XIII. Sutil.

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Llevaba más de una semana haciendo lo mismo. Yendo y viniendo. Repartiendo mis horarios. Escondiéndome. Esperando que el perímetro esté libre para podés escabullirme.
Repartí mis horarios teniendo casi nulos momentos en mi casa o departamento. Era una semana complicada, y lo había sido porque daba todo por estar 5 minutos junto a él.
El hospital era un lugar sumamente grande. Me traía recuerdos muy sutiles cada vez que ingresaba casi a escondidas.
El horario de visita era de 5 a 6 de la tarde los lunes martes y miércoles y 7 a 9 los jueves y viernes. Sábado y domingo no estaban permitidas las visitas.
Eso me molestaba casi en su mayoría. Y por eso, me imponía a todo. Y con todo, me refiero a pasar entre la seguridad, médicos y enfermeros que no se percataran de mis rupturas de leyes.
Hacia el mismo recorrido siempre con un intervalo de 2 segundos de espera por sector. El de seguridad (el mismo gordito simpático de siempre) se iba al baño a las 4:02. Era como su horario de descanso pero para ir al baño.
La enfermera o el enfermero de turno si era una ruleta rusa. Todos los días cambiaban o se repetían los mismos. Casi siempre lograba esquivarlos.
Entonces la pregunta era, ¿Por qué no esperar hasta el horario de visita sin tener que hacer todo esto?
Fácil. Yo se lo debía a Pete.
Seguí caminando escondiéndome perspicaz entre la gente y los consultorios.
Hasta que llegué a la habitación B4 en cuidados intensivos. Donde estaba Pete, acostado sobre una camilla, lleno de sueros.
Él estaba dormido. Hacia una semana no se despertaba.
Ingresé a la habitación verificando que no haya nadie cerca ni dentro. Cerré la puerta muy suavemente.
Para mí suerte, Pete tenía una habitación para él solo.  Quizás era lo bueno de que sea un Ai-Koon-Chai.
Suspiré cansado y me senté en el borde de la cama. Hice esto por una semana completa. Lo venía a ver dormir solamente. Y a veces le hablaba, esperanzado de que despertara.
Una semana antes, yo estaba despertando para ir a correr. Al llegar, me llama la madre de Pete (vaya uno a saber cómo consiguió mi número y difícilmente lo sepa algún día) diciéndome que Pete estaba en una CASA DE NARCOTRAFICANTES y que estaba muy mal herido.
¿Cómo me sentí? Vacío.
Vacío, espantado, anonadado. Estaba como perdido.
Ese día no recuerdo bien como hice para llegar tan rápido a la casa de Pete. O sea, a la casa de la madre. Ella lloraba desconsoladamente. Yo lo único que pude hacer es abrazarla y aunque esto parece algo extraño, en ese momento, solamente lo hice.
Yo estaba vacío realmente. Sentía que me iba a morir de impotencia en cualquier momento. Ese día sali a correr un buen trecho y no me sentía cansado. Era como una descarga de adrenalina que me salía por los poros.
Pete llegó inconsciente al hospital. Tenía la cara manchada de sangre al igual que su ropa. Yo me desesperé cuando lo ví. Y lloré de la ira.
Era desconcertante ver en ese estado a Pete. Desmayado, sangrado...
Y durante esa semana, me la pasé yendo y viniendo. Todos los días casi todo el día estaba con él hasta que escuchaba que alguien venía.
Me escondía, a veces en el baño, a veces debajo de la cama, a veces solamente dejaba que me vieran. Todo eso hacía casi todos los días durante una semana.
Pond ya no sabía que decirme para poder pensar en otra cosa. Mis amigos, todos venían a verlo. Todos le traían flores.
  Yo no sabía que más hacer para sacarme esta culpa.

Pink y Trump terminaron presos. Por fin. Creo que le dieron 15 años a cada uno por tráfico de drogas, secuestro, y no sé qué cosa más. El juicio había sido rápido por las influencias del papá de Pete. Un hombre sumamente rico e importante.
Que lo venía a ver todos los días, con su otro hijo. Al que nunca vi personalmente y que sólo sabía que existían por lo que me contaba la madre de Pete.
  Miraba a Pete. Dormía. Su pecho subía y bajaba lentamente. Nunca me imaginé estar en una situación así con alguien. Sus moretones se volvían más violetas pero sus heridas cortantes ya estaban cicatrizando.
Trump le había roto una costilla y fracturado una muñeca. Entre muchos otros hematomas que se le diagnosticaron.
No me dejaron acercarme a Trump, claramente.
Tenía una lesión leve en la cabeza que no afectaría en nada su sistema nervioso. Pero que igual manera, de ser un poco más fuerte el golpe, hubiese podido sufrir cualquier cosa.
Pete estaba vivo de milagro.
Y Trump, también.

Desde el primer día.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora