Menos mal

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"Hoy estuve pero no estuve, se durmieron todas mis ganas. Tanta lluvia en mí, tan cansado en medio de esta encrucijada".

Las reuniones constantes, casi diarias, solo eran un anticipo frente a todo lo que se venía. Claro que me emocionaba y me enorgullecía por haber logrado liderar un proyecto tan importante para el futuro de España, el futuro de tantos niños y de tantas familias, pero eso no quitaba que me agobiara y que me diera un poco de miedo lanzarme al vacío de esa forma. Era una responsabilidad inmensa, una tarea que requería tiempo, concentración y varias horas al día y a veces también en la noche pegada a un ordenador. ¿Iba a ser capaz de lograrlo cuando las horas de sueño ya me ponían más idiota de lo normal?, ¿cuándo ya no tenía tiempo de ni siquiera ver con regularidad a mi familia ni pasar la tarde jugando con Blanca? Sabía que tarde o temprano esto pasaría, pero al parecer la coraza de mujer maravilla comenzaba a despedazarse ahora que me encontraba sentada en el sofá bebiendo un refresco energizante a las once de la noche para no quedarme dormida terminando un informe que debía ser entregado a primera hora de la mañana. Marina ya había hecho su parte y agradecía su apoyo siempre, cada vez que me veía agobiada me ofrecía que alguien más ocupara mi puesto, que yo podía seguir apoyando desde más atrás. No lo aceptaba, no quería defraudarme a mí misma.

"Voy buscando y de nuevo tropecé quedándome sin fe, sin salida a lo que siento y quise estallar pa' olvidarme de la parte que no entiendo".

Me agobiaba ver la página en blanco en Word porque mi cerebro simplemente no lograba funcionar y era jodidamente frustrante que ni una sola y miserable palabra apareciera en la pantalla. Mi mal genio había aparecido, Sofía lo notaba, me alteraba por cosas miserables como por ejemplo que ocupara mis tazas sin pedirme permiso o que caminara demasiado lento cuando andábamos por el centro. Pablo también me lo había advertido en alguna conversación por teléfono sostenida en los últimos días cuando no podía aguantar siquiera una broma. Quería dormir como lo hacía antes, quería comer como lo hacía antes, tener tiempo para el ocio, para sentarme a ver alguna película o salir con mis amigos.

Todo parecía demasiado, el mundo me quedaba grande y me sentía incapaz, incapaz de seguir. Mi lado racional entendía que exageraba y era solo el estrés, más el lado emocional solo me exigía detenerme, pegarle en la pantalla al ordenador, echarme a llorar unos minutos para después dormir.

"Menos mal que por momento en esta amnesia de vida. Menos mal que aparecías con el sonido de tu risa".

El sonido de la llave en la cerradura me hizo poner en alerta porque no esperaba a nad... ¡Pablo! ¡Me había dicho que llegaría! Y yo lo había olvidado por completo. La casa era un desastre, la cama era un desastre, la cocina era un desastre, yo era un desastre. ¿Cómo podía haber olvidado que llegaría? , ¿tan lejana de mi realidad me encontraba olvidando que el hombre que amaba llegaría por fin a mis brazos? Mierda.

-Buenas noches.

Apareció con su gorra habitual, su sonrisa de niño y un buzo deportivo acompañado de dos maletas. El cansancio era visible en su rostro, y aun así seguía causándome las mismas sensaciones que en el principio. Él estaba aquí, aquí a mi lado y yo no era capaz de perdonarme a mí misma por haberme olvidado. Estábamos tratando de llevarnos bien para trabajar en nuestra relación y yo allí, olvidándome de él.

Pablo parecía sorprendido por el desastre en que se había vuelto nuestra casa, mirando de un lado a otro.

-¿Pasó un huracán por aquí?

Bromeó dejando a un lado sus maletas. Su semblante cambió arrepintiéndose de lo que había dicho al notar que yo no era capaz de mostrar emoción alguna.

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