23. "No puedo creerlo..."

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Isabella.

Decidí acompañar a Bryan a instalarse en el cuarto que el príncipe le cedió para vivir en el castillo ya que no tenía nada que hacer en casa y no quería ver la cara de Victoria.

—Este lugar es enorme. —dijo mientras observaba todo detalladamente.

—Acostúmbrate. —dijo Jos mientras nos guiaba a la cual sería la habitación de Bryan. —Si quieres puedo obsequiarte un mapa, lo tengo desde el primer día en el que estuve aquí. —dijo orgulloso de sí mismo.

—Me parecería bien. —respondió mi amigo y yo sólo solté un suspiro.

Llegamos a una habitación y Jos nos cedió el paso, entré detrás de Bryan y me sorprendí ante tal magnitud de la habitación. Aquí podría vivir una familia de seis integrantes aproximadamente.

—Alonso... O mejor dicho: el príncipe, te espera abajo para darte indicaciones de tu trabajo. —dijo Jos y Bryan asintió. —Los veo abajo. —antes de salir me guiñó un ojo y me dedicó una sonrisa a lo que yo lo ignoré.

—¿Crees que sirva la televisión? —pregunté mientras me quitaba los lentes oscuros y el gorro que traía puesto.

—No tengo idea, inténtalo. —asentí y tomé el control remoto para después encender la televisión la cual funcionaba de maravilla.

—Sí funciona. —anuncié sonriendo.

Buscaba canales con algún contenido interesante mientras Bryan desempacaba sus cosas. De un momento a otro el noticiero se hizo presente en la televisión con una nota de hoy.

Éstos últimos días se le ha captado al príncipe con algunas chicas en el centro de la ciudad. ¿Será que anda en busca de su alma gemela?

Mientras decían eso pasaban imágenes de algunas citas del príncipe. Para ser más específica solo pasaron fotos de Nat, Clarisa y, por lo que puedo reconocer, mi espalda.

—Ésta tarde nuevamente se le ha captado con una nueva chica, pero no iban solos. Al parecer iban acompañados de José Canela, el hijo del abogado de su fallecido padre.

Una foto de nosotros subiendo al auto del príncipe se hizo presente en la pantalla. No sabía qué decir. Afortunadamente mi rostro no era reconocible ya que llevaba los lentes oscuros y ese gorro y gigantesca chamarra hacía que no me viera como yo.

—Vaya, espero que Alfredo no reconozca esa ropa, porque estarías en graves probablemas. —dijo Bryan detrás mío, giré lentamente a mirarlo y él sólo se encogió de hombros.

Un par de segundos después mi celular comenzó a sonar. Pensé que se trataba de Freddy pero mi pulso volvió a la normalidad cuando leí Cassandra en la pantalla, así que le respondí.

—¡Hola! —saludé feliz, demasiado para mi gusto.

—¿Cuándo pensabas contarme? —preguntó con cierto tono de molestia el cual me pareció extraño, ¿qué debía contarle?

—¿A qué te refieres? —pregunté, del otro lado de la línea escuché un suspiro por parte de mi amiga.

—En el parque. Dentro de veinte minutos. —dijo y terminó la llamada.

—¿Era Cassandra? —preguntó Bryan cuando me vio guardar mi celular.

—Sí. Quiere hablar conmigo. —solté un suspiro y mi amigo se aventó a su nueva cama.

—Pues ve. Imagino que hace tiempo que tampoco pasas tiempo con ella. —mencionó y rodé los ojos con expresión divertida.

—Sí, hace tiempo que no platico con ella. —me levanté de la cama y dí un beso en la mejilla de Bryan. —Nos vemos luego, espero que vayas a visitarme a mi casa porque no puedo estar aquí cuando yo quiera, y menos si Freddy se entera. —mi amigo puso los ojos en blanco.

—Piensa en lo que te dije sobre él, ¿de acuerdo? —asentí. —Si ves al príncipe abajo dile que en un momento bajo.

—Bien. Nos vemos, Bry. —me despedí para después salir de la habitación.

Ahora solo debía salir de éste laberinto.

(...)

Quince minutos después ya me encontraba en el parque, el olor de unos churros que vendían ahí mismo llegó a mí haciendo que se me antojaran por lo que no dudé en comprarme unos.

Pasaron los minutos y pude divisar a mi amiga quien venía caminando con seguridad, así es ella, cien por ciento segura de ella misma.

—Hey, Cass. —saludé cuando llegó y se paró frente a mí con los brazos cruzados y expresión seria. —¿Quieres un churro? —pregunté mientras extendía mi bolsita de papel con el contenido en ella.

—Tú odias los churros, Isabella. —dijo y abrí mis ojos con sorpresa.

—Pues ya no es así, saben deliciosos. —dije sonriendo mientras ella continuaba mirándome seria.

—¿Ya estás dispuesta a contarme? —preguntó impaciente y se sentó junto a mí en la banca.

—¿Qué se supone que debo contarte? —cuestioné mientras me llevaba el último churro a la boca.

—¡Sobre tú y Freddy! —gritó en un susurro. —Alan me ha contado que tienen problemas. —hizo una mueca y yo solté un suspiro.

—Sí, pero... Ya te habías dado cuenta de eso. —dije y ella continuaba mirándome con atención. —Sólo... Hay un poco de malentendidos entre nosotros pero se pueden arreglar, o eso espero. —ella suspiró y me envolvió en un abrazo.

—Así será, ya lo verás. —asentí y nos separamos. —Ahora sí, cuéntame... —alzó una ceja. —¿Desde cuándo te gustan los churros? —me encogí de hombros.

—Su olor hizo que se me antojaran. —ella continuaba mirándome con una ceja alzada.

—Alan también me contó...

—Has estado mucho tiempo con Alan, ¿no es así? —la interrumpí y sus mejillas se tornaron rojas. —No puedo creerlo... ¡Sí has estado con él! —una sonrisa se formó en su rostro y soltó una pequeña risa.

—Es un buen chico y... Creo que le daré una oportunidad. —soltó un suspiro y yo abrí mis ojos sorprendida.

—¿¡Hablas en serio!? —asintió. —¡Eso es....! —horrible, si ella sale con Alan significa que no podrá salir con el príncipe, pensé. —Es bueno. —dije un poco más tranquila.

—Ya sé. —soltó un suspiro sin borrar la sonrisa de su rostro. —No sé cómo pude ignorarlo antes, probablemente desde hace tiempo seríamos novios pero siempre lo rechazaba. —hizo una mueca y yo asentí dándole la razón.

Repentinamente sentí los churros subir por mi garganta.

Estúpidas ganas de vomitar.

—¿Te sientes bien, Isa? —preguntó Cassandra preocupada, solo logré negar con la cabeza, aún sentía el sabor del vómito en mi garganta.

—Tengo que ir al baño. —dije mientras me levantaba.

—¿A cuál? Aquí no hay baños, Isabella. —reprochó mi amiga.

—¡Ya lo sé! Sólo... ¿Podemos ir a tu casa? —pregunté, sentía que las lágrimas amenazaban con salir.

Ésto no puede ser lo que estoy pensando.

—Vamos. —dijo Cassandra y me tomó del brazo para caminar a tomar un taxi y volver a su casa.

The Prince #1 Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora