Un nuevo semestre

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No me imagine verme lleno de tantas obligaciones, pero no le fallaría a nadie. Estaría al frente de cuatro grupos, además de sacar mis materias, las cuales acomodé los días que diera clases para tener un día libre en la semana. Me hubiera  gustado descansar un rato, distraerme y la única persona en la que podía contar estaba ausente, me preocupaba que estuviera sola en casa, pero sabía que la vería los martes y jueves y sobre todo esperaba poder mirarla por los pasillos de la preparatoria o en su clase con Marcial. 

Lunes en la mañana recibí la lista con los alumnos que tendría, las imprimiría saliendo de mis clases, eso sí, mi material ya estaba más que preparado para ilustrar a esos jóvenes en la Historia Regional y de México. Llegué un poco apresurado, me entretuvieron en el centro de copiado y al parecer no era el único que iba tarde; delante de mí iba ella un poco apurada pero eso no me detuvo para hablarle:

-¡Señorita!

Se detuvo y volteó hacia donde me encontraba, regreso sus pasos con una sonrisa en su rostro, nos saludamos con un gran abrazo.

-¿Cómo ha estado profesor?

-Pues estoy, que es ganancia.

-Me imagino que va saliendo dar su clase.

-Al contrario, voy empezando.

-Muchas felicidades. Espero que le vaya bien.

-¿Y por qué tan tarde jovencita?

-Me llegó un paquete de papá y le envió algo a usted. Mañana se lo entrego en la oficina.

-Gracias por sus atenciones. 

Se detuvo frente al aula 21 a la cual yo también me dirigía.

-Parece que nuevamente seré tu profesor.

-Usted siempre será mi profesor aunque pasen veinte años.

-Bienvenida a su recinto de sabiduría.

La clase transcurrió con su normalidad, los nuevos compañeros de Caro eran entusiastas, pero también indisciplinados, pero trataría de evitar caer en sus juegos y provocaciones a hacer más grande el barullo, pero lo mejor era que la tendría a mi lado.    

La hija de mi profesorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora