Renuncio

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POV normal

Ya habían pasado unas semanas desde que Winry y Ed partieron de vuelta a Resembool, las cosas entre Roy y  nuestra teniente iban mejor que nunca, pasaban los días entre risas, besos y charlas, los días en la oficina eran de lo más divertidos y ocupados, y a la noche se entregaban con una pasión tal que los hacía despertar cada mañana con una enorme sonrisa, y sintiendo un profundo amor el uno por el otro, hasta que un día Roy notó a Riza un poco más apagada de lo normal, y cuando se hubieron quedado solos en la oficina se dirigió a ella.

-¿Estás bien? Te notó algo preocupada.

-Sí, estoy bien no es nada. Es solo que me siento un poco cansada, no descansé muy bien.

-Lo siento, supongo que fue culpa mía.-dijo con una pícara sonrisa.

-Sssh cállate, alguien podría oírte y nos meterías en problemas.

-Disculpa, - contestó aún sonriendo el coronel - a veces olvido cuando debo limitarme. Quizá podrías salir más temprano hoy y descansar un poco.

-Ni hablar, hay mucho trabajo en la oficina.- dijo Riza con un suspiro.

Aunque era cierto que aún les quedaba mucho por hacer, Riza siempre era la primera en hacer sus deberes y quien siempre mantenía el orden en la oficina, su energía al trabajar era inagotable, por lo que verla cansada fue algo que nunca había visto antes.

Roy de pronto pensó que quizá su relación era demasiado agotadora, ahora pasaban mucho tiempo juntos y siempre iban al apartamento de Riza, claro que Roy le ayudaba a ella con algunos que haceres pero ella era la que cocinaba siempre, pues sus platillos eran algo realmente horrible. Quizá eso sumado a la agotadora pasión de cada noche le estaba pasando factura, así que dijo serio:

-Quizá quieras que me quede en mi apartamento esta noche?

Riza levantó la vista y lo miró sin entender.

-Digo, así quizá puedas descansar mejor...

-No seas tonto, -dijo dándole la espalda- nunca descanso más que cuando estoy en tus brazos.

Roy se sonrojó a más no poder y en ese instante entraron el resto de sus subordinados.

-Vaya coronel, nunca lo había visto sonrojado, se ve tan Kawaii.- dijo Breda. De una forma tan ridícula y tosca que ninguno pudo reprimir una risa

-Mejor cállate o te quedarás hasta tarde en la oficina.- amenazó el coronel.

Pero en el fondo no parecía molesto, seguía enternecido por lo que su amada Hawkeye le había dicho. Su chica no era una mujer muy dada al romance, y que se abriera así con el lo elevaba más que cualquier cosa.

Los días pasaron y a Riza se le veía más animada, Havoc siempre le lanzaba miradas cómplices a Mustang y este lo incineraba con la mirada, claro que no se atrevía a mirar con la misma complicidad a la teniente, pues ya sentía tener una bala entre las cejas antes de hacerlo.

Aunque como muchas veces se ha mencionado, las relaciones dentro del ejército estaban prohibidas, Havoc sabía que no habían dos almas más destinadas a estar juntas, y mientras cerraba sus ojos con una sonrisa en su rostro y una pajita entre sus dientes, rezaba porque un día esos dos tórtolas puedan estar juntos sin ninguna maldita regla de por medio, sabía que se lo merecían.

Un día un caluroso Riza decidió ir al campo de tiro, era uno de los momentos en los que podía pensar tranquilamente y tomar decisiones. Cuando estaba allí su mente no vagaba en nada más, porque, aunque siempre ha sido una mujer muy recta y comprometida, como todos su mente vagaba de vez en cuando.
Pero no allí, tener un arma en las manos la relajaba, le permitía pensar y dar en el blanco por pura inercia, lo que le resultaba un ejercicio perfecto entre la meditación y su entrenamiento.

-Pero, por que estoy aquí exactamente?- pensó

Llevaba varios días sintiéndose fatigada e intranquila, los momentos al lado de Roy eran magníficos pero algo la tenía intranquila. No se dio cuenta qué era hasta que lanzó ese último disparo, falló.

-¿Un día libre?- respondió Mustang mientras acomodaba a Riza en su pecho.

-Sí, eso mismo. ¿Crees que haya algún inconveniente?

-Pues no, pero nunca habías tomado un día libre, me parece extraño. Si lo que quieres es un día completo lejos de mí, cariño, deberías decirmelo.

-No digas tonterías, me encanta estar a tu lado.

-No lo sé, últimamente estás un poco distante. Me refiero a que tu cuerpo está aquí pero tu cabeza parece estar en cualquier otra parte.- Roy hizo una pausa y continuó- ¿Es acaso que ya no me amas?

-No digas tonterías, te amo más que a nadie en el mundo, no se trata de eso. Quizá sí he estado un poco distraída pero se debe a lago que había olvidado hacer y por eso necesito el día libre, porque he recordado lo que estaba pasando por alto.

Pero es una tontería, no te preocupes por eso.

-No sé, quizá te crea si me das un beso.

-Riza sonrió y lo acunó en sus brazos para darle un cálido beso.

El día sin Riza fue eterno, estaba tan acostumbrado a su presencia que todo parecía monótono y agotador. Sentado detrás de su escritorio solo sentía ganas de bostezar y tomar una taza de café. El día había pasado bastante lento pero ya faltaba poco para poder reunirse con su amada nuevamente.

-Extrañando a la teniente he coronel.- dijo Havoc lanzandole un codazo al coronel.

-Quizá tomó un día libre para visitar a algún galán no cree coronel Mustang?-dijo malintencionado Breda.

Eso podría haber carcomido la poca seguridad que tenía el celosisimo Roy Mustang, pero Riza le había demostrado una y mil veces que no tenía nada de qué preocuparse.

- Mejor deberías usar el tiempo que gastas en hacer bromistas para terminar tu trabajo, no crees Breda?

Cuando este estaba a punto de protestar, Riza entró interrumpiendolos.

-Buenas tardes a todos.

-Oh teniente, justo de usted estábamos hablando-dijo Havoc

-Teniente, ¿por qué viene de uniforme? Creí que hoy era su día libre.

-Justamente Füery, tengo un asunto que tratar con el coronel Mustang, me gustaría que nos dejaran solos. Havoc, te agradecería que no los dejaras espiar.

Havoc entendí la orden con doble mensaje y solo asintió.

-Andando muchachos.

Cuando hubieron salido todos Riza se acercó al escritorio del coronel.

-¿Y bien, por qué sacaste a todos? ¿No podías esperar a llegar a casa?- dijo pícaro Roy.- Cuéntame que hiciste en tu día libre...

Riza se limitó a dejar una carta sobre su escritorio. Extrañado por esto, Roy la abrió sin hacer más preguntas y quedó atónito con su contenido.

-¿¡Renuncias¡? Riza, si esto es por nosotros por favor no te apresures, sé que esto también es importante para ti...

-Roy escucha...

-...no puedes renunciar así. Dame algo de tiempo, lograré cambiar todo estoy y ya no habrá problema. Soy egoísta al pedirlo...

-No se trata de eso

-...pero quédate conmigo un poco más en la oficina, también necesito a alguien como tú jalandome las orejas y...

-¡Roy! No es por ti por quien renuncio, es por mí, por ambos.

Él la miró sin entender. Ella tragó y lo vio directamente a los ojos.

-Estoy embarazada.

Llama eterna.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora