Descubiertos

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Agradezco a la vida, a mi familia por haberme criado bajo la doctrina de la Iglesia Católica, hoy visitaría a mi madre bajo su advocación de la Merced, en su día, en su fiesta.

Y sin esperarlo la vi, ¡lo sabía!, ella es mujer para mí, evité sentarme junto a ella, pero dónde la podría observar. Miraba como contemplaba a mi madre, mientras sus labios se movían en una plegaria, todo era felicidad hasta que vi a ese bastardo entre el cortejo solemne, ¿acaso ella está ahí por él? La celebración terminó y traté de acercarme a ella. Una mujer mayor estaba platicando con ella y se alejaron, por lo cual ahora tenía que vigilar a ese maldito.

Morí de rabia al saber que se perfilaba para ser el prior de la orden, no merecía ese puesto, salió del recinto sagrado y lo seguí, ella estaba ahí, con la mujer, no podía escuchar su plática estaban lejos de mí, con tal de no ser visto me abstuve de acercarme. Pasó un rato hasta que la mujer se despidió de ellos. Al retirarse ella empezó a reír, mientras le reñía algo, después se besaron.

¡Maldito!, ¡Mil veces seas maldito! No podía creer que lo prefería a él, yo sería capaz de matar por estar con ella, incluso irme a estudiar enfermería como ella y Mayra, me preguntó si ella sabe de esto. Pero ahora ya los tenía entre mis manos, su romance era mío y estoy más que dispuesto para terminarlo y que sea mía de una vez por todas.

Tomé las fotografías necesarias para llevar a cabo mi plan.

Llegó el lunes, en el taller comenzaría mi estrategia, dejé una carta sobre su lugar, salí del salón, en ella le daba una hora y un lugar en el cual quería verla, confrontarla, vi cuando entró y al poco tiempo salir con la carta en sus manos, llegué tarde al taller, trataba de actuar normalmente, pero no era así, evitaba mirarlo, mientras yo sonreía triunfante.

El curso terminó y salió corriendo del lugar, sabía que era el momento y partí, la vi entrar al pasillo de los premios de la escuela, era el momento, al verme se hizo una furia la detuve mostrando las fotografías que había impreso.

- ¿Por qué tenías que darte cuenta?, Tal vez alguien más le hubiera sido más fácil de explicar.

-Porque el amor de tu vida tenía que rescatarte.

-Jamás he sentido nada por ti, hasta ahorita.

- ¡Lo sabía!

- ¡Te odio!, ¡Te odio! ¡Mil veces, cada vez que respires!

-No te pongas así, mejor cálmate o todos sabrán de "tu amorcito" y su vida se irá al carajo.

-Déjalo en paz, humíllame sí es lo que quieres.

-Al que quiero humillar es al bastardo que me robó a mi mujer.

- ¡Estás loco! Cómo puedes seguir insistiendo en algo que jamás será.

-Será porque él lo pagará.

Sin pensarlo más, me acerqué a ella y besé sus labios entreabiertos que estaban por maldecirme, salados por sus lágrimas, me separé de ella, limpió la evidencia desesperada contra su mano al punto de parecer sangrar, no dijo nada, solo sostuvo la mirada molesta a no poder más.

-Solo te recuerdo que en tus manos está su futuro.

Me retiré, mientras escuchaba sus sollozos.


Llegué a casa, escribí a Mayra pidiendo que avisará que estaba enferma, después platicaría con ella el asunto, primero quería tratarlo con mis padres. Me encerré en mi cuarto, comencé a llorar mientras me preguntaba ¿qué había hecho para merecer esto? Para evitar a toparme con Miguel, me iría a estudiar al pueblo de mi padre, aunque creo que ese sería mi escape también de Emmanuel solo espero que me llegue a perdonar por la manera de terminar esto.

El teléfono sonaba, era mamá preguntando por mí, le dije que ya estaba en casa, pero no deseaba ser molestada, que me disculpará, cuando me sintiera mejor me verían, no pasó mucho rato y me quedé dormida.

Eran las 11 de la noche, la casa estaba totalmente en silencio, pensaba en Emmanuel y como lo tomaría, no quería que su amistad con mi padre se fracturara, no quería que me odiara, aunque lo merecía por lo que haría, dormí un poco más y después escuché a mis padres prepararse para ir a sus clases, me levanté y pedí permiso de ir con ellos, accedieron, no preguntaron nada, solo por el acto académico al cual no asistiría, odiaría ver a ese bastardo ahí.

La jornada de mis padres terminó, fuimos a la oficina, no pude evitar recordar la primera vez que lo conocí, lágrimas comenzaron a brotar y sin poderlas ocultar solo pude decir entre sollozos: lo sabe. Cubrí mi rostro, sentí las manos de papá sobre mis hombros, me tranquilicé por un momento para tratar de explicarles lo que había pasado, me escucharon con atención y con ellos decidí que mi partida sería un secreto para Emmanuel.

La hija de mi profesorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora