Las cosas a mi modo

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POV Riza

Me desperté cuando sentí la luz del sol en mis párpados, me sentía tan bien, tan relajada, que me dió pena levantarme. Abrí pesadamente los ojos y me aclaré la vista; poco a poco me fui incorporando, y ahí estaba él. Se encontraba profundamente dormido, se veía tan hermoso con esos mechones alborotados en su rostro, la sábana apenas le cubría del torso para abajo. Mi piel se erizó al pensar en lo de la otra noche, y al ver su desnudo pecho una descarga recorrió todo mi cuerpo. Me regañé mentalmente por eso. Haberlo hecho otra vez ya era demasiado, pero ahora solo anhelaba sentirlo sin tapujos todo el día. ¿Cuando fue que este hombre me hizo pensar de ese modo?
Me sonrojé al no reconocer mis propios pensamientos.

No pude contener las ganas y me acerqué poco a poco a sus labios, apoyé ambas manos a cada costado de su cuerpo para no caer sobre él. Cuando estaba apunto de besarlo me agarró del culo sentándome sobre él y apartando la sábana, no pude evitar jadear por la sensación y me besó apasionadamente, no me negué a su beso, lo deseaba tanto como él a mí.
Podía sentir como se ponía cada vez más duro bajo mi cuerpo, jamás hubiera imaginado que fuera tan grande. Sonreí orgullosa y dejándome llevar por todo lo que estaba sintiendo. No podía seguir fingiendo que no lo deseaba a mi lado, ni aparentar indiferencia ante la idea de su amor.

Dejé de pensar en las consecuencias cuando sin aviso entró en mí, mi cuerpo se encendió como si él mismo estuviera provocando el fuego en mi interior, y de alguna forma, así era. Mientras sus manos recorrían mi cuerpo, me encendía cada vez más. Decidí tomar el mando esta vez y lo besé apasionadamente mientras ponía sus manos fuera del alcance de mi cuerpo.

Lo miré a los ojos y no pude evitar sonrojarme.

-Pareces una diosa ahí arriba.-sonreí ante su comentario y me acerqué a su oído, pegando mis pechos más a él, pude oír un leve jadeo de su parte.

-Esta vez, las cosas serán a mi modo.-dije y mordí el lóbulo de su oreja.

Sentí como su piel se erizaba e instintivamente movió sus caderas, provocando en ambos un delicioso jadeo. Entonces empecé a montarlo, iba lento, haciéndolo sentir cada parte de mi ser. Fui aumentando el vaivén y notaba su rostro lleno de deseo, luchaba para soltar sus manos de mi agarre, pero no lo dejaría.
Mis pechos se movían al compás, y eso lo excitaba más, podía ver la lujuria en sus ojos. Iba a un ritmo desenfrenado pero aún necesitaba más, necesitaba que me tocara, entonces lo solté.
Como un depredador fue en busca de mis pechos, tomó uno con su mano izquierda y empezó a chupar el otro, empezó a penetrarme duro, sin piedad, y me gustaba. Mi cuerpo temblaba cada vez que entraba de golpe, íbamos cada vez más rápido, sentía que estaba al borde.

-No sabes cuando te amo Riza.

Luego de esas palabras se vino, y me arrastró en su propio orgasmo, eramos uno solo. Jamás me había sentido tan plena, tan completa. Lo que sentíamos iba más allá del deseo, era amor, y pude sentirlo en sus palabras y en sus caricias.
Me besó, con tanta dulzura que no pude evitar llorar.

-Yo también te amo Roy.-le dije mientras lo abrazaba, él se incorporó sin separarnos y me apretó más a su cuerpo.

Nos quedamos así unos minutos, solo sintiendo el calor que emanaba nuestros cuerpos. Quise que ese momento durara para siempre. Pero aunque no me siga negando amarlo, es imposible que estemos juntos. Sin embargo, no me permití sentirme triste y arruinar un momento tan feliz.

-Quisiera que me despertáras así todos los días.

Reí antes sus palabras y le di un beso corto.

-Yo quisiera lo mismo.-él parecía sorprendido.

-¿Acaso eres la misma Riza que me dijo que no me amaba?

Llama eterna.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora