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Despierto confundida y con el cuerpo cansado. Los recuerdos del día anterior se aglomeran rápidamente, ¡Picky!

La iluminación es escasa, las cortinas del balcón están extendidas, no recuerdo haberlo hecho por la noche. Noto que la puerta del baño está entreabierta, y la luz prendida. Veo salir a Paul del mismo, tiene la corbata en el bolsillo del pantalón y las mangas dobladas hacia arriba. Está aquí, pero, ¿No se suponía que su vuelo venía un poco más tarde? ¿Cuánto tiempo lleva dentro de la habitación? Me quedo viéndolo, él hace lo mismo, parece un tanto serio. Cierra la puerta muy despacio.

—Hola —murmuro en medio de un bostezo.

No dice nada. Sólo se acerca, lo suficiente para deslizarse su mano por el óvalo de mi cara.

—Hola —dice finalmente. Parece estar cansado, se le nota en el rostro, no se le ve seña de haber dormido ni un poco.

Se queda ahí, a un lado de la cama, como si estuviese pensando en algo. ¿Estará molesto conmigo por no cuidar bien al peludo? ¡Oh, no! Yo no quise que le pasara nada, ni siquiera sabía que habría veneno en esa casa, menos que Picky se atrevería a... Él quiso que fuese ahí. Me abrumo, y en menos de lo que puedo darme cuenta, se me llenan los ojos de lágrimas.

—Picky... —susurro sollozando. El escozor quema en mi garganta, como si no hubiese botado suficientes lágrimas ayer, aún continúo haciéndolo.

Chisstsisea acomodándose en el espacio que hay en la cama. Una vez que se encuentra sentado, toma mi mano. —Él va a estar bien, no pasa nada, cariño.

—Si pasa, Paul. Si no puedo cuidar a un perro, que en suposición es fácil, ¿Cómo voy a cuidar de Rose?

—Fue un descuido. No ha sido tu culpa, tampoco voy a buscar culpables, ahora lo importante es que Picky va a recuperarse. Cariño, no te preocupes por eso, ya verás como el chucho sale de esto. Y no llores, que no me gusta que lo hagas —pasa sus pulgares por debajo de mis ojos. —Vuelve a dormir, aún falta un poco para que termine de amanecer, descansa.

— ¿Cuánto tiempo llevas aquí?

—Cinco minutos antes de que despertaras, tal vez. No mucho en verdad.

— ¿Has dormido? ¿Por qué estás aquí a esta hora?

—Hannah me llamó para decirme lo que había ocurrido con Picky, que estabas nerviosa y bueno, ella también se ha puesto un poco mal por no prevenirlo. Entonces, decidí no esperar más, recogí mis cosas y me vine. Estaba preparando la cama cuando recibí la llamada y ya después no pude dormir durante el vuelo. —Me levanto para quedar sentada, enrollo mis brazos en su cuello.

—Tenía miedo, mucho miedo de que no... De qué Picky... Se miraba muy mal.

—Mi amor, olvida eso, ya ha sido atendido, y podremos ir a verle en unas horas, estará bien. No le des más vueltas. Anda, vuelve a dormir.

— ¿Y si también duermes tú?

—Sí, solo deja que me quite esta ropa. —Me acomodo nuevamente en la cama. Sube el edredón para que me cubra.

Va hacia el bolso que descansa sobre una de las sillas de la habitación y saca un juego de pijama nuevo, ¿Ha ido de compras en New York? Las comisuras de mis labios se encurvan, no lo veo en una tienda, totalmente elegante vestido en modo empresario y haciendo "shopping" de emergencia. Cuando ya se ha cambiado, deja su ropa colgando del espaldar de la silla y camina hacia la cama, deja cargando el móvil y se mete debajo del edredón.

—Tienes helados los pies —le digo. Pasa su brazo dejándolo sobre mi vientre.

—Me he quitado los zapatos abajo, está haciendo un poco de frío —besa mi cuello. —Que descanses, cariño.

LA CHICA DE UN ZIMMERMAN (TWO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora