Capítulo 3

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DISCLAIMER: Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Naoko Takeuchi y su obra Sailor Moon, sólo los tomo prestados para crearla.

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:::Capítulo 3: Malas decisiones:::

Regresaba cansado luego de más de doce horas seguidas de trabajo en la maquiladora. Buscó en los bolsillos de sus viejos y desgastados pantalones de mezclilla la llave del cuarto que compartía con un joven que trabajaba en una pescadería. La habitación era pequeña, las paredes estaban algo agrietadas y en el suelo aún se podía ver el lugar en donde la policía había marcado la forma de un cuerpo humano. Sólo había un sillón viejo y manchado, dos catres que les servían para descansar y recuperar fuerzas y un pequeño refrigerador que con esfuerzos enfriaba.

Abrió el viejo cacharro y sacó una cerveza, sentándose en el sillón dio un largo sorbo y suspiró. Así eran sus días desde que había llegado a aquel lugar, trabajo todo el día con un sueldo de hambre que apenas le alcanzaba para pagar ese cuarto, comer algo y ahorrar un poco; luego en la noche llegar cansado a reventar y tomarse una cerveza antes de caer como un tronco en la cama y despertarse hasta el otro día.

Hoy cumplía seis meses desde que se había ido de la Hacienda Cristal. Seis meses en que no había visto a su mariposa ni había escuchado su dulce voz. Realmente era una tortura, con lo poco que ganaba casi no podía ahorrar y al ser aún menor de edad no le daban otros trabajos. A ese paso nunca lograría reunir el dinero suficiente para reencontrarse con Mina, pero él no estaba dispuesto a darse por vencido, aún no.

La perilla de la puerta giraba avisándole que su compañero de cuarto había regresado. Era un joven un poco mayor que él, tenía veinte años, alto, de cabellos largos color castaño y algo fornido, su nombre era Nicolás. Darien lo había conocido cuando recién había llegado a la ciudad, llevaba algunos días sin probar bocado y sin conseguir trabajo. Nicolás lo ayudó, le presentó al supervisor de la maquila y también le dio comida y un lugar en donde dormir.

— ¿Pensando otra vez en tu mariposa?—le dijo Nicolás al entrar y verlo sujetando el colgante que siempre llevaba en el cuello.

— ¿Qué tal estuvo el día? —si bien era cierto que Darien le estaba agradecido a Nicolás por haberlo ayudado sin conocerlo y que había sido él mismo quien en una noche de tragos le contó parte de su historia con Mina, al pelinegro no le agradaba que el castaño se refiera a ella con el apodo que él usaba y por ello le cambiaba el tema.

—La misma porquería de siempre, te juro que cuando consiga mis objetivos no volveré a ver un solo pescado en mi vida.

—No es tan malo Nic, sólo déjate llevar.

—No Dar, esto no es para mí, no duraré mucho en esto, en serio. —Tomó una cerveza y se sentó a su lado—Y tú no deberías tampoco acostumbrarte a eso.

— ¿Al trabajo?—bufó el pelinegro—Toda mi vida he trabajado Nic, no sabría qué otra cosa más hacer y tampoco me molesta.

—Yo sí, y te lo digo Dar, el trabajo no es para mí, yo quiero viajar, conocer el mundo, que la gente me atienda y no tener que volver a hacer nada en mi vida, tener dinero, mucho dinero.

Luna OscuraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora