18. Merezco alguien mejor.

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Ivanna

Abrí mis ojos lentamente. La vista me pesaba muchísimo. Pero... ¿dónde me encontraba exactamente?

Había un aparato bastante grande, con pequeños tubos conectados a mis brazos. Me dio miedo, aún así, me quedé quieta. Era obvio dónde me encontraba: el hospital.

— Ivi, cariño —Mi tía se acercó junto a mi tío.

— Creímos que te perderíamos —susurró mi tío, pero alcancé a oírlo.

— ¿Q-qué me pasó?

— Al parecer salías de la escuela, y una mujer, que iba en un auto te atropelló, estúpida distraída. Si ese chico no hubiera llegado a tiempo, ya estarías del otro lado, mi niña.

— ¿Qué chico? ¿De que hablan?

— ¿Cómo dijo que se llamaba cariño? Za, Zachary Jones. Si, ese.

— No sé quién es.

— Tranquila, estará todo bien.

— ¡Mi bebé! ¿Cómo está el?

— Oh, Ivanna, cariño.

Un hombre con bata blanca entró en la habitación.

— El te explicará todo.

— Buenas tardes Ivanna, soy el doctor Jones. Primero que todo, agradecido de que mi hijo te haya podido salvar. Eres muy afortunada —Hizo una pausa y me vio con lástima—. Segundo, lamentó informarte de la pérdida de tu bebé.

Las lágrimas empezaron a salir de mi rostro.

— El todavía, no se estaba formando. Y tú te encontrabas en el momento de abortarlo.

— ¡No quería matarlo! —grité lo más fuerte que pude.

— Se que no, pero aún así, debes agradecer que sobreviviste, y aunque no haya sido tan grave, piensa que pudo haber estado peor.

Miré decepcionada hacía otro lado. Ya tenía pensado cómo continuar mi vida con el nacimiento de mi hijo. Pero también creo que todo pasa por algo, y tal vez este no era el mejor momento para tener un bebé.

. . .

Los próximos días, los pasé rehabilitandome en casa. Los Wellington habían sido tan corteses conmigo.

Penelope, no tardó en enterarse de la noticia de mi pérdida. Lloró, y dramatizó bastante la situación, hablando de cómo podría haber muerto.

Pero por más que quisiera reírme de la exageración de mi prima, o de lo pasada de loca que estaba, no podía. No sentía el momento adecuado para estar feliz

Nicholas entró a mi habitación luego de tres días después, de la última vez que hablamos.

— ¿Podemos hablar?

No contesté. El entró en mi habitación igual, y se sentó del otro lado de mi cama.

— Se que, perdiste el bebé.

— Tu bebé, también. No te diré lo que tienes que hacer o no, pero tienes el mismo derecho a sentirte igual que yo. La pérdida fue de los dos, quieras o no.

— Te reitero, se que perdiste el bebé. Y yo vine a disculparme. Ya no quiero estar mal contigo, Ivi.

— Genial. Ahora que ya no tendremos un hijo, o que no estoy embarazada quieres volver a lo de antes —Aplaudí sarcásticamente.

— Siempre te amé. A pesar de que no estemos de acuerdo en la mayoría de las cosas. Se que el bebé iba a ser mío también, pero no estaba listo.

— ¿Y qué quieres? ¿Que volvamos a ser lo mismo que éramos antes? —Nicholas asintió—. No Nick. Nuestra relación se acabo cuando supe que no podías hacerte cargo de algo que los dos habíamos hecho.

— Ivanna...

— Puedes estar arrepentido, puedes llorar, puedes traerme mil regalos, y aún así no volveremos a estar juntos.

— Lo siento.

— Dame tiempo. Porque un "lo siento", no soluciona palabras hirientes que me hayan hecho muy mal. No soy quién para juzgar, pero tú y yo no funcionamos. Lo comprobé cuando no me defendiste el primer día de clases, cuando no te quisiste hacer cargo de tu hijo, y me enteré de que me trataron de puta cuando estaba teniendo el accidente, y tampoco te dignaste a hablar. Se que, merezco alguien mejor, porque tú no me valoras, y nunca lo hiciste.

Podía ver cómo mis palabras, eran puñales clavándose en su corazón. Las lágrimas caían de sus ojos, y yo estaba tan orgullosa que en frente de el no dije nada. En el momento que abandonó la habitación, comencé a llorar, peor de lo que el lloraba.

Pero mis lamentos eran de impotencia. Nicholas me causaba eso.

Y, ahora, que todo se había acabo con el, tenía que concentrarme en el futuro. El final del año en Nueva York; él próximo año la Universidad; y mi familia en París.

Bajé las escaleras y me dirigí hasta la cocina, donde se encontraba mi tía leyendo una revista de decoración de interiores.

— Oh nena —dijo poniendo sus lentes sobre su cabeza—, ¿cómo estás?

— ¿Cómo crees? —dije sirviéndome un vaso de agua—. Quería preguntarte que es lo que sabías sobre el chico que me salvó antes de mi casi muerte.

— Uhm, asiste a tu escuela, es hijo del doctor Jones, y su nombre es Zachary.

— Duh, eso ya lo sé. Pero... ¿Algo más?

— No, no sé nada más. Ya me conoces cariño. No me interesa averiguar mucho sobre la vida de los demás —hizo una pausa y le dio un sorbo a su taza—. Aunque, se que fue muy meticuloso para traerte el hospital. Se ocupó de buscar nuestro número y llamarnos el mismo.

Me quedé pensando unos minutos sobre ese chico. No lo reconocía, no lo recordaba, pero últimamente se me estaba siendo muy nombrado.

. . .

Tenía que tomar actitudes más responsables para que todos me tomaran enserio. Tenía que ser más adulta. No podía continuar siendo una tonta.

Tal vez un cambio total de look ayudaría. Las chaquetas de cuero de Penny me venían perfectas, y mi mala actitud también.

Veamos quién me trataba de idiota ahora, porque la nueva Ivanna le aplastaría el trasero a todo el que se me interponga en el camino.

Ivanna & NicholasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora