35. Síntomas

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Alonso.

Cuando estuve de regreso en el castillo y Jos junto con Bryan me contaron que Bella ya se encontraba ahí me dispuse a irla a ver a su habitación.

Toqué un par de veces pero no respondía. Abrí la puerta lentamente y pude verla, acostada sobre la cama durmiendo plácidamente.

Volví a cerrar la puerta y me regresé hacia la sala en donde Jos se encontraba viendo televisión junto a Bryan.

—¿Te dijo algo? —preguntó Jos sin despegar la vista de la televisión.

—Se encuentra dormida. —le respondí mientras me sentaba a su lado.

Aún no puedo creer que Bella esté embarazada. La buena parte es que ella se encuentra aquí, está a salvo. No le faltará nada y yo mismo me encargaré de eso.

¿Se imaginan si su bebé es una niña? Sería una bellísima niña, con sus ojos verdes y lindo cabello castaño. Y si es un niño... Sólo espero que no sea igual a su padre.

—¿Alonso? —habló Jos sacándome de mis pensamientos.

—¿Sí? —respondí y volteé a mirar a ambos chicos quienes me veían con una ceja alzada.

—No hay problema, ¿verdad? —preguntó ahora Bryan.

—¿Sobre qué? —ambos rodaron los ojos.

—Tenemos que salir a hacer algunas cosas, ¿tú no saldrás hoy? —negué con la cabeza. —Bien, entonces me robaré a tú chófer-guardaespaldas por unas horas.

—De acuerdo, ¿no esperarán a la comida? —ambos se levantaron del sofá con dirección a la puerta.

—No, comeremos por allá. —y dicho ésto se fueron.

—Príncipe, la comida está lista. —me informó una de las señoras y asentí.

—Muchas gracias. —le respondí y levanté del sofá, debo ir a avisarle a Bella para que baje a comer.

Caminé hasta su habitación, miré la puerta de la habitación de mi tío y me acerqué. No se escuchaba ningún ruido dentro así que supongo que no se encuentra en el castillo. No sé a dónde va pero casi todos los días desaparece.

Retomé mi camino hacia el cuarto de Bella y una vez parado frente a él toqué dos veces. Escuché pasos provenientes de adentro y unos segundos después ella estaba parada frente a mí. Me quedé observándola unos segundos, su cabello estaba revuelto y tenía el maquillaje un poco corrido. Aún así ella se veía linda.

—Eh, la comida está lista. —le dije al ver que ella me miraba con una ceja alzada.

—Sí, gracias. —me respondió ella con una pequeña sonrisa, di media vuelta para regresar pero ella volvió a hablar. —Espera, ¿me podrías esperar? Aún no logro salir de mi habitación sin perderme. —le sonreí y asentí mientras ella entraba nuevamente a su habitación, se peinaba y quitaba el maquillaje que estaba corrido.

Unos minutos después ella salió de la habitación y comenzamos a caminar juntos hacia la cocina.

—¿Sucedió algo interesante después de que me fui? —preguntó ella con la vista baja.

—Creo que no. Tu novio salió detrás de ti después de que saliste de la cafetería.

—No me hables de él, por favor. —me pidió ella, volteé a mirarla y se veía triste, decepcionada.

No volví a emitir palabra alguna. Quería preguntarle porqué discutieron pero no quería parecer entrometido.

Así llegamos en silencio a la cocina. Me senté en mi lugar correspondiente y ella se sentó unos cuantos lugares más lejos de mí. Tal vez necesitaba su espacio y eso le daría.

Unos pocos minutos después nos sirvieron la comida. Era un filete de pescado que olía delicioso. Volteé a ver a Bella quien hacía muecas, se levantó de su lugar y comenzó a caminar hacia otro lado soplándose. Me levanté para seguirla y la miré, estaba apoyada en la pared.

—¿Te sientes bien? ¿Necesitas algo? —ella asintió repetidas veces.

—Creo que el baño. —asentí y le tomé la mano para guiarla al baño más cercano. —No te quedes aquí, por favor. —me pidió ella para después entrar al baño.

Me alejé un poco de la puerta, si se sentía mal no podía dejarla aquí abandonada.

Por los sonidos que lograban salir del baño parecía que estaba vomitando. Al parecer no le agradó el pescado. He estado pensando en poner a una de las señoras a cuidar a Bella para cuando se sienta mal y ninguno de nosotros esté con ella.

Minutos después ella salió y en cuanto me vio se tapó el rostro con ambas manos.

—Lo lamento. —dijo ella, me acerqué y le quité las manos de su rostro.

—No tienes porqué lamentarlo. Supongo que son síntomas del embarazo. —respondí encogiéndome de hombros, ella soltó un suspiro y fijó su mirada en mí.

—No, lamento estar molestando aquí. Yo no debería aprovecharme de esto, creo que debo irme a otro lugar. —habló rápidamente.

—No molestas, Bella. Yo te pedí que te quedaras aquí y si estás aquí es porque yo voy a cuidarte y junto con Jos y Bryan estarás bien aquí. —sus ojos comenzaron a cristalizarse, no quería verla llorar.

—Gracias. —dijo ella, asentí y le sonreí.

—Diré que preparen otra cosa para ti.

—No, no es necesario. —la miré seriamente.

—¿Se te antoja alguna cosa? Puedo llevarte a un restaurante buenísimo si quieres. —hizo una mueca, al parecer no quería.

—A decir verdad, me gustaría una hamburguesa. —dijo ella, ¿una hamburguesa? He oído de ellas pero nunca las he probado. —¿Sabes qué son, verdad?

—Eso creo. —respondí un poco avergonzado, ella sonrió.

—¿Vamos por una? Debes probarlas, en serio. —una inevitable sonrisa se dibujó en mi rostro, me causaba una extraña sensación verla tan feliz.

—De acuerdo.

—Pero yo invitaré. Tengo un poco de dinero. —comentó ella mientras se dirigía a las escaleras y yo la seguía.

—¿Estás segura? Yo puedo pagarlas. —Bella negó mientras ambos subíamos.

—Tú no las pagarás, te las regalarán. —sonreí, ella tenía razón, a todos los lugares que iba siempre me regalaban las cosas. —Así que yo las pago.

—Como quieras. —respondí y caminamos hacia su habitación.

No cruzamos alguna otra palabra, cuando llegamos a su habitación minutos después ella salió con su enorme sudadera, lentes de sol y gorro que ya le había visto antes.

—¿Es necesario esconderse? —pregunté, ella asintió.

—Deberías hacerlo tu también. —hice una mueca.

—Yo no tengo porque esconderme. No tengo una novia celosa que me prohiba estar con otra chica. —ella bajó la mirada y me sentí culpable por haber hecho ese comentario, no tengo que soltar todo lo que me cuentan. —Lo lamento. —le dije y ella sonrió débilmente.

—No importa.

Ambos bajamos las escaleras nuevamente y salimos del castillo hacia mi auto.

Creo que es la primera vez que saldré solo con ella.

The Prince #1 Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora