<<Sacar belleza de este caos, es virtud>>
-Gustavo Cerati
******************
La fresca brisa erizaba cada rincón de su cuerpo provocando un leve temblor. Samanta, observaba atenta desde un ángulo no tan alejado el enfrentamiento que se originaria entre el cielo y el infierno. Desde el instante que llegaron, el ambiente se sumergió en ese silencio aterrador y tenso que esta listo para ser cortado con un cuchillo filoso. Samanta clavo sus ojos en Miguel, este se encontraba más hermoso y fuerte con la armadura de general mostrándolo aún mas fuerte. Su aura irradiaba impunidad, fuerza, seriedad, cada ala destacaba esa pureza y brillo que tanto trasmitían; sin embargo no podía evitar notar algo extraño en Miguel, algo que todavía no lograba descifrar pero que sin duda no deseaba averiguar. Miro detrás y se encontró con la imagen de los demás arcángeles pese a que sus auras divinas fueran celestiales no perdían esa faceta sanguinaria de exterminar a cualquiera que se interpusiera a los ideales de Dios, todos se mantenían a un metro de distancia de Miguel al igual que los soldados.
Corrió su mirada para verlo también a él, al contrario del anterior este irradiaba peligro, frialdad y perversidad, portaba un perfecto traje oscuro de la era colonial botas negras, pantalón del mismo color, chaleco parecido al yelmo confeccionando de una manera muy fina que lo llevaba sobre una camisa oscura, que a su vez era cubierto por una chaqueta larga, tapado o cómo deseen llamarlo de cuero negro. Lucifer sin duda alguna era la criatura mas bella que podría existir, sus ojos de ese extraño color que encandilan, que hacen perder la razón. Esa piel de leche tan cremosa y pálida que la vuelve única; cabello reluciente y sedoso que en varias oportunidades tuvo la dicha de acariciar; y podría tardar horas describiendo cada parte de él , pero en estos momento eso estaba de más, sin mencionar que no era el lugar adecuado.
Detrás de Lucifer lo seguían los seis príncipes a los cuales conocía muy bien. Con dos de ellos tuvo varios deslices que fueron el inicio de miles de discusiones con Lucifer, sus gritos y reprimendas por parte de él eran tan grandes que ella siempre terminaba saliendo de su oficina furiosa; días, semanas y meses pasaba sin verlo como castigo por sus absurdos celos. Hasta que al final Lucifer organizaba una reunión en la que "misteriosamente" ella era la única que asistía, se pasaban largos minutos observándose uno al otro hasta que siempre Samanta rompía el silencio. No sabia cómo o porque pero su orgullo se quebraba y terminaba ella cediendo y pidiendo disculpas, siendo que el promotor de las peleas era él. Llego a la conclusión que Lucifer utilizaba sus dotes para persuadirla.
Soltó una pequeña carcajada llena de humor por los recuerdos. Samanta admitía que nunca sufrió en el infierno. En más siempre tuvo todo lo que deseo, sin embargo ahora mismo existe una parte de ella que desea a todo pulmón regresar con él, y la otra desea con todas sus fuerzas ser libre al lado de cierto ángel que la hace divagar.
Hace media hora que ambos bandos llegaron provocando temblor en la tierra. Miguel y sus ángeles caían en truenos y destellos del mismo cielo. En cambio Lucifer y sus aliados al contrario, la tierra se abrió en dos partes para que el ejercito del infierno surgiera al mundo.
—¿Qué es lo que haremos?— preguntó Samanta a su amigo sin apartar la mirada de la escena.
A su lado escucho un suspiro agotador.
—Sinceramente no sé. Ahora mismo para el infierno soy un traidor y tú una humana— respondió Michael. Que hasta entonces solo se había limitado a estar callado— pero si quieres morir, adelante, no impediré tu camino.
—¡No seas idiota!— lo reto.— fácilmente en un abrir y cerrar de ojos me asesinaran, ya no soy un ser sobrenatural.
Michael bufo y se cruzo de brazos.
ESTÁS LEYENDO
La Reina Del Infierno.
ParanormalSamanta un demonio del infierno y la enamoradiza de Lucifer sufre una lucha interna con su yo. Siempre fue despiadada y destructora, es conocida por su decisión tomada ante los ojos de Dios en los primeros días de la humanidad. Después de siglos y...
