Capitulo 28

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<<No hay algo mas penoso que ser ignorado>>
                       -Anna Frank

               ************
-No te comas las uñas. Estamos hablando de Miguel el único ángel que posee la sabiduría para derrotar a Lucifer- la tranquilizó por enésima vez Cristina.

Samanta también por enésima vez la volvió a ignorar. No entendía lo pasiva que era esta muchacha, por mas que la ignorara. No dejaba de insistir y tranquilizarla; sin duda admiraba su paciencia.

-¡Están cerca!- una voz femenina atrajo la mirada de cada uno. La mujer aparentaba no tener mas treinta años. Bajo la escaleras con un porte de una dama de la realeza.

-Ella es Leyna- susurro Cristina en el oído de Samanta.

La observo detenidamente. Su largo vestido rojo marcaba las curvas de su esbelto cuerpo.

-¿Quienes se acercan madre?- pregunto George con el seño fruncido.

-Los soldados de Dios vien...-

Antes de que pudiera terminar sus palabras. Las puertas se abrieron rotundamente, mostrando al que menos esperaba junto a un pequeño pelotón soldados. El brillo que expulsaban sus alas, segaron todo a su alrededor.

-¡Que honor me brindan con su presencia!- exclamó Leyna haciendo una reverencia bastante exagerada para su gusto.

-No crea señorita Leyla que por haber tratado de obrar bien estos pocos años recompensaran el daño que has causado por siglos. Ahora te pido que le des una habitación a mi soldados para que puedan dejar a los heridos- dijo Miguel con una frialdad impensable. Al parecer no era compresivo con cualquiera.

Cada soldado traía cargando en sus brazos a un aprendiz. Algunos se notaba a simple vista su estado de gravedad, mientras que otros solo tenían heridas leves.

-Cristina por favor guía a los señores hasta la habitación de sanidad- Leyna poso su mirada en su compañera.

Samanta escucho el leve resoplido de Cristina, para después pronunciar.

-Por aquí- dijo antes de subir por las escaleras junto a los soldados.

Samanta llevo su mirada a Miguel mientras que él hablaba con Sebastiano entre susurros. No había hasta entonces notado la presencia del otro ángel a su lado. Antes de que apartara su vista, repentinamente cruzaron las miradas por un breve momento. Hasta que no aguantaron mas y la apartaron. Miguel parecía enojado, odioso con algo, seguramente con ella.

-Samanta....

-Erik- pronunció en un asentimiento. Él yacía parado frente a Samanta.

-Solo venia a disculparme. No debí haberte tratado así, pero no se lo que ocurrió. Tal vez el cansancio me llevó a perder la cabeza- sus disculpas parecían sinceras.

-Esta bien, yo también me comporte mal- le sonrió de manera tranquilizadora.

Erik se sentó en el lugar que antes Cristina había estado a excepción que clavo su mirada en un punto fijo.

Samanta aprovecho y volvió a buscar  a Miguel, ya que se le había perdido de vista en momento que hablo con Erik, pero se sorprendió al no encontrarlos a él ni a Sebastiano.

-Subieron a curar a los heridos- dijo Erik de repente.

-Ah..

-Sebastiano como tiene poderes curativos se encargara de mis hermanos. Ya que también se los necesita para la guerra- Samanta hizo una mueca respecto a la ultima palabra. Ya se estaba cansando de tanto escucharla.

-¿Guerra? ¿Al menos saben por lo cual luchan? - inquirió.

-Los antiguos nos dijeron que esto es mucho mas grande que tú y que yo Samanta. Ellos solamente me advirtieron que si no luchábamos todo lo creado en la tierra sería eliminado.

Samanta se quedo viéndolo esperando a que dijera que se trataba de una broma pero como vio que continuaba mirando ese  punto fijo de la habitación, se asustó.

¿Lo creado seria destruido? ¿Por quien? ¿Y Dios haría algo para detenerlo?

-Lucifer....

Retumbo en su cabeza, no había que ser advino. Lucifer era lo único que podía asemejarse a Dios, pues al haber sido creado primero fue nombrado arcangel de la corte celestial. El puesto mas alto para el hijo mas amado de Dios. Hasta que llegó la creación del hombre y El Creador lo remplazó junto a los demás ángeles por los mortales..todo pudo alterarse....

Samanta dio un salto de su asiento asustando a Erik. Y sin importarle casi nada salio corriendo en busca de Miguel.
Subió las enormes escaleras medievales, topándose así varias  habitaciones particulares; pero no resulto difícil encontrar esta donde los ángeles estaban con los heridos.

-Levanta tu cabeza hijo- dijo Sebastiano acomodando a un aprendiz.

La habitación era grande, lo cual cada uno de los enfermos estaba recostado en camas individuales. Cada soldado yacía sentado al lado de un aprendiz como si este lo estuviera protegiendo de que el ángel de la muerte no se los llevará.

No fue difícil encontrar a Miguel. Él miraba desde la ventana para afuera. Estaba totalmente apartado del resto.

Samanta por un momento se preguntó que estaría pensado o observando.

Se acerco a paso lento para no molestar a Sebastiano ni a los soldados pero al contrario del primero, cada uno de los guardias de Miguel la miraron duramente, seguían cada paso de ella. No hacia falta ser idiota para darse cuenta que no era querida por los servidores de Miguel.

Samanta como toda la demoníaca que es les hecho una mirada de no les tengo miedo. Y levantó su mentó para caminar con superioridad.

No iba negar que la intimidaban los soldados con sus esbeltas armaduras, por mas que los ángeles fueran las criaturas mas hermosas y puras de la vida tenían también su lado perturbador.

No hablo hasta estar los suficiente cerca de él.

-Miguel- dijo no tan alto como para que los ángeles escucharan su platica.

Él no la miro simplemente seguía perdido observando por la ventana. Como no vio reacción, decidió tocarle el hombro y pegarse un poco a él.
La sensación de protección y calidez que emana era tan confortante, que por un segundo le habría gustado estar en sus brazos.

Miguel tampoco se quedo atrás sintió esa corriente que tanto había escuchado relatar. De que cuando uno encontraba a su alma gemela, la atracción que sentirían ambos saldría a la luz con sensaciones. Ya sea de protección, amor, calidez, paz.
Miguel necesito de todo el auto control para no tomarla y besarla como siempre había ansiado.

-Miguel quiero preguntarte algo- volvió hablar Samanta esperando al menos que se volteara y la viera.

-¿Que es lo que quieres?- en su voz podía notar se su cansancio, pero pese a eso no volteo a verla.

-¿Porque Lucifer le ha declarado la guerra al Creador? No soy inoperante para no darme cuenta de lo que sucede.

-Hay cosas que no te incumben Samanta.

-¿Que?- tal vez había escuchado mal.

-Lo que oíste- sentencio Miguel.

Abrió la boca para replicar pero la volvió a cerrar, se veía decidido; no servía llevarle la contra.

Bufo con decepción por la actitud asquerosa de Miguel y se marcho de la habitación. Si había decidido de ahora en adelante comportarse de ese modo. Entonces ella también se comportaría de la misma forma.
Si le hablaría con frialdad, pues también ella lo haría.
Él la alejaría de su lado, pues también ella lo apartaría de su lado. Lo que das recibes... Samanta a eso lo tenia tan claro como saber que el agua y el aceite no se mezclan.

La Reina Del Infierno.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora