Capítulo XXI

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La feria estaba por inaugurar y la gente comenzaba a agolparse a las afueras, era uno de los eventos más apetecidos por los californianos y no me sorprendía ver tantas personas en un solo sitio. Los llamativos fuegos artificiales, los imponentes hombres sobre zancos, entre otras cosas, indicaban que la feria ya había empezado. Mientras residentes y visitantes se regocijaban entre las infinitas formas de diversión que ofrecía la feria, yo trabajaba allí mismo, debía amontonar algunos bultos y realizar algunas otras actividades para mantener el orden de la feria y el buen funcionamiento de los juegos mecánicos.

Era un poco agotador, por lo que deje por un momento lo que estaba haciendo, enderece mi espalda y pase mi mano para limpiar el sudor de mi frente, mire a través del rabillo del ojo y pude observar un grupo de chicos un tanto efusivos que pasaba cerca, pero lo que más llamó mi atención fue una chica que me miraba permanentemente, yo volteé mi cabeza y fije mi mirada en ella, quien se iba quedando, mientras los demás chicos apretaron el paso. No había ninguna duda de que esa chica poso su atención en mí y yo hacía lo mismo.

- ¡Austin!

- ¿Si señor?

-Muchacho, te pago para que trabajes, no para que estés flechando corazones. -Dijo entre risas el señor Feinstein.

-Disculpe señor, solo estaba tomando un descanso, pero ya sigo con lo que estaba haciendo.

-Muy bien.

El señor Feinstien era uno de los organizadores de la feria, quien conocía a mi padre, por lo que por medio de él me habrían otorgado este trabajo. No había juego mecánico en el que los visitantes no quisieran subir y experimentar las emociones que cada uno producía de solo apreciarles desde cerca, mientras tanto yo, continuaba con mis labores. Había terminado de amontonar todos esos bultos, así que me dirigí hacia una de las casetas y compre un refresco, este lucia con el mas helado y tentador que jamás hubiese visto, me senté sobre una paca de heno a beber el refresco pero mientras este entumecía mi mano de lo frio que se encontraba, yo naufragaba en la imagen de aquella chica que no dejaba de mirarme, seguía rondando mi cabeza, no conseguía olvidar ese deslumbrante rostro, sus ojos avellanados que parecían hablarme y su cabellos claro tan natural. Deje el refresco medio, me levante y me dirigí hacia los baños a lavarme las manos y el rostro, quizá el contacto con el agua fría del grifo haría que esa chica desapareciera de mi mente, pero no sería tan sencillo olvidarme de esa encantadora mirada que aquella chica me había regalado sin conocerme.

Entre al baños para caballeros me lave las manos y empape un poco mi rostro con agua fría, salí de ahí y seque tanto mis manos como mi rostro con la camiseta que llevaba puesta, sorprendentemente me encontré de nuevo con la misma chica, acaso me la seguiría encontrando durante todo el día, cuando no estaba con su grupo de amigos disfrutando de alguna atracción, la podía visualizar en mi mente una y otra vez, pero como si fuera magia, su rostro se hacía presente. Tome eso como una señal del destino o algo similar, decidí seguirle hasta donde fuera y me su rastro me llevo hasta el carrusel, el tradicional carrusel con caballos que giraban una y otra vez desplazándose mecánicamente hacia arriba y hacia abajo, normalmente, era una tracción que disfrutaban niños de unos 7 años de edad o menos, pero era aunque pareciera muy absurdo e inapropiado que unos jóvenes subieran ahí sin sentirse ridículos, ellos parecían divertirse, especialmente esa chica. Yo me senté junto al carrusel a observar como ella disfrutaba del carrusel, pues, no paraba de reír, su risa la hacía lucir más hermosa aun. Cuando dieron la primera vuelta pude ver como ella se percató de mi presencia, a lo que yo intentaba evadirla fijando mi mirada hacia un costado, pero era imposible dejar escapar una sonrisa con cada carcajada que ella soltaba, dejando ves su maravillosa sonrisa, sencillamente no lograba ignorar aquella mirada encantadora que me traía loco toda la noche, olvide por completo que existía algo a mi alrededor y ya no intentaba ser disimulado ante su belleza. Luego de un par de vueltas más, el señor Feinstein me encontró.

Amor AmericanoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora