19- No le digas

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Regina

Caminamos y caminamos sin saber el rumbo. Dormíamos unas horas y luego seguíamos. Junto con Glenn hacíamos las guardias nocturnas.

-¿Crees que vamos a encontrarlos vivos? -Pregunté.

-Jamás estuve tan seguro. No importa lo que digan. Ellos no entienden lo que es estar enamorados, ellos no los conocen. Estoy seguro que ambos están vivos y buscándonos. No te preocupes Reg. -Apoyé mi cabeza en su hombro. -Todo estará bien. -Dijo y me dio la mano.

Estos días con Glenn, me hicieron acercarme mas a el, me hicieron construir una amistad mas profunda con el. Donde nos apoyábamos mutuamente.

Una tarde estábamos caminando por la vía, cuando vimos un cartel un tanto especial. El cartel tenia la inscripción de:

Terminus, santuario para todos. Los que llegan sobreviven.

-Debemos ir allí. -Dije.

-Si ellos vieron esto, seguramente irán para allá.

Y volvimos a caminar. Esta vez, estaba hablando con Tara, quien me contó su verdadera historia en medio de lagrimas. Ella no era la culpable de nada, solo había caído en los engaños del gobernador, e intenté hacérselo entender.

-Glenn...-Lo llamé para que vea la frase en un cartel.

GLENN VE A TERMINUS, MAGGIE.

-Por Dios, ¡Ella esta bien! -Dijo emocionado riendo.

-¡Lo esta! -Nos abrazamos.

Seguimos adelante, ahora con esperanzas. Maggie esta viva.

Llegamos a un túnel sin luz y encontramos otro cartel.

GLENN VE A TERMINUS, MAGGIE, SASHA Y BOB.

Sonreímos y prendimos nuestras linternas.

-Hasta aquí llegamos. -Dijo Abraham. -Esto es peligroso y debemos llevarlo con vida a Washington.

-Gracias por acompañarnos Sargento. Fue un placer hablar de batallas con usted.-Le dije, Glenn asintió.

-Buena suerte. Ojalá encuentren a su grupo y a sus respectivas parejas.

-Ya saben donde encontrarnos. Siempre serán bienvenidos en nuestro grupo. -Le dijo Glenn.

Nos despedimos y seguimos nuestro camino nosotros tres de nuevo. Era una zona oscura y probablemente había caminantes allí dentro, por lo que sacamos nuestras armas.

Había tenido un derrumbe hacía unas horas, lo que había inmovilizado a varios caminantes.

Atravesamos los escombros, pero del otro lado, había unos quince o veinte caminantes. Mire a Glenn, quien asintió, y luego mire a Tara, que también lo hizo. Bajamos de ahí con nuestras armas, distrayéndolos con una linterna.

Primero bajo Glenn para ayudarnos, luego yo y por último Tara, quien resbaló y su pierna quedo trabada a los escombros. Ella lloriqueó de dolor, lo que envío a los caminantes hacia nosotros.

Ambos intentamos sacarle su pierna pero era imposible.

-Glenn, vete. -Le dije.

Nosotros (Daryl Dixon)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora