XV

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1ero de Diciembre, 2010

El frío era más intenso en aquellos días que en el resto del año, el invierno disfrutaba de su estadía. Las calles tomaban un color blanquecino por la fina capa de nieve que yacía sobre ellas, los árboles cubiertos de nieve parecían irreales, los carros, los techos de los comercios, jardines de las casas, y más, todo estaba bajo agraciadas y gruesas capas de nieve. Personalmente, es la época del año que más disfruto, cuando era pequeña solía quedarme en mi habitación mirando por la ventana cuando nevaba, quedando asombrada de lo hermoso que se veía el panorama sin necesidad de colores, luego iba al patio delantero y dejaba ángeles de nieve en el suelo, varias veces me resfriaba y tenía que quedarme dentro de casa con un vaso de chocolate caliente mirando una de esas series navideñas que tanto se repetían en la tv.

El silencio se adueñó de mi pieza, aunque Pau estuviese acompañándome, las dos estábamos calladas, cada una sumida en sus pensamientos. Miré a mi alrededor y por alguna razón fijé la vista en mi amiga, ya no estaba pensando en nada, sólo la miraba sin motivos, no parpadeé si quiera.

— Deja de mirarme, das miedo —Reclamó la rubia un tanto disgustada. Reí.

— Lo siento —Solté una carcajada. —Es que eres hermosa.—Dije con tono seductor.

—No vengas con esas cosas lésbicas. —Me lanzó una almohada y ambas reímos. Pau tomó una galleta del plato en la encimera y frunció el ceño, como si recordara algo. —¿Qué ha pasado con Steven?—Se metió la galleta a la boca —Nob bhe hablabdo conb él —Balbuceó.

— Él está bien —Sonreí, a mi mente me vinieron sus palabras cargadas de emoción. —Le redujeron las medicinas. —Aplaudí por una milésima de segundos, con sólo recordarlo me contagiaba su entusiasmo.

—Le está yendo bastante bien —Comentó ella igual de sonriente, creo que la recuperación del pelinegro al ser tan lenta y dura, cualquier atisbo de mejora era sinónimo de buen humor y optimismo, cosa que era importante tanto para él como para todos. —Y tú estás muy feliz...—Ronroneó alzando una ceja malintencionada.

—Es nuestro mejor amigo, estoy más que contenta —Dije, como auto reflejo removí el flequillo de mi frente.

— No, yo soy su mejor amiga —Se señaló. —, no sé qué eres tú. Es más, ¿ya follaron?.—Sonrió con coquetería.

— ¡Paula! —Exclamé, abriendo mis ojos a más no poder.—¿Por qué lo dices?—Murmuré con mis mejillas subiendo de temperatura, de pronto me sentía nerviosa, como cuando están a punto de descubrir al culpable y sabes que tú eres el principal sospechoso y el responsable de todo.

— No lo niegues, —La posición de la rubia se convirtió en una erguida, relajada, arqueando una ceja. Si se toma en cuenta la vestimenta y el comportamiento común de la rubia, bien sabríamos que no encajarían demasiadas piezas a la hora de ponernos serios, moños grandes en su cabeza de distintos colores, camisones con mensajes risueños, faldas cortas y coloridas, además sus mejillas rojizas por naturaleza, su pequeña nariz achatada y sus ojos verdosos le daban la impresión de no tomar las riendas de la situación por sí sola, parecía más algún tipo de muñeca importada que una persona viva, de carne y hueso Por lo que era algo divertido observar un semblante serio en ella. Una sonrisa burlesca se formó en mi rostro al verla de tal manera. —Te gusta Steven, mueres por él.

— Eso no, no pienses eso. —Me crucé de brazos.—Steven no me gusta, es mi mejor amigo.

Anda, no te lo crees ni tú. Bendita fuese esa vocecita de la conciencia en mi cabeza.

Sí, y las moscas me hablan. —Bufó Pau levantándose de su sitio. —Si Steven no te gustara, no suspirarías cuando pronuncian su nombre. —Tomó otra galleta —Para mis ojos eres más que obvia.

Para Quedarme En Tus Recuerdos. COMPLETA.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora