Desperté de madrugada y en lo primero que me fijé fue en la sombra de un hombre en el ventanal, no se movía, por lo tanto no se había percatado de mi presencia, coloqué suavemente mis pies sobre el piso, tratando de no hacer ruido, pero fue en vano, de igual manera ese alguien volteó y se levantó acercándose lentamente en mi dirección, no pasaron demasiados segundos cuando me di cuenta que se trataba de Ian, la forma de su cabello y su altura lo delataron, suspiré con alivio y me quede sentada al borde de la cama.
-¿Qué haces aquí?_dije dubitativa, definitivamente no esperaba que él estuviese en el cuarto. El colchón se hundió un poco cuando se sentó a mi lado.
-Nada, no podía dormir. Vine a ver si te encontrabas bien_contestó con calma. Su aliento olía levemente a vino, era agradable, muy dulce.
-Lo estoy_hice un gesto con los labios_¿tú estás bien?, te veo muy cansado, desde hace días_mi voz salió suave y con algo de tristeza, tristeza que yo sentía al verlo así.
-Si_dijo seco_lo siento por lo de Marcos, deberías estar en tu casa.
-No hay problema, Ian, no es tu culpa_toqué su hombro_deberías dormir.
-Ya va a amanecer en dos hora, no es necesario, luego nos iremos_se puso de pie y me miró, sus ojos azules centelleaban en la oscuridad_Mark nos llevará_añadió.
-¿Alguna novedad?, ¿Mark te dijo algo?_pregunté con temor, tenía miedo de que las cosas hubiesen empeorado.
-No, nada importante, no te preocupes. Deberías dormir de nuevo_habló serio y se dispuso a salir.
Sinceramente creía que me arrepentiría de las palabras que diría, sin embargo las dije, segundos después la vergüenza se apoderó de mi sistema.
-Quedate conmigo... por favor_lo miré con firmeza, tratando de demostrar que no me avergonzaba para nada, pero lo cierto era que por dentro estaba temblando. Lo más increíble fue su respuesta, él había aceptado al instante, sin dudar. Sólo meneó la cabeza, pero fue suficiente.
Se acostó sin quitarse los zapatos y cubrió su cuerpo hasta la mitad, yo seguía sentada al borde de la cama, no tardè tanto en introducirme también, aunque no lo hice con toda la comodidad del mundo. Los dos nos ubicabamos en cada extremo de la gran cama, el silencio reinaba en la habitación y era excesivamente incómodo. Me coloqué de costado para poder observarlo, giró la cabeza y me brindó una sonrisa casi invisible, tomó una de mis manos entre las suyas y suspiró. No hice ningún gesto, me limité a mirarlo, supongo que mis ojos daban a entender cada emoción.
-Ven aquí_jaló mi mano con suavidad. Entrecerré los ojos sin comprender del todo.
¿Me estaba pidiendo qué me acerque mas?, eso era demasiado raro en él que no podía creerlo, pero a la vez me sentía afortunada de poder estar a su lado, de poder sentirlo, me sentía extremadamente feliz cuando me encontraba junto a él, tanto que asustaba. Tenía un profundo miedo de que algo pudiera ocurrirle, si eso pasa lo buscaría por mar y tierra, por este hombre daría todo. No puedo decir que lo amo porque no estoy segura de eso, esta extraña relación comenzó hace poco, pero desde que lo ví la primera vez en mi primer día de trabajo no pude parar de pensar en él, en sus ojos, su cabello, en su carácter algo especial... sin embargo estoy segura de algo, lo quiero inmensamente.
Me acerqué y coloqué mi cabeza debajo de su axila, rodeè su abdomen con uno de mis brazos y cerré mis ojos escuchando su respiración.
-Duerme, Ian_hablé quedamente_estarás muy cansado mañana_lo oí suspirar despacio.
Me ignoró.
-Duerme_susurró y colocó bien algunos mechones de mi cabello_estoy bien_agregó.
Subí la mirada hacia su rostro y acariciè con mi mano desde su mejilla hasta el mentón, podía sentir la barba incipiente por su perfecta piel. Cerró los ojos por un instante y luego los volvió a abrir. No estaba dispuesto a descansar, ya no había nada que discutir con Ian, cuando decide algo no hay nadie que lo haga cambiar de opinión.
-¿Vas a dormir?_preguntó neutro.
-Sí, ya_contesté. Asintió y estiró la manta hasta mi cintura, yo volví a pasar mi brazo por su torso.
¿Cómo es qué Ian podía pasar de estar tierno a estar carente de emoción?, no lo comprendo, pero tampoco me importa mucho, es una parte de él.
-¿Buenos días?_me dijo algo divertido, pero a la vez su voz sonaba apagada. Acarició mi brazo y luego habló_tienes una hora para dormir.
-Sí, señor_dije de broma_ya no voy a pedirte que descanses, no lo harás_añadí dispuesta a dejar de hablar para poder dormir, en verdad quería hacerlo, mis párpados ya no aguantaban.
-No lo haré_respondió a la par que dejó de mover sus dedos por mi brazo, dejó intacta sobre mi piel su gran mano y con la otra reacomodó la manta.
-Hueles a vino, me gusta_dije al borde de caer dormida, me reprendí mentalmente por no dejar de hablar.
Su pecho se elevó cuando largó una risa inaudible. Lo siguiente que hizo fue posar sus labios en los míos por algunos segundos.
-Está bien, Nina. Duérmete, vamos a desayunar tarta de manzana_dijo como si yo fuera una niña, y eso es lo que yo sentía que era cuando me hablaba con ese tono de voz dulce.
No respondí, me limité a dormir.
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-Disfruta la vida.
