30. "Vete de aquí"

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Isabella.

—¿Estás segura de que no quieres que entre contigo? —preguntó Bryan por quinta vez durante el trayecto del parque de diversiones hacia casa de mi tío.

—Estaré bien, Bryan. Sólo no te vayas, ¿sí? —mi amigo asintió y bajé del auto nerviosa.

Comencé a caminar hacia la entrada de la casa, había olvidado las llaves así que decidí tocar el timbre. Mis nervios comenzaron a aumentar cuando escuché pasos acercarse a la puerta.

Segundos después Victoria estaba frente a la puerta.

—¿Y tus llaves? Para la próxima te dejaré afuera. —dijo, iba a entra a la casa pero se detuvo a ver hacia afuera. —Yo conozco ese auto... —entrecerró los ojos, la empujé hacia adentro para evitar que descubriera a quién le pertenecía el auto y una vez que ambas estuvimos dentro cerré la puerta.

—¿Está mi tío? —pregunté y ella asintió desinteresada.

—Subió, supongo que en un momento baja. —respondió y se sentó en el sofá a mirar su celular.

Suspiré y me senté en otro sofá alejado de ella.

Aún estaba nerviosa, no quería que mi tío se sintiera decepcionado de mí. Pero, ¿y si lo hacía? ¿Cuál sería su respuesta?

—Hola, Isa. —saludó mi tío acercándose a mí y dando un beso en mi mejilla. —¿Cómo te fue con Freddy? —preguntó y se dirigió hacia la cocina, me puse de pie y lo seguí.

Almenos aquí Victoria no escucharía.

—Bien. —respondí, estaba decidida a decirle en este preciso momento pero Renata entró a la cocina.

—Niña, ¿qué te pasa? Te ves cansada y un poco pálida. —comentó mirándome con una mueca en el rostro.

—E-Estoy bien. —tartamudee, mi tío me miró con el ceño fruncido.

—¿Estás segura, Isa? Te conozco a la perfección y Renata tiene razón. —mi corazón comenzaba a latir aceleradamente.

¿Debería decirle de una vez? Pensándolo mejor, le pediré hablar con él en privado.

—¿Podría hablar contigo en privado, tío? —pedí, ambos volteamos a ver a Renata quien rodó los ojos y salió de la cocina.

—¿Qué pasa, Isabella? —preguntó mientras ambos caminamos hacia una silla para sentarnos.

—Tengo... Algo que contarte, tío. —comencé nerviosa jugando con mis dedos, él me veía con atención lo cual me hacía sentirme más nerviosa.

—Dime, Isa. Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea. —tomó una de mis manos, veía en sus ojos que no esperaba nada malo pero yo sabía y sentía que se sentiría decepcionado de mí.

—Solo... No quiero que te enfades conmigo. —sé que estoy alargando las cosas, pero en verdad me siento nerviosa.

—Solo dime de una vez, Isabella. —tomé el aire suficiente intentando tranquilizarme, abrí mi boca y las palabras salieron de mí.

—Estoy embarazada. —pronuncié y sus ojos se abrieron, estaba sorprendido.

Estaba esperando a que dijera algo, no pronunciaba palabra alguna. Solo veía hacia todos lados tratando de procesar la información.

—Sabía que ésta niña era una zorra. Apuesto a que ni siquiera es bebé de su novio. —interrumpió Renata entrando a la habitación y haciendo que mi tío volteara a verla.

—Renata, te pido moderar tus comentarios hacia mi sobrina. —la retó mi tío levantándose de la silla.

—¿¡Es que acaso no ves!? —exclamó. —¡Tratará de sacarte dinero! ¡No es justo que por su calentura ahora te afecte a ti! —no quería pelear con ella ahora, sabía que si decía algo mi tío se enfadaría conmigo.

Ella me veía con asco. ¿¡Por qué mi tío no decía algo!?

