13. Encajando las piezas

4.6K 319 46
                                        


-¿Puedes quedarte quieta?

-¡Ay!

Thalía alzó la mirada y clavó sus ojos en los de Mimi de una forma para nada simpática. Estaba intentando arreglar la cintura de unos pantalones y no dejaba de clavarle la aguja a Mimi sin querer, aunque ella no consideraba eso su problema.

-Ya casi he acabado –le dijo, aunque estaría más tranquila si no fuera la primera vez en la que esas palabras salían de su boca.

En un momento de debilidad, Mimi había accedido a la petición de Thalía de hacer de modelo. La morena casi no había podido contener su emoción en cuanto Noemí le dijo que adelante. Su jefa pensó que era mucho mejor aprovechar a Mimi que tener que buscar a alguna modelo, pero Mimi, que de tonta no tenía un pelo, había accedido solo a cambio de quedarse justo esos pantalones que le estaban probando en ese momento.

Una vez Thalía había conseguido todo el material que necesitaba, había arrastrado literalmente a Mimi desde su mesa hasta la sala de descanso para arreglarle la ropa. Menos mal que Mimi no tenía ningún reparo en cambiarse delante de gente porque por allí no dejaban de pasar compañeros. Por supuesto, Juan Antonio no había querido perderse la oportunidad de poder meterse un poco con Mimi y allí estaba, en el sofá.

-¿De verdad llevarías eso por voluntad propia? –preguntó Juan Antonio dudoso mirando la chaqueta llena de purpurina que también se estaba probando.

-Depende de la ocasión –dijo Mimi mientras consideraba la comodidad de la ropa- Igual a una fiesta. O a una cita, dependiendo de a donde fuéramos a ir –una mirada a Juan Antonio le demostró que no había sido buena idea añadir esa última parte- No empieces.

Desde el momento en el que había dejado caer que Ana estaba soltera, su compañero había empezado a dar la paliza, aún más, con que le pidiera salir. Mimi todavía no comprendía por qué Juan Antonio estaba tan interesado en su vida sentimental –o más bien falta de ella. Tendría que hablar seriamente con Zaira y comentarle a qué se dedicaba su marido, ella era la única que podía controlarlo.

-¿Crees que le gustaría esa chaqueta? –preguntó el hombre de todas formas.

-No sé de quién me hablas –fingió Mimi- No hay nadie con quien vaya a ir a una cita.

Thalía se levantó y admiró su trabajo.

-Cita o no, te queda genial. Y los pantalones también. Podrías llevar pantalones así más a menudo y enseñar las piernas.

-Si me estás pidiendo que enseñe carne primero me tendrás que llevar a cenar –bromeó la rubia- No te será tan fácil.

-Eso no es lo que yo he oído –murmuró Juan Antonio, lo que hizo que Mimi soltara una carcajada al recordar varios de los encuentros espontáneos que le había contado al chico.

-¿Qué voy a hacer si la gente me encuentra irresistible?

-Pues imagínate cuantas personas te van a perseguir después de ver las fotos –la apoyó Thalía.

-Solo que ninguna será la que ella quiere.

-¿Puedes irte a la mierda? –le dijo al chico del sofá, con un tono más amistoso que irritado.

-¿No tendrías que estar haciendo algo? –le dijo Thalía e inmediatamente el hombre se puso de pie y salió de allí para evitar discusiones- Le encanta meterse en tu vida.

-Lo sé.

-¿Quieres que te diga que pienso?

-No estoy segura.

ClichéDonde viven las historias. Descúbrelo ahora