Capítulo 11: El baile (Parte dos)

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Disclaimer: Alice in Wonderland 2010 pertenece a sus respectivos dueños. Sólo escribo por placer y sin fines de lucro

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|Capítulo 11|

|El baile (segunda parte)|

Tarrant llevó a Alicia de la mano hasta el centro de la pista.

Estaban allí, mirándose a los ojos, parados tan cerca. La música comenzó a sonar. Era una melodía lenta y suave. Las luces de la pista se tornaron leves y la pareja comenzó a balancearse con cuidado. Alicia sonreía, él también. Ambos estaban felices, habían deseado estar juntos tanto tiempo.

Unos minutos después, la Reina entró en la pista con un cortesano. La siguió otra pareja de personas en la izquierda de Alicia y luego todos bailaban. Sin embargo, había dos personas que se perdieron lo que sucedía alrededor porque se estaban concentrando en los ojos de su pareja. Estaban, como de costumbre, en su propio mundo. En una burbuja en donde los segundos eran horas. Tarrant y Alicia estaban bailando, esperando que el otro diga algo, pero ninguno de los dos sabía realmente qué decir.

De repente, haciéndolos volver al mundo real, la música lenta frenó y las luces empezaron a brillar con un cambio incesante de colores. Comenzó a sonar una música más frenética, más alegre. Era una música conocida por Alicia, era el Futterwacken. El Sombrerero se separó de Alicia y comenzó a mover las piernas y su cuerpo alocadamente y en contra de las leyes de la naturaleza del mundo de arriba. Pero aquí, en Infratierra todo eso era normal. Alicia se sumó al baile alocado y movió su cuerpo tanto como pudo. Todos reían.

Ya era muy tarde en la noche, Alicia comenzaba a preguntarse cuando terminaba la fiesta.

―Sombrerero ¿Cuánto dura esta fiesta?

―Tanto como uno aguante. Una vez, una fiesta duró todo un día porque un hombre había bebido de más y era el único que estaba bailando. Pero tú te puedes ir cuando quieras si estás cansada.

―Sólo un poco, creo que aguantaré algo más― le dijo ella.

―Tengo una idea, ¿Quieres tomar aire fresco? Quizas ayude a que no te duermas― se le ocurrió a él.

―Me gustaría ir a tomar aire.

―Pues, vamos entonces― el Sombrerero estaba otra vez ofreciendo su brazo a la joven de la manera más caballerosa posible. Ella se aferró a su brazo enseguida.

Salieron del castillo y se dirigieron al jardín que a diferencia del resto del lugar, tenía rosas rojas.

―No creí que hubiera flores de un color distinto al blanco en Marmoreal― dijo Alicia.

―Pues, luego de que te marchaste, Mirana las mandó a pintar así. Con la esperanza de que volvieras― le contó el Sombrerero.

―Yo...― ella se sintió avergonzada ―. No creí que yo fuera tan importante como para que hiciera cosas así. El baile, las rosas, el vestido que me diste. No sé por qué me aprecian tanto aquí.

―Porque eres nuestra amiga, Alicia. En Infratierra cuidamos a los amigos― el Sombrerero le sonrió.

Estuvieron caminando por ese jardín durante algunos segundos más en silencio. La luz de la luna hacía que todo se viera azulado. Alicia sabía que el momento era aquí y ahora. Se sentaron una banca, que estaba cerca de un manzano. El Sombrerero fue el primero en hablar.

― ¿No es una noche hermosa? El clima está contento. Es todo por ti.

―La noche es mucho mejor, estando tú aquí.

Él le dirigió una mirada de dulzura.

―Ese vestido te queda... hermoso.

―Gracias.

―O sea, tú ya eres hermosa. No creo que necesites un vestido en particular para verte hermosa. Tú y tu estatura adecuada. Creo que ya te he dicho que tu estatura es genial ¡Es apropiada para ti...!― exclamó exaltado.

― ¡Sombrerero!

― ¿Sombrerero? ¿Fez?― preguntó él, saliendo de su locura ―. Estoy bien.

Alicia no pudo evitar reírse.

― ¿Sabes?― dijo, viéndolo a los ojos ―. He estado queriendo preguntarte algo desde que llegué.

― ¿Qué cosa, querida?

Ella suspiró para ganar coraje.

― ¿Qué somos?

El Sombrerero sonrió nerviosamente. No esperaba esa pregunta.

―Buenos amigos, ¿Por qué?

―Es que... ¿Nunca te has preguntado si podríamos ser... algo más?

―Bueno, yo... yo...― Tarrant se había puesto aún más nervioso. Si no fuera por la oscuridad, se notaría lo sonrojado que estaba.

―Si no quieres responder está bien. Sólo preguntaba― ella se sintió decepcionada. No había salido como lo pensaba.

―En realidad, Alicia― comenzó a decir él ―. Desde el Frabulloso Día que he querido preguntarte exactamente lo mismo.

― ¿En serio?

Tarrant le tomó las dos manos.

―Yo quería preguntarte, en realidad decirte...― suspiró mirándola ―. Que yo siempre he tenido sentimientos por ti.

Alicia le sonrió como no había sonreído en años.

―Yo también. Yo también tengo esos sentimientos por ti, Tarrant.

Hubo un minuto de silencio y luego comenzaron a acercarse. Esos dos cuerpos que se llamaban, esos labios que esperaban hacia tanto tiempo fundirse se encontraron en un beso. Un beso largo y confortante. Un beso que ninguno de los dos consideraba real. Cuando al fin se separaron, ninguno se atrevió a abrir los ojos. Temían abrirlos y no encontrar al otro.

Entonces, se arriesgaron y los abrieron. Ambos seguían allí. Se abrazaron y se quedaron en silencio observando las estrellas. Estaban felices.

No sabían que había un hombre malvado que los observaba.

Continuará...

Si te interesó esta historia y quieres leer más sobre Alice in Wonderland, puedes ver mis historias "La igualdad entre el cuervo y el escritorio" o "Sueños" o "El vacío que tú llenaste".

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Cereza Queenie


La igualdad entre el cuervo y el escritorio [AliciaxSombrerero]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora