Nos quedamos en ...
La mujer asentía aterrada ante su sólo recuerdo, tan frío, tan calculador y tan déspota.
A: (Con amargura) Necesito que nos acompañe al penal donde están encarcelados y lo identifique. Ese hombre va a pagar muy caro todo lo que hizo, lo juro!!
La anciana seguía negando y temblaba de pies a cabeza.
Continuación ...
Una horas después, se encontraban tras el cristal de una sala de reconocimiento, esperando a que la policía trajese al sospechoso. Habían logrado convencer a la mujer de que los acompañase y rogaban porque pudiera identificarlo.
El primer hombre apareció del otro lado y Victoria se estremeció de pies a cabeza, recordando las veces que había abusado de ella, pero siendo consciente de que no había sido él el que había provocado el nacimiento prematuro de Alejandra. La mujer, intrigada, lo miró con atención y negó rápidamente con la cabeza, aquel no era el individuo que había encontrado hablando con Omar. César respiraba con profundidad y apretaba los puños intentado contener la rabia que lo invadía al tener delante a uno de los desgraciados que habían hecho miserable la vida de su mujer. La abrazó y buscó en su interior unas palabras de consuelo que pudieran reconfortarla. Victoria se echó rápidamente a sus brazos y se dejó proteger.
El oficial de policía apareció con el siguiente preso y esta vez, César la sintió temblar contra su pecho; había sido él, estaba claro. La expresión de la anciana también cambió de manera radical y se tornó sombría y desencajada. A pesar de los años, nunca olvidaría la cara de aquel hombre, estaba segura de que era él. Se llevó las manos a la boca mientras asentía con la cabeza, incapaz de emitir sonido alguno, mientras Alejandra dirigía una mirada cargada de furia y rencor contra el cristal, acompañada de algunas lágrimas que era incapaz de reprimir.
V: (Dura) Quiero hablar con él.
Todos voltearon rápidamente a mirarla.
C: (Tomándola de los brazos) Amor qué dijiste?
V: (Decidida) Que quiero hablar con él. Voy a sacarle la confesión.
C: Victoria mi amor, yo no voy a permitir eso, entiende por favor...
V: (Mirándolo a los ojos) Lo necesito...
El silencio inundó la sala, y sólo se escuchaban las respiraciones aceleradas de todos los allí presentes. César apretaba la mandíbula, se llevaba las manos a la cabeza y caminaba en círculos, sin saber cuál era la mejor solución.
C: (Mirando al infinito) Está bien, pero yo entro contigo. (Viendo que ella iba a replicar) Ni sueñes que voy a dejarte sola frente a ese desgraciado.
V: (Cerrando los ojos) De acuerdo.
Tomados de la mano se encaminaron hacia la puerta y suspiraron antes de atravesar la que llevaba a la sala contigua. Victoria apretó su mano y lo miró con decisión.
C: Terminemos con esto.
Al tenerlo de nuevo frente a frente, Victoria sintió sus piernas temblar y su lengua pegada al paladar, pero sus ojos desprendían furia. El hombre la miró y, sin prestar atención a César, sonrió con descaro.
X: Nunca dejas de sorprenderme, (recorriéndola con la mirada) estás hermosa. No sabes lo que daría por hacerte mi mujer aquí mismo.
César golpeó con rabia la mesa que estaba delante de él.
C: VICTORIA ES MI MUJER!!!! (Agarrándolo por la camiseta) Y nunca más, nunca más vas a volver a poner en ella tus mugrientas manos infeliz!
V: (Deteniéndolo) No, no, César tranquilo... Tranquilo por favor.
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Resiliencia Tekila
RomantizmVictoria Ruffo y César Évora, una realidad muy distinta a la ficción... Qué pensarías si todo hubiese acabado por una mentira? Si toda tu vida fuese una actuación... Es la primera vez que escribo en mi vida, por supuesto que nadie se sient...
