V. Mío, solo mío.

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Mis manos se movían casi por inercia. Él tomaba mi cuello con ambos manos y me acercaba más a él.
Quedaba más alto que yo debido a que estaba sentado en la mesa, pero eso no me prohibió seguir en este juego.
Pasé mis dos manos debajo de su camiseta. Él tembló levemente. Me volvía loco este niño. Era tan precioso que sentía que iba a explotar de amor.
  Tocarte y que tiemble así. Que se sonroje, que te bese de esta forma. De verdad, Pete me tenía muerto de amor.
Lo besé con todo el amor que le tenía. Un poco ya le dolía, porque yo soy algo bruto. Pero él era mío, todo y completamente mío.
Él cada vez pegaba más su cuerpo al mío. Tanto así que pude apoyarlo.
Su erección era potente. Dura.
--Ae... --me dijo entre besos.
Abrí los ojos y lo miré. No me daba cuenta como mi respiración estaba agitada hasta que ví la suya. Que estaba peor.
Pete estaba completamente sonrojado y sus ojitos estaban muy dilatados. Cómo exigiendo.
--¿Si? --pude decir con voz entrecortada. Me ahogué con mi propia saliva pero no podía sentirme de otra forma. Estaba a punto de tirarme encima de él y eso él no lo notaba.
O quizás si.
--Te amo...
Un calor invadió mi cuerpo. Un calor muy parecido al que yo estaba sintiendo. Mi corazón latió mucho más fuerte. Creía que iba a morir pero no, estaba explotando de tanto amor.
Lo agarré de la cara. Sus mejillas que tanto amaba estaban en un rojo intenso. Y él sonreía.
Como si no se diera cuenta que cada vez que sonríe, a mi me alegra la vida. 
Me separé un poco de él.
Él quedó desconcertado. Cada vez que me alejaba de él quedaba desconcertado. Como perdido. Y ahora lo notaba mareado... Capaz de hacer cualquier cosa.
Me saqué la remera y él me miró con lujuria. La misma mirada de siempre.
Y me acerqué a sacarle la suya. Su pecho y su abdomen tonificados eran mi perdición.
Me perdí en la blancura de su piel. Y le di besos. Un caminito de besos mientras él me acariciaba el cabello.
Y gemía. Gemía mucho.

Se bajó de arriba de la mesa y quedó frente a mí. Los dos sin remera, besándonos. Tan excitados como se nos permitía.
Lo conduje al sillón de su living.
Listo, hasta aquí.
El sillón era muy cómodo, pero eso no me importaba en lo absoluto. Yo solo quería tenerlo para mí.
Él quedó abajo, y sonreía cada tanto. Yo en cambio no podía entender cómo me seguía controlando después de esto.
Y nos seguimos besando. Hasta que de verdad, dije basta.
Le metí unos dedos en la boca. Y él, provocador, los lamió mirándome a los ojos.
Mi mente disparaba para todos lados.
Y los lamía como si de verdad ese fuese mi pene.
--Carajo, Pete --le dije.
Y acto seguido le bajé los pantalones y despacio le metí uno de los dedos bien lubricados.
El gimió muy sensualmente.
No era gemido de dolor. Era un gemido de placer.
--Te lo voy a hacer despacio, no quiero lastimarte --le dije casi en susurro. Casi siempre le decía lo mismo, pero esta vez, con tanta calentura encima tenía miedo de verdad a lastimarlo.
Él negó con la cabeza y me miró fijo.
--Hazlo de una vez, Ae.
Lo volteé en el sillón. Sus manos apretaban con fuerza los almohadones.
--Espera, Pete, no me he puesto el condón... --le dije, y hice un ademán de levantarme.
Pero él me tomó de un brazo.
--Hazlo así. Ae, por favor...
Me lo pedía casi en súplica. Yo no podía aguantar tanta provocación.
Lo besé en la espalda. Dejaba un poquito de rastros de saliva en cada beso y a Pete se le ponía la piel de gallina.
Conduje mi pene hasta su entrada. Despacio y él gimió fuerte. Apretó mas sus manos en los almohadones.
Y a uno, lo mordió.
Lo miré preocupado, pero a la vez, me dolía que esto fuera tan lento. Me estaba conteniendo demasiado.

Comencé a meterlo. Despacio, con cuidado. Pete se intentaba relajar.
Logré meterlo completo y Pete se relajó. Casi de inmediato.
Embestí. Una y otra vez.
Pete gemía muy fuertemente. Yo le abrazaba de las caderas.
--Pete... Esto es... Genial... --decía entre jadeos.
Estábamos muy sudados. El ambiente era demasiado erótico.
--Si, así... ahí... ¡Ah!
Los gemidos de Pete me hacían excitar el doble.
¡Lo estaba disfrutando!

Sin condón se siente fantástico. Casi como tocar el cielo. Se siente el doble... El doble de Pete.
Estar dentro de él me encantaba. Me encantaba hacerlo mío. Me encantaba escucharlo gemir.
Escuchar gemir a alguien que era mío. TODO, y completamente mío.
--Eres mío --le susurré al oído. Y luego de esto, me corrí dentro de él.
Al segundo, se corrió él. Compartiendo gemidos fuertes.
Pete seguía temblando y su cara estaba empapada de sudor.
Yo estaba igual, y temblaba. Pero hacía el esfuerzo por no hacerlo.

Me quedé un rato más así. Tumbado arriba de él. Respirando. A él no pareció incomodarle.
  Esperamos a que nuestras respiraciones se normalizaran para poder lograr decir algo al menos.

Desde el primer día.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora