Llegar al juzgado fue más difícil que respirar.
Se me cerró el pecho cuando llegue. Mis piernas me temblaban y estaba a punto de desmayarme. Se me bajó la presión que me daba hasta náuseas.
Mi padre, madre, novio, abogado, pseudo sobrina y quizás medio Bangkok me estaba esperando en la puerta. Llegué yo, con una pinta de desaliñado terrible. Temí por no haber llegado a tiempo.
--Solo te quedaban 12 segundos Pete --me dijo Sam a penas me vió llegar y enseguida me llevaron adentro. Así con presión baja yo tenía que estar.
Ae enseguida me trajo un caramelo y N'Yim traía una bolsa. Literalmente. Le había comprado una bolsa de caramelos a la sobrina solo por mi.
¿Acaso sabía que yo iba a llegar corriendo y que me iba a bajar la presión?
Me sentí muy culpable al respecto. Pero sabría qué debía disculparme después.
Llegué justo. Justo de lo que se dice justo. Mis piernas me quemaban y mi rostro estaba rojo. Quizás más de lo que me imaginaba.
Llegué yo, y empezó la sesión. Al toque, sin dilataciones.
Cuando estaba concentrado por respirar, Trump y Pink me miraron con reproche.
¿De verdad no te rendiste, marica?
Eso me decía mi voz interior. Era una voz que sonaba a sus voces. Era la pura realidad de sus pensamientos.
Ae me miró con intriga. Él no estaba enojado. Supuso que yo no tuve una buena charla con mi padre. Él era tan comprensivo.
O quizás si estaba molesto. Sin embargo su cara era más de seriedad que de enojo. Y su enojo tampoco era 100% notorio.
Debía hablar con todos. Con papá, mamá y Ae.
Por otra parte, con el que estaba hablando era con Sam, que si bien no le interesaba mucho mi vida privada, me estaba ayudando a seguir con el juicio de manera normal. Como si mis problemas ahora ya, fueran la encarcelación de Trump y el narco.
Sam era conciso. Di la verdad. Tú verdad. Lo que en realidad pasó. Diles toda, toda la verdad. No importa si el mundo se entera que eres gay, eso no importa en absoluto, tu di que eres inocente. Que en realidad, los malos son ellos.
Di la verdad, Pete. No te quedes callado. Esto puede afectar tu vida.
Eso hice. El juicio comenzó.
Trump estaba sentado de mejor manera ahora. Se ve que el efecto de la droga había cesado.
Las náuseas y mareos no cesaban cuando tomé un poco de agua que se hallaba en mi asiento. Sam me miraba nervioso. No lograba recuperarme y tenía muchas ganas de vomitar.
--¿Esa agua era tuya? --le pregunté disimuladamente.
--No, ¿Qué no era tuya?
No lo sé, pero estoy a punto de vomitar.
Y de desmayarme.
...Señor Pichaya, pase a declarar.
El mundo seguía girando en mi cabeza. Temía vomitar en cualquier momento. Mi presión aumentaba. Debía hacerlo. Si o si debía declarar aunque quería vomitar.
--¿Estás bien, Pete? --me preguntó Sam. Su voz me aturdía.
Asentí. Supe que estaba pálido. Lo sentí en toda mi cara.
--...Dios mío boludo estas amarillento. --Sam habló en español y claramente no entendí que dijo. No sé por qué habló así ni que me dijo, pero me tocaba el hombro.
Asentí. Miré al juez.
Intenté levantarme para acercarme al estrado. Suspiré. Las náuseas me estaban matando. El estómago me ardía.
Sam se levantó conmigo. Temía que yo me cayera. Lo supuse.
Me había descompuesto.
Aún así, la fuerza de voluntad que estaba ejerciendo superaba toda descomposición.
--Dale chinito, vos podés, vos vas a salir de esta, dale pibe...
