Los del yate

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Después de lo que me pasó en el hotel con James, deseaba salir de Los Ángeles y volver a San Francisco con la gente que dejé allí. Solo quería ver a mi amigo Eugine y a mis otros compañeros y compañeras.  La vuelta a casa desde el hotel la pasé llorando. Incluso tardé una hora en bajarme del coche de James, allí me quedé paralizada. El lo entendió y me dejó sola con mis pensamientos.

Se estaba poniendo el sol cuando me bajé del coche y aún con lágrimas cayendo de mis ojos, me fui a dar un paseo por los contáiners. -¿Te acompaño?, -apareció un James aseado y con ropa limpia. Sin siquiera mirarle le negué con la cabeza. -Estaré por aquí fuera, pega un grito si necesitas algo. -Me rodeó con un brazo los hombros y posó su otra mano en mi mejilla durante unos segundos. Me soltó suavemente y me fui directa a los contáiners.

Empecé a caminar lo que me pareció un kilómetro, y cuando me detuve y miré a mi alrededor estaba en medio de una gran torre de contáiners que  aún no habíamos abierto

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Empecé a caminar lo que me pareció un kilómetro, y cuando me detuve y miré a mi alrededor estaba en medio de una gran torre de contáiners que  aún no habíamos abierto. Miré hacia donde estaba el océano para orientarme, y justo en el hueco entre dos contáiners... el yate.    Parado en medio del agua. Me escondí rápidamente cuando oí el motor de una pequeña lancha apagarse y oír voces de hombres. Me di cuenta de que en ese momento estaba desarmada, ""mierda"",  pensé. Me dejé la pistola y las dagas en el coche de James.

Vi a un hombre blanco y a otro negro corriendo hacia un container para empezar a abrirlo rápidamente. Parecía que buscaban algo, porque fueron precisamente directamente el container azul. Me asomé demasiado y me vieron. Corrieron uno en cada dirección detrás del contáiner en el que estaba, rodeándome. El negro me apuntaba con una metralleta y parecía llevar una lanza o un palo a la espalda. El hombre blanco me apuntaba con una pistola de plata y llevaba un machete colgando de la cintura.

-Quieta y no hagas ninguna tontería

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-Quieta y no hagas ninguna tontería. -Me miraba el hombre blanco. Yo miraba al suelo, aún no les había apenas mirado a la cara. Levanté las manos a modo de rendimiento. -Suelta las armas que lleves, -ordenó el hombre blanco. 

 

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Rigan (Rick y Negan) y Caly Donde viven las historias. Descúbrelo ahora