—Será mejor que no viva aquí. Si ella tomó la decisión de acostarse con un hombre que ahora sea lo suficientemente madura como para hacerse cargo de su error. —me levanté indignada de mi lugar y caminé hacia ellos.

—¡Tú no eres nadie para tomar decisiones en ésta casa! —dije cuando me puse frente a ella. —¡Dile algo, tío! —volteé a verlo esperanzada de que saliera en mi defensa, pero en su rostro se reflejaba la decepción y finalmente me miró.

—Ella tiene razón, Isabella. Tienes que irte. —fruncí el entrecejo.

—Pero....

—Vete de aquí. —pronunció mi tío interrumpiéndome, sentía el nudo en mi garganta a punto de estallar y comenzaba a nublarse mi vista.

Me retiré de la cocina sin decir palabra alguna y subí a mi habitación para arreglar mis maletas.

Tomaba toda la ropa que tenía y la metí en las pequeñas maletas que tenía cuando me vine a vivir a casa de mi tío cuando tenía solo cuatro años.

—Al fin te largas de esta casa. —dirigí la mirada hacia donde provenía esa voz y vi a Victoria parada en el marco de la puerta. —¿Quién lo diría? La que salió embarazada fuiste tú. —soltó una risa burlona, una lágrima resbaló por mi mejilla.

—Déjame en paz, Victoria. —pedí, escuché el sonido de sus tacones chocar contra el piso y en unos segundos estuvo sentada en la orilla de la que solía ser mi cama.

—¿Te largarás a vivir con Freddy? ¿O con el príncipe? —volteé a verla, sonreía burlona y yo solo tenía ganas de darle un buen golpe en su cara. —Me pregunto... ¿De quién será el bebé? —alzó una ceja, mis ganas de golpearla aumentaban.

—No sé de qué demonios estás hablando, loca. —cerré mi maleta y caminé hacia mi mesa de noche en la que tenía varios libros apilados y los tomé para meterlos en una bolsa.

—Por supuesto que lo sabes, Bella. —volteé a mirarla, ella nunca me llamaba así. —De verdad que eres despistada, Isabella. —se levantó de la cama y comenzó a revolver mi armario del que aún no sacaba ropa.

—Vete de aquí, no necesito que me estés molestando en éstos momentos. —repentinamente arrojó un suéter gigantesco a la cama, creo que sé a dónde quiere llegar con esto.

—No te deshaces de la evidencia. Eres estúpida, Isabella. —una sonrisa cruzó por su rostro y comenzó a caminar hacia la puerta pero la tomé del codo.

—¿A dónde quieres llegar con esto, Victoria? —le pregunté, ella negó con la cabeza.

—A ningún lado, querida prima. Solo te doy consejos para la próxima vez que salgas con el príncipe, sólo recuerda que si no te deshaces de la evidencia... Alguien se puede enterar. —guiñó un ojo y se soltó de mi agarre para después salir de mi habitación.

Me quedé perpleja ante su comentario.

Sabía que ella se refería a que Freddy podía enterarse de que salí con el príncipe algunas veces pero nunca fue a una cita, solo era para ayudarlo en sus citas.

Traté de olvidar lo que había pasado hace unos minutos y terminé de empacar todo y una vez lo hice bajé mis maletas una por una.

—Tienes que aprender a hacerte responsable de tus actos. —dijo mi tío antes de que saliera de su casa.

—Lo haré, gracias por todo. —le dije tratando de contener las lágrimas, él asintió y me dispuse a salir de la casa en la que había crecido los últimos años.

Bryan, al verme, salió rápidamente del auto y me miró confundido.

—No puede ser posible. —dijo y frunció el ceño, asentí y dejé que las lágrimas acumuladas salieran al hacer contacto con mi amigo.

Me abrazó y me dejé llevar. Las lágrimas salían sin parar y él acariciaba mi espalda consolándome.

Ahora... ¿A dónde debería ir?

The Prince #1 Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora