CAPITULO III

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A mi papa no le agrado la noticia de que había ingresado al convento pero no le quedaba de otra que aceptarlo, sin embargo su arranque surgió varias horas después, cuando yo había preparada mi baúl, exploto dijo que me lo prohibía y salio de la casa, según mi madre estaba tan molesto que fue a casa de su amigo, un viejo conde que vivía a poca distancia de nuestra casa, todo lo que sabia de dicho Conde es que nunca salia pero mi papa lo visitaba cuando quería hablar con alguien, yo subí a dejar mis cosas en orden estaba cansada de los últimos acontecimientos, todo que quería internarme lo antes posible

sin mas  que pensar ingrese al otro día al convento, cuando me instale en mi celda, por primera vez en mi vida sentí lo que es la soledad, me sentía sola pero era algo que yo me había buscado con mi decision, era diferente a cuando estudiaba aquí, en aquel entonces los dormitorios los compartía con dos chicas mas y estaban en los pisos donde mas sol daba, ahora estaba en la parte baja del edificio, donde era complicado que la luz del sol llegara 

 Las reglas aquí son muy simples – dijo la madre superiora, pues ella me recibió en cuanto llegue  – oramos y servimos a dios, te queda claro, en eso deben estar tus pensamientos día con día, esta vocación no es fácil y no gozaras de los privilegios de cuando eras alumna

- Si madre, lo se no deberá preocuparse sabes que siempre e cumplido con las obligaciones que se encomiendan

- eso es soberbia y es pecado, pero lo dejare pasar por esta ocasión pues es tu primer semana, pero Charlotte piensa bien si tu quieres dedicar tu vida a esto - sin mas me dejo en mi celda y se fue 

La primer semana paso volando y en menos de lo que pensaba yo ya me encontraba adaptándome a la vida del convento, mi celda era fría pero conforme pasaron los días, logre sentirla mía y el silencio era acogedor me daba una paz interior que no podía expresar con palabras, pero saberme alejada de mi familia y humillada por Alberto me dolía demasiado, me acople al trabajo en el convento lo antes posible, no quería darle motivo para que me sacaran, sin embargo me gustaba estar ahí, sobre todo ayudar en el jardin con los rosas 

Me dedicaba a barrer el jardín,  orábamos cinco veces al día, también ayudaba en la cocina y por supuesto ayudaba a las niñas que entraban al convento para recibir su educación, siempre era muy feliz de sentirme útil y aquí estaba logrando olvidar mi dolor pero sobre todo mi desamor me dolía tanto el rechazo de la persona que creí el amor de vida que ya no sabía que hacer o si sobreviviría una tarde mientras estaba haciendo mis labores de limpiar la capilla llego mi amiga Marsha, ella había estudiado conmigo todo el tiempo de colegio y también brindaba servicio con migo dentro de la parroquia

- Charlotte – dijo mientras me abrazaba – como estas amigas, no sabes la falta que me has hecho amiga - la silencie pues estábamos dentro de la capilla, la lleve al jardin para poder hablar 

- Y tú a mí pero dime que me cuentas – le pregunte sin tratar de verme ansiosa, tenia un poco de curiosidad, pues había perdido la noción de los días 

- Todo normal – dijo ella – la mayoría de las familias ya están en Londres buscando marido, pero mis padres dicen que esta temporada no iremos, prefiere que esperemos entonces me quedare aquí aburrida, pero Charlotte tengo algo que contarte – dijo de manera muy seria mientras tomaba sus manos

- Pero dime que es, parece que es grabe - parecia mas seria de normal - por Dios Marsha dime que es lo que pasa – le pregunte preocupada por la reacción que tuvo

- Hace unos días me encontré con tu hermana por las calles, pero muy alejada de las tierras de tus padres – parecía dudosa de hablar 

Amores TraicionadosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora