo de clase, desde mi pupitre solitario.
La voz de Daniel me sacó de mis pensamientos, le dijo a Anahí que a veces las personas que se aman no están destinadas a estar juntas. Já. Se equivoca, yo no creo en el destino.

Tus nuevos amigos aparecieron por la puerta y enseguida te incumbieron en asuntos irrelevantes como quién está más buena en clase o sobre que chica tiene mejores tetas. Tú te reiste y a diferencia que con José prestaste atención y contestaste que Leire a la segunda pregunta. Vaya...
Te miré, pero bajaste la mirada.
¿Enserio?
Daniel se sentó a mi lado, me apartó un mechon del cabello y lo puso tras mi oreja. Tu mejor amigo es un buen chico. No deberías hacerle esto.
Tú seguías con tus "amigos" riéndote y hablando sin parar.

-Daniel, ¿crees que existe el amor? ¿el verdadero amor?

-Sí. Claro que sí.

-¿Y qué se debe hacer cuando este duele?

-Si duele, querida, eso no es amor.

18 de Noviembre de 2016

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