14. Nicholas Wellington, te amo.

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El primer fin de semana en la mansión Wellington. Tanto mis padres, como los de Nick sabían que algo pasaba entre nosotros. Estaban conformes con nuestra relación, aunque nunca querían dejarnos solos en casa, por lo que siempre había alguien. Además de que se les hacía incómodo vernos dándonos muestras de afecto frente a ellos, por eso tratábamos de evitarlas.

Solo serían un par de semanas, hasta que mis tíos pudieran encontrar un lugar para vivir, cómodo y lindo.

— ¡Ivanna, ven a ayudarme a terminar de cocinar el salmón! —gritó la mamá de Nick desde la cocina.

Me acerqué a ella, y la ayudé, amablemente, a preparar la cena.

— ¡Carajo! —exclamó cerrando la puerta de uno de los muebles.

— ¿Hice algo mal? —pregunté inocentemente.

— No, no, fui yo. Espérame aquí un segundo, voy a buscar las verduras para las ensaladas al supermercado. En veinte minutos vuelvo —dijo acercándose a la puerta. La cerró y cuando esto ocurrió Nick apareció como rata escurridiza.

— ¿Se fue?

Asentí entre risas. Se acercó a mí, me subió a la mesada, junto a lo que estaba preparando se encontraba, y comenzó a besarme.

— No hay nadie en la casa, ¿cierto?

— Cierto.

— Y mamá te dejó sola porque pensó que estaría en la casa de alguno de los chicos, ¿cierto?

— Así es.

— Vamos arriba —dijo entre besos.

— Tu madre nos va a descubrir.

— No-o.

. . .

— Nicholas Wellington, te amo —dije dándole un beso, recostada sobre su torso desnudo.

— Puedo decir lo mismo, Ivanna Bastille.

Escuché el auto entrando en la casa. Me acerqué a la ventana y vi dos autos en la puerta. El padre de Nick, y mi tío bajaban de uno; y la mamá de Nick y mi tía de otro.

— Oh por Dios, LLEGARON —le dije a Nick alarmada—. ¿Dónde está mi ropa? —Sostuve la sábana que envolvía mi cuerpo con ambas manos.

— Tranquila... Nunca sabrán, porque yo, Nicholas Wellington te ayudaré. Por cierto, tu ropa está allí —señaló junto a su escritorio.

Corrí rápido a buscarla, pero cuando estaba agachándome para tomarla, la perilla de la puerta estaba siendo girada. Nick señalaba el baño, y yo me metí en este.

— Qué raro, me pareció escuchar ruidos que provenían de la habitación de Nicholas —se escuchaba del otro lado.

Podía ver todo por una pequeña abertura de la puerta. No era fácil estar envuelta en sábanas escondida en la habitación de tu novio, cuando tendrías que estar preparando la cena.
Nick, por su parte, supuestamente no iba a estar en la casa, pero se encontraba desnudo como la persona más tranquila del mundo.

— ¿Nick?

— Papá... Yo... Puedo explicarlo —dijo tapándose con una revista PlayBoy, que tenía junto a su cama.

— No, hijo, tranquilo. Lo entiendo, nunca tuvimos "la charla". Ahora creo que estás un poco mayor para esa charla, pero sabes que puedes decirme lo que sea. Es más, si necesitas nuevas revistas para excitarte está bien. Me hubiera gustado que mi padre a tu edad hiciera eso —Nick estaba rojo, y yo no podía contenerme la risa.

— Papá, papá, papá... Ya basta. Por favor vete de mi habitación.

— Okay, me voy, pero sabes que si necesitas hablar de la eyac...—Nick lo cortó.

— ¡QUE TE VAYAS! —dijo lanzando la revista. Su padre cerró rápidamente la puerta.

Salí del baño, y llegué hasta mi ropa. Me vestí, y Nicholas también.

Para que nadie diga nada, bajé por la ventana de la habitación de Nicholas, llegué hasta el jardín, y este se conectaba con una puerta a la cocina.

Dentro de esta, se encontraban mi tía y la madre de Nick. Traté de arreglarme un poco el cabello, y fingir una sonrisa entrando lentamente en la habitación.

— ¡Ivi! —Las dos saltaron del susto al verme—. ¿Dónde estabas? Nos habíamos preocupado.

— Yo... Uhm, fui a sacar la basura.

— La preparación de la cena está igual a cuando me fui.

— Me fui a sacar la basura, y me encontré un mapache muy escurridizo que rompió toda la bolsa y tuve que recoger todo.

Me acerqué al lavabo, y me lavé las manos.

. . .

Ahora bien, por suerte creyeron mi historia del mapache y la basura. No sé qué haría sino. Creo que me hubieran exiliado de la casa si supieran que estaba con Nicholas en su cuarto.

Lo que aún hace más incómodo esto, es que no nos dejan cerrar la puerta de ninguna habitación.

Aunque con Nicholas siempre rompíamos las pequeñas reglas que nos ponían, y el venía a mi habitación o yo a la de el.

Esta vez, se acercó a mí cuarto, por la noche. Eran alrededor de las cuatro de la madrugada. Y escuchar su voz ronca, y sentir sus labios sobre los míos me gustaba en exceso.

Nos recostamos, y posé mi cabeza sobre su pecho, cerrando cada vez más mis ojos. Nick ya estaba dormido, y me gustaba verlo así, porque parecía un bebé.

El ruido de un mensaje en mi celular irrumpió a mis párpados cerrarse. Tomé mi teléfono, para leer lo que el mensaje decía.

De: Desconocido.

"Ivanna, madame, mañana daré una pequeña reunión en mi casa. ¿Te gustaría venir?
Je t' aime, tu francés favorito".

— Ese tipo de nuevo, huh —Me giré a ver a Nick, que tenía los ojos medios abiertos.

— Si... Tal vez no me superó.

— ¿Te das cuenta que decir eso frente a mí me da ganas de levantarme en este mismo instante para ir a partirle la cara no?

— Nick...

— No, ya, enserio Ivi. Este tipo me está cansando. Tiene que saber que eres mi novia. Y si no te superó, espero que lo haga pronto, porque no volverás con el.

— Nick...

— Además, no es tan "lindo" como se está rumoreando. Parece que lo peina su abuelo.

— Nick...

— Se quedó en los 50s.

— Nick, ya. ¿Siempre que hablemos de él te tengo que aclarar que el único que me interesas eres tú? Porque puedo decirlo cuantas veces quieras, pero para de hablar de Félix por favor...

— Pero Ivi...

— Sabes que es pasado para mí. El ya no significa nada. Nada más que un ex. Y ahora es mi amigo.

— Bien, espero que así siga.

Me volvió a besar.

— ¿QUÉ HACE NICHOLAS AQUÍ? —La puerta de mi habitación se abrió dejando a mi tío muy enojado sobre el marco de la puerta y con un palo de golf.

Ivanna & NicholasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora