Os diría mi nombre pero he tenido tantos que no me vais a reconocer por ninguno de ellos; mi gente me conoce como la Carterista.
Me gané ese nombre a los 13 años cuando le robé la cartera a uno de los hombres más peligrosos del mundo, que además...
Mustang estaba tan aterrorizado, con las manos en la cabeza y mirando con auténtico pánico todas las torres quemadas.
Miré a Hackie que rápidamente estaba tecleando en uno de los ordenadores que se habían salvado.
A mí me empezó a entrar un dolor terrible de cabeza, el agotamiento avisándome de su presencia y amenzando con tomar control de mi cuerpo y hacer que desvaneciera. Me tambaleé un poco, con mis dedos me pellizqué el puente de la nariz y cerré los ojos.
–¿Cómo podéis ser tan idiotas de tener seguridad en vuestros ordenadores capaz de ser franqueada por el saboteador?–dijo Luna apareciendo detrás de mí y asomándose a la destrozada sala de almacenamiento.
Mustang cayó al suelo de rodillas resignado, estaba perplejo.
Me di la vuelta y miré furiosa a Luna, no sé si era todo el cansancio dentro de mí o simplemente el odio acumulado que tengo hacia ella.
–¡¿Somos nosotros los idiotas?!–alcé la voz. –Lo dice la que va dándose aires de grandeza con que es la mejor estafadora que esta organización ha visto jamas y no se da cuenta que le han puesto algo en el brazo. ¡Un puto dispositivo electrónico que lo destruye todo en el puto brazo!¿¡Y SOMOS NOSOTROS LOS IDIOTAS?!–le grité a Luna furiosa.
–No... no sé como... cómo ha acabado... eso en mi brazo... no me he dado cuenta... en ningún momento...–tartamudeaba Luna ante mi mirada fría y seria y la mirada impasible de Mustang.
Luna cerró la boca y miró hacia el suelo. John Scottson apareció en una bata de cuadros y con el pelo alboratado, no estaba engominado como siempre.
–¿Se puede saber qué ha pasado aquí? estaba tranquilamente durmiendo en mi habitación cuando escuché vuestros gritos –preguntó John mirando la escena.–¡Madre mía! ¡Está todo destrozado!.–se llevó las manos a la boca.
Poca iluminación. Todo echando humo, nosotros incrédulos ante lo que acababa de pasar.
–Nos acaba de robar toda nuestra información–dijo Mustang desde el suelo saliendo de ese estado de shock y ansiedad en el que estaba.
Se hizo el silencio, me mordí el labio y miré a Hackie, ella me miraba con una sonrisa ladeada.
–No... no nos ha robado toda la información.–dije mordiéndome el labio, Mustang me miró con el ceño fruncido.
Sus ojos verdes clavados en mí, odio a esta persona porque me ha traicionado y aún así siento la necesidad de querer consolarle lo máximo posible.
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–¿Cómo?–preguntó Mustang levantándose del suelo.
–Solo nos ha robado el 30% de nuestra información... el resto la sacó Hackie de las torres en un lugar seguro antes de todo esto.–dije encogiéndome de hombros.
Todos miraron a Hackie y ella sacó de una bolsa de tela grande varios discos duros de gran capacidad que apenas podía sostener en sus brazos pues rebosaban de la gran cantidad que eran.