Nota de autor: en Argentina, no importa de qué parte de Asia sea la persona. Ni siquiera importa si la persona es o no de Asia. Si tiene rasgos asiáticos o tiene los ojos rasgados, siempre se utiliza el apodo "chino o china". Es una forma cariñosa de llamar a la persona.
Sam dirigió esas palabras a mi. Su acento argentino floreció de repente. Como si esas palabras salieran directamente de él. No las entendí en absoluto, pero en sus ojos solo podía ver preocupación y aliento.
Yo podía con esto.
Me senté y acomodé el micrófono.
Observé el lugar. Lleno de personas.
Los fiscales.
Los peritos.
Los testigos.
Mis testigos ¡Rayos, no había pensado en eso!
Los estudiantes de abogacía sentados en fila atentos a mi. Con su cuaderno en mano. Los traductores y intérpretes judiciales. El jurado a un lado. El juez.
Todos me miraban.
Tomé aire. El lugar estaba en un silencio fúnebre. Nadie movía un solo músculo. Quizás lo único que se llegaba a escuchar eran los flashes de las cámaras.
--M-Me llamo... Pete Pichaya...
Trump río en su sitio en forma disimulada.
No me intimidada.
No me vas a intimidar.
Nunca más.
--Tengo 19 años y estudio en la IC (international college) y estoy en segundo año.
Recordé por un segundo en como la facultad cambió mi vida.
Descubrir mi sexualidad, aceptarme como soy. Saber quién soy. Saber qué es lo que quiero. Recibirme, tener un trabajo. Ser gay y recibirme. Era en lo único en lo que pensaba.
Mamá me apoyó desde el primer momento. Y quizás nunca lo hubiese podido lograr sin Ae en mi vida.
Supe que debía devolverles el favor.
--Y soy gay.
Todas las personas me miraron fijamente. Algunos con entusiasmo, algunos con rechazo. Algunos sin expresión.
-- C-Conoci a Trump cuando comencé la facultad... y yo me enamoré de él. Fuimos novios.
Mis manos temblaban. Mi voz se quebraba en cada frase. Mis lágrimas querían salir. La risa de Trump, si bien en algún momento de mi vida fue mi perdición, ahora era mi inspiración. Mi inspiración para borrarsela y verlo siendo llevado por policías hacia la cárcel.
--Él me dijo que yo le gustaba mucho. Y yo le creí. Estaba tan estúpido por él que no supe que sólo se me acercó por el dinero.
Sam me miraba esperanzado.
Miré a Ae y él a mí. Quedamos unos segundos así. Mi corazón por fin pudo latir.
--Me agredió para conseguir dinero. Me sobornó. Muchas veces. De muchas formas. Me golpeó en reiteradas ocasiones. Hasta que un día, alguien me salvó.
No nos dejamos de mirar.
--Alguien que amo con todo mi corazón, me salvó. Me dió fuerzas, pude salir del clóset, pude decir que no. Pude notar el gran cambio.
El juez escuchaba atento.
--El gran cambio de alejarme de esa persona. Y a su vez, buscar mi propia justicia. Demostrar que puedo hacer.
Ae no me sacaba los ojos de encima. Mamá estaba llorando. Lo notaba. Mi padre, con la mandíbula tensa y N'Yim, con sus dulces.
Sam me hizo un gesto con los ojos. Trump se estaba comiendo las uñas.
--Así es. Fui novio de Trump. Pero nunca quise volver con él. Solo quiero una sola cosa ahora mismo.
Verlo en la cárcel. Y que se pudra. Él y toda la gente que goza de ser igual que él.
Me levanté del estrado y volví a mi lugar. Nadie dijo nada.
Samuel sonrió de oreja a oreja.
Pero yo tuve que salir corriendo. Independiente de ya haber hecho mi parte. Ésta vez, si iba a vomitar.
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Desde el primer día.
RomanceFanfic basado en la serie "Love by chance" y en la novela "My accidental love is You". Con los personajes de los mismos. Este fic es 100% inventado. Quizás tenga algunas partes iguales a la serie o libro pero son muy pocas. •AePete• •Los perso...
