Capítulo 3: Trampa

4K 471 235
                                    

Imagen de la portadaSeriola quinqueradiata de  Utagawa Hiroshige, publicada en 1832.

*

Abril 1945

Ash despertó amodorrado tras el sonido de las olas chocar contra las rocas. A penas estaba amaneciendo, aún estaba oscuro ya que por la pequeña ventana de la habitación apenas entraba la luz. Hacía ya casi un mes que ha estado en la cabaña junto con la compañía asiática. Giró su cabeza y observó que las mantas, no...Así no lo llamaban, los futones no estaban cerca de él.

Después que le dijo su nombre a ese extraño japonés las cosas cambiaron un poco. Por el día Ash estaba la mayoría del tiempo entre despierto y dormido. A veces podía sentir como el japonés le cambiaba los vendajes y le susurraba palabras alentadoras cuando siseaba de dolor cuando le aplicaba ungüento sobre sus heridas. Shorter y a veces Sing, cuando lograba escaparse de la mirada de su hermano Lao, lo ayudaban. Incluso dormían en la misma habitación por las noches para cuidar de él. A Ash le daba miedo pero a la vez satisfacción lo rápido que formaron vínculos. Realmente confiaban en él y no iba a traicionar esa confianza que le han depositado a pesar que él fervientemente se dijo así mismo que no lo iba hacer.

Por las noches también podía dormir, lo cual le pareció insólito por las vigilias que debía hacer cuando estaba en servicio. Incluso cuando rara vez podía hacerlo, nunca pudo. Los recuerdos de su pasado siempre lo atormentaban siempre en la noche. Sin embargo, cuando visualizaba en la oscuridad la presencia de Eiji cerca de donde estaba, su alma se sentía tranquila y podía dormir profundamente sin alguna pesadilla de por medio. Ash lo atribuyó a sus heridas y cansancio acumulado que traía. Aunque se sentía ansioso cuando atacaría sus ataques de nervios otra vez. Aunque no estaba muy seguro porque al ver al japonés le llenaba paz.

—¡Oh! ¡Has despertado! ¡Aleluya! —expresó Shorter con un plato de comida. Ash notó preocupado el contenido de la misma. Solamente era arroz. En parte se alegraba que no contenía Natto pero eso significaba que la comida se estaba escaseando.

Ash ya tenía las suficientes fuerzas para sentarse por sí mismo. Sonrío de lado cuando apreció la sonrisa de oreja a oreja del asiático. Con el poco tiempo que han convivido juntos, Shorter ha mejorado considerablemente su inglés. Aún tiene marcado su acento pero le entiende muchísimo mejor cuando lo conoció y se ha animado a mantener conversaciones triviales y largas con Ash.

—¿Aleluya? ¿Quién te ha enseñado esa palabra? Claramente yo no... es de un nivel avanzado, ¿sabes? —molestó Ash.

Shorter hizo pucheros.: —¡Cierra el hocico! —Ash bufó, esa frase definitivamente lo aprendió de él. — ¿Sabes qué hora es, vago? Ya casi es de noche, dormiste todo el día.

—¡¿Qué?! —jadeó Ash. Con el poco tiempo que ha estado relacionando con Shorter, inclusive con Eiji y Sing, Ash se asombra con ellos podía dejar atrás su indiferencia y actuar libertinamente, como si se hubiesen conocido desde antes. —¿Pero aún está oscuro?

Shorter bufó. —¡Está anocheciendo, no amaneciendo! —explicó.

—Oh...—murmuró Ash.

—¡Bueno! ¡Entonces a comer! —le entregó la comida. Estaba lleno el plato. —¡No dejes ningún grano de arroz porque lo cocine yo! —dijo orgullosamente Shorter. Rápidamente se ofendió cuando observó a Ash torcer su rostro. —¡Esta vez están bien cocidos! ¡Eiji estuvo todo el tiempo fichándome!

—¿Eiji? —preguntó Ash buscándolo con la mirada. Normalmente cuando él escuchaba su voz o le avisaban que había despertado, el japonés aparecía para determinar su estado. No temía admitir que le agradaba pasar tiempo con él y, al parecer, el sentimiento era mutuo. Eiji sonreía más a menudo cuando estaba con él, o eso le decía Sing cuando podía hacerle compañía.

ExtranjerosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora