–Toma, come y bebe algo–entró Giovanni Galini a la especie de enfermería en la que estaba metida.
Me tendió un plato con comida recién hecha y una botella de agua.
–Gracias–dije. Di un gran trago de agua.
A todo esto una mujer me examinaba el brazo, me daba hielo para el codo y el puño.
–Lo siento mucho Giovanni, no sé qué hago, no debería estar aquí poniéndoos a todos en peligro.–dije mirando a padre e hijo, pues los dos estaban en la habitación conmigo además de la enfermera.
–No nos pones en peligro...–dijo Pietro pero rápidamente Giovanni interrumpió.
–Sí nos pones en peligro, pero es un peligro que estamos dispuestos a asumir. Te vamos a ayudar a salir de la ciudad y llegar al Centro de Control de los estafadores. Te vamos a ayudar a que pongas fin al saboteador. Pero con una condición Carterista–me dijo Giovanni serio.
–La que sea Giovanni...–dije.
–Cuando lo consigas deberás retirarte de este mundo, desaparecer. Has sido una gran criminal pero mira a tu alrededor, mira el caos en el que te has metido, ¿crees que hay forma de arreglar esto?Podemos intentar hacerte salir de esta con vida y libre pero no te puedes quedar, debes irte para siempre de este mundo que es el crimen.–me dijo.
Me quedé mirándolo en silencio. Tiene razón. Mi vida, al menos como la había vivido hasta ahora va a dejar de existir, no puedo seguir así, no puedo seguir siendo una estafadora, ya estoy en los regristros de la policía, ya tienen mi cara y quedarme solo le pone una fecha de caducidad al resto de mis compañeros, porque una vez que cae uno, lo más probable es que caiga el resto.
–Sí, prometo irme de aquí, prometo irme lejos, dejarlo todo de lado pero solo si puedo garantizar el bienestar de mi organización. Quiero encargarme de pararle los pies al saboteador.–
Tampoco es que yo tenga muchas cosas, teóricamente dejarlas de lado debería resultarme sencillo.
Giovanni me sonrió y se acercó a mí, me dio un abrazo.
–Cuando me enteré que te habían capturado... pensé que perdía a otra hija... es un milagro que estés aquí y sobretodo que me consideres a mí el indicado para ayudarte. Me alegro mucho que estés bien Carterista, no sabes el cariño que te tengo–el mafioso italiano me envolvió en sus brazos, lo agarré con fuerza.
–Menos mal que te tengo Giovanni, sabes que eres como un padre para mí, gracias.–dije sin soltarlo. Después de varios segundos nos separamos y lo miré fijamente. –¿Sabes qué ha pasado en mi ausencia?¿Qué sabes de Mustang y el resto de estafadores?–pregunté nerviosa.
–Ahora descansa un poco, después te pondremos al corriente de la situación y te ayudaremos a salir de la ciudad. Conseguirás arreglarlo todo Carterista. –fue la contestación que recibí del mafioso.
–Dime que todo va bien por favor–le supliqué. Giovanni se quedó callado.
–Céntrate en descansar.–me respondió, luego miró a su hijo.–Pietro, llévala a su habitación para que descanse.–Y Giovanni Galini se fue de la enfermería
Miré a Pietro que se encongió de hombros.
–Las cosas no van bien, pero todo podría ir mucho peor –dijo Pietro acercándose a la puerta, me levanté y fui tras él.
–Dime qué ha pasado Pietro por favor–dije.
–No me gustaría preocuparte más de la cuenta Carterista, todo se va a arreglar–Pietro andaba por el pasillo yo lo perseguía.
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La Carterista
AcciónOs diría mi nombre pero he tenido tantos que no me vais a reconocer por ninguno de ellos; mi gente me conoce como la Carterista. Me gané ese nombre a los 13 años cuando le robé la cartera a uno de los hombres más peligrosos del mundo, que además